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El Papa que convenía

Imagen:
de referencia - Vatican Media

Recientemente se han multiplicado los análisis y compendios acerca de esta primera década del Papa Francisco al frente de la Iglesia. Esto quiere decir, en primer lugar, que no ha pasado desapercibido, y eso es muy bueno. Pero muchos de estos análisis son de observadores externos a la Iglesia y, entonces, se valen de criterios, medidas, opiniones, que con frecuencia omiten la naturaleza del papado; el carácter religioso y espiritual de la misión y, por lo mismo, son análisis que, así como se le aplican al Pontífice, se le podrían aplicar a un presidente, a un líder social, al jefe de una multinacional. Y en realidad se trata de algo muy diferente.

 

En el seno de la Iglesia, el Papa Francisco ha significado, sin duda, un remezón en muchos sentidos. Ha sido, en la práctica, el realizador de muchos de los sueños del Papa Benedicto XVI, que él mismo reconoció ya no tener fuerzas para llevarlos a cabo, cuando dejó la sede de Pedro.

 

El papa Bergoglio ha querido que la Iglesia, es decir todos los bautizados, volvamos de nuevo la mirada sobre Jesús y así redescubrir los rasgos característicos de su persona y de su enseñanza. Por ejemplo, la misericordia, la cercanía con los más pobres, la comprensión ante las dificultades que enfrentan el hombre y la mujer de esta época, la compasión por los últimos que hoy son los migrantes, los desplazados de las guerras.

Ha querido el Papa Francisco un sano equilibrio entre la doctrina de siempre y la misericordia que nunca debe faltar en la Iglesia. Toda la obra de Dios, realizada por medio de la Iglesia, tiene como fin primordial la salvación de las personas.

 

Por eso mismo, ha querido el Santo Padre ver una Iglesia en salida, un hospital de campaña, una casa de todos, un techo seguro para los pobres. Ha impulsado de nuevo el propósito de una Iglesia pobre para los pobres.

 

El boato y el exceso ceremonial no hacen parte de su estilo sacerdotal. Y ha plasmado sus enseñanzas en documentos de inmensa actualidad y de una gran acogida, incluso más allá de los límites de la Iglesia.

 

Sin duda, el papa Francisco es uno para este tiempo y sabe cómo es el mundo y cómo son las personas de la actualidad. Una Iglesia actualizada es parte de lo que él refleja en su servicio apostólico.

 

En esta década el Santo Padre, además, ha dado fuertes batallas dentro y fuera de la Iglesia. Como es usual en todos los pontificados, ha pasado por la dura prueba de tratar de poner orden entre el clero y también en la dimensión administrativa y económica de la Santa Sede. Son dos temas en los cuales ningún Papa puede bajar la guardia y en los cuales ninguno logra la solución definitiva, pero aportan a que las cosas sean lo más evangélicas posibles.

 

Al mundo le ha hablado con claridad sobre la justicia, sobre el orden natural, sobre el matrimonio y la familia, sobre la inviolabilidad de la vida humana y, sobre todo, el deber inaplazable de cuidar el planeta tierra, la Casa Común, pues no hay otra. Y muchas otras batallas o luchas que ningún sucesor del apóstol Pedro puede eludir de ninguna manera.

 

En diez años el Papa Francisco se ha mostrado como un comunicador excelente, con un lenguaje actualizado y claro, capaz de hacer sintonía con multitudes enteras, entre ellas, las de los jóvenes.

Con más de ocho décadas de vida, sigue ejercitando su apostolado con igual entusiasmo y claridad. En la Iglesia de Dios –no en los grupos minoritarios que se creen ser la Iglesia- hay regocijo por su servicio y se siente que para una época turbulenta, cambiante e impredecible, el Espíritu Santo, una vez más, puso el timonel más conveniente para la nave de Cristo, que es su Iglesia.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
Fuente:
Dirección Periódico El Catolicismo
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