León XIV define el perfil del sacerdote en una carta a los presbíteros madrileños

Unos 1.100 sacerdotes de la Archidiócesis de Madrid han sido convocados por el Cardenal José Cobo a reflexionar sobre su ministerio y las necesidades pastorales de la archidiócesis a través de 28 diferentes grupos de trabajo a lo largo de dos días.
El Auditorio de la Fundación Pablo VI de la capital española es el escenario que acoge la asamblea presbiteral Convivium en la que, además de los sacerdotes diocesanos, participa un centenar de laicos y religiosos.
Tras rezar laudes, los organizadores han saludado a los presentes con un vídeo sobre Madrid amenizado con la canción Yo me bajo en Atocha de Joaquín Sabina, antes de dar a conocer una carta de León XIV en la que les agradeció “la disponibilidad para reuniros como presbiterio, no solo para tratar asuntos comunes, sino para sosteneros mutuamente en la misión que compartís”.
El Papa valoró “el compromiso con el que vivís y ejercitáis vuestro sacerdocio en parroquias, servicios y realidades muy diversas” a veces “en medio del cansancio, de situaciones complejas y de una entrega silenciosa de la que solo Dios es testigo”.
Cada vez más necesario educar la mirada
“El tiempo que vive la Iglesia nos invita a detenernos juntos en una reflexión serena y honesta” prosiguió el Pontífice, no tanto para hacer diagnósticos y gestionar urgencias, "sino para aprender a leer con profundidad el momento que nos toca vivir, reconociendo, a la luz de la fe, los desafíos y también las posibilidades que el Señor abre ante nosotros”.
León XIV consideró que “cada vez más necesario educar la mirada y ejercitarnos en el discernimiento, de modo que podamos percibir con mayor claridad lo que Dios ya está obrando”.
“La fe corre el riesgo de ser instrumentalizada, banalizada o relegada”
Esta reflexión debe tener en cuenta los “procesos avanzados de secularización, una creciente polarización en el discurso público y la tendencia a reducir la complejidad de la persona humana, interpretándola desde ideologías o categorías parciales e insuficientes”.
En este sentido, subrayó que “la fe corre el riesgo de ser instrumentalizada, banalizada o relegada al ámbito de lo irrelevante, mientras se alcanzan formas de convivencia que prescinden de toda referencia trascendente”.
A esto hay que sumar “un cambio cultural profundo que no puede ignorarse: la progresiva desaparición de referencias comunes”.
“Durante mucho tiempo, la semilla cristiana encontró una tierra en buena medida preparada, porque el lenguaje moral, las grandes preguntas sobre el sentido de la vida y ciertas nociones fundamentales eran, al menos en parte, compartidas. Hoy ese sustrato común se ha debilitado notablemente”, analizó.
“El Evangelio no se encuentra solo con la indiferencia, sino con un horizonte cultural distinto, en el que las palabras ya no significan lo mismo y donde el primer anuncio no puede darse por supuesto”, prosiguió el Papa.
Una inquietud nueva
Más allá de esta realidad, el Papa invitó a tener en cuenta también “que en el corazón de no pocas personas, especialmente de los jóvenes, se abre hoy una inquietud nueva”.
“La absolutización del bienestar no ha traído la felicidad esperada; una libertad desvinculada de la verdad no ha generado la plenitud prometida; y el progreso material, por sí solo, no ha logrado colmar el deseo profundo del corazón humano”, añadió.
Debido a “una mayor sensación de hartazgo y vacío”, León XIV constató que se produce que muchos “comienzan a abrirse a una búsqueda más honesta y auténtica, una búsqueda que, acompañada con paciencia y respeto” y que conduce al encuentro con Cristo.
Los sacerdotes que necesita Madrid
León XIV prosigue señalando en su carta que el prototipo de sacerdote que necesita Madrid hoy, uno de los objetivos de Convivum, no debe definirse por la “multiplicación de tareas o por la presión de los resultados, sino varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con Él, alimentada por la Eucaristía y expresada en una pastoral marcada por el don sincero de sí”.
