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A cultivar la fe por la Palabra

20 de enero de 2026
Imagen:
de referencia -OAC.

Finalizado el primer trienio del Camino Discipular Misionero, tiempo para sembrar la esperanza en nuestra arquidiócesis, y concluido el Jubileo de la Esperanza con el cierre de la puerta santa el pasado 6 de enero, esta Iglesia particular de Bogotá ha comenzado un nuevo trienio orientado a cultivar la fe. Esta virtud teologal, don que debemos pedir y custodiar, será el faro que guiará nuestro caminar arquidiocesano hasta el 2028. 

No queremos con esto sostener que la reflexión en torno a la esperanza sea ya una tarea superada ni, mucho menos, que la actuación de la caridad deba ser postergada. Por el contrario, el énfasis en la virtud de la fe durante estos años será alimento de todas las demás acciones que hacen parte de la vida cristiana.

Esta propuesta arquidiocesana, enmarcada en el horizonte evangelizador de nuestra Iglesia particular, pretende ir a las raíces de nuestro encuentro con Cristo y descubrir allí la fuerza necesaria para la evangelización misionera de nuestra ciudad-región de Bogotá

Ya en el largo proceso de escucha hace 15 años, que precedió a la implementación del Plan de Evangelización de la Arquidiócesis (Plan E), se detectó como problema focal una débil adhesión a la persona de Cristo y a su proyecto del Reino en nuestra ciudad-región. Esta problemática no es exclusiva de la ciudad capital. La que muchos expertos teólogos y pastoralistas han llamado crisis de fe permea en los diferentes ámbitos de nuestra cultura occidental. Y Colombia, no obstante, su arraigada tradición católica, no es ajena a esta realidad socio-cultural. 

Diferentes son las propuestas de nuestra Iglesia para dar respuesta a una sociedad en la que la increencia y la indiferencia van tomando la delantera en la mentalidad y en la propuesta de vida de muchas personas. En este contexto, el Trienio de la Fe se presenta como una oportunidad valiosa para cultivar aquel fundamento básico de nuestra experiencia cristiana, ya que como lo señaló bellamente el autor de la Carta a los Hebreos: “sin fe es imposible agradar a Dios, pues el que se acerca a Él debe creer que existe y que recompensa a los que le buscan” (Hb 11,6).

El desafío tanto personal como comunitario este año va entonces encaminado a hacer crecer ese fundamento básico en aquellos que lo tienen y en proponerlo a aquellos que lo desconocen. 

Pero mirando ahora a lo práctico: ¿cómo hacer que nuestra fe crezca? ¿qué prácticas pueden favorecer este cultivo en la vida personal y de nuestras comunidades? Múltiples son los caminos que la Iglesia nos presenta para hacer arraigar nuestra fe: prácticas de piedad, devociones, encuentros grupales de oración, espacios de estudio y reflexión, alabanzas. Sin embargo, existe entre todas estas propuestas un camino privilegiado. Para seguirlo debemos escuchar las palabras del gran Pablo de Tarso que afirmó: “La fe viene de la predicación y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rm 10,17). La escucha activa de la Palabra de Dios predicada, celebrada y vivida aparece entonces ante nuestros ojos como el lugar privilegiado del cultivo de nuestra fe en este 2026.

Una feliz coincidencia hace que el domingo que se aproxima toda la Iglesia invite a sus fieles en los cinco continentes a meditar sobre el don de las Escrituras. El Domingo de la Palabra de Dios, jornada instituida por el papa Francisco y que este año alcanza su séptima edición, se realizará esta vez bajo el lema: “La Palabra de Cristo habite en ustedes” (Col 3,16). La diciente frase, tomada también de una de las cartas del apóstol de los gentiles, propone un encuentro íntimo con las Escrituras para que el corazón se llene de la presencia de Cristo

Las Escrituras nos proporcionan el acceso a la fe en Cristo y Cristo nos ilumina el entendimiento de las Escrituras. Una interacción vital que nos recuerda la famosa frase de san Jerónimo: “desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”.

Acojamos entonces con entusiasmo la invitación a un encuentro más profundo con la Palabra de Dios en este año que ha comenzado. No basta solamente escuchar las lecturas en la eucaristía dominical. Este tiempo para cultivar nuestra fe nos demanda mucho más. Busquemos los espacios para la lectio divina personal, grupal o parroquial, para la meditación silenciosa de los evangelios, para comparar los textos paralelos, para leer un comentario de los padres de la Iglesia sobre el texto. Son muchas las herramientas que gracias a internet nos permiten hoy una aproximación más profunda a los textos bíblicos. 

También existen serios comentaristas en las redes que nos ayudan a alcanzar una mayor comprensión de la Palabra. Sigamos, no a los más populares, sino a los mejor formados para que sean nuestros guías en este fascinante mundo del encuentro con las escrituras. 

Que resuene en nosotros esta semana la especial llamada de nuestro arzobispo a cultivar la fe y que la Palabra de Dios sea una constante fuente refrescante de vida en medio de los sueños e incertidumbres del año que ha comenzado.   


Dirección - elcatolicismo.com.co. 

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