“No se trata de inventar nuevos modelos ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer, con renovada intensidad, el sacerdocio en su núcleo más auténtico —ser alter Christus, dejando que sea Él quien configure nuestra vida, unifique nuestro corazón y dé forma a un ministerio vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio concreto a las personas que nos han sido contadas”, añade.
Características del sacerdote
Tomando como imagen la Catedral de Madrid, destaca algunas características del sacerdote:
“No vive para exhibirse, pero tampoco para esconderse. Su vida está llamada a ser visible, coherente y reconocible, aunque no siempre sea comprendida”. “Nunca es fin en sí mismo. Toda su vida está llamada a remitir a Dios y a acompañar el paso hacia el Misterio, sin usurpar su lugar”. “El sacerdocio se vive así: estando en el mundo, pero sin ser del mundo (cf. En 17,14). En este cruce se sitúan el celibato, la pobreza y la obediencia; no como negación de la vida, sino como la forma concreta que permite al sacerdote pertenecer enteramente a Dios sin dejar de caminar entre los hombres”.
León XIV también consideró que el sacerdote debe vivir la fraternidad presbiteral “como la experiencia concreta de saberse en casa, responsables unos de otros, atentos a la vida del hermano y dispuestos a sostenernos mutuamente”.
Refiriéndose a las columnas, imagen de los Apóstoles, el Pontífice señaló que “tampoco la vida sacerdotal se sostiene por sí misma, sino en el testimonio apostólico recibido y transmitido en la Tradición viva de la Iglesia, y custodiado por el Magisterio” de tal forma que "evita edificar sobre la arena de interpretaciones parciales o acentos circunstanciales, y se apoya en la roca firme que lo precede y lo supera”.
“Queridos hijos, celebrad los sacramentos con dignidad y fe, siendo conscientes de que lo que en ellos se produce es la verdadera fuerza que edifica la Iglesia y que son el fin último al que se ordena todo nuestro ministerio. Pero no olvidéis que vosotros no sois la fuente, sino el cauce, y que también necesitáis beber de esa agua. Por eso, no dejéis de confesaros, de volver siempre a la misericordia que anunciáis”, expresa el Papa sobre la relación de los presbíteros con los sacramentos.
Por último, León XIV señala que “en el altar, por vuestras manos, se actualiza el sacrificio de Cristo en la más alta acción confiada a manos humanas; en el sagrario, permanece Aquel que habéis ofrecido, confiado de nuevo a vuestro cuidado. Sed adoradores, hombres de profunda oración y enseñad a vuestro pueblo a hacer lo mismo”.
Cardenal Cobo: “No somos francotiradores del Evangelio”
El Cardenal Cobo, dirigiéndose a los sacerdotes, destacó que Convivium es "un pequeño gesto de profecía que hacemos juntos. Una iglesia que se sienta, que comparte el pan y la palabra, una iglesia que se reconoce familia y no sólo con ideas, sino con gestos y con decisiones concretas, como las que habéis tenido que hacer hoy”.
Tomando como ejemplo a San Isidro, patrón de Madrid, el purpurado afirmó que “trabajamos campos que muchas veces no vemos florecer, pero juntos tenemos esa misión que al principio se nos ha indicado. Una misión que es más grande que nuestras pequeñas encomiendas. Pero que es la misión que Dios nos da a todos juntos”.
“En cada una de las edades tenemos que parar, tenemos que reencontrarnos y tenemos que recordar, como hoy, con sonrisa y gratitud, que no somos francotiradores del Evangelio, sino somos hermanos de una diócesis. Compañeros de vocación. Con una misión que va más allá de nuestras parroquias y comunidades”, añadió.
El cardenal también señaló que esta asamblea presbiterial quiere ser “un espacio hoy también para reírnos, para bajar la guardia un poco y para compartir mesa y vida”.
“Nadie se salva solo, ya lo sabemos. Y también sabemos que nadie evangeliza solo, en esta ciudad tan grande y tan apasionante”, aseveró.
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