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La estrella polar

26 de enero de 2026
Imagen:
de referencia - Vatican Media.

Durante milenios, navegantes y exploradores buscaron en las estrellas la orientación para guiar sus viajes y aventuras. Antes de la geolocalización y de la aparición de la brújula, fue la atenta observación de los astros la que permitió a nuestros antepasados guiarse en sus exploraciones. En particular una estrella fue la más apreciada y buscada para encontrar el norte y así andar seguros hacia un destino: Polaris, comúnmente conocida como la estrella polar. Ella, brillante y serena indicaba un punto fijo en el cosmos y la posibilidad de conocer hacia dónde dirigirse y de reorientarse en caso de extravío.

Es precisamente a esta estrella y a su función orientativa la que hizo referencia el pasado 7 de enero, en la audiencia general a los fieles, el papa León XIV. No pretendió dar Su Santidad una cátedra sobre astronomía o sobre la historia de los descubrimientos, sino que, usando una bella alegoría, declaró que el Concilio Vaticano II, el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX, sigue siendo la estrella polar que guía el camino de la Iglesia en la sociedad actual. 

De ahí que se propuso el Papa en las catequesis de los miércoles una explicación detallada de los documentos del Concilio, después de más de 60 años de su clausura, cumplidos el pasado 8 de diciembre. Así, el papa León ha dedicado sus catequesis de este mes de enero a la narración pormenorizada de los contenidos de la Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación. Ha elegido Su Santidad comenzar por poner el foco en la autocomunicación divina hacia las personas, que llega a su plenitud en la persona de Cristo. 

No ha elegido León seguir el orden cronológico en que los documentos conciliares fueron promulgados - Dei Verbum se configuró en una de las últimas sesiones del Concilio, el 18 de noviembre de 1965- pero sí el orden teológico correcto. Partir de la iniciativa divina de revelar su propio ser a los hombres y mujeres para hacernos, a través de la historia de la salvación, participar de la naturaleza divina en Cristo. 

La llamada de León XIV a levantar nuestros ojos hacia la estrella polar del Vaticano II parece al mismo tiempo acertada y controversial. Aunque el Concilio Vaticano II marcó diversas generaciones de católicos y cambió de manera inexorable el rostro de la Iglesia católica en el mundo, existen todavía hoy controversiales posiciones al interior de la comunidad eclesial que miran el Concilio con desconfianza o indiferencia. 

Por un lado, mucho ruido ha hecho en los últimos años la acusación de que el Vaticano II es el causante de todos los males en la Iglesia. De ahí que algunos sectores, minoritarios pero ruidosos, clamen por un regreso teológico, litúrgico y pastoral a la situación previa al Concilio. Para estos, el Concilio Vaticano II aparece a sus ojos como un error a corregir y se quisiera volver a las aparentes seguridades e inmovilismos del Vaticano I.

Para otro sector, Vaticano II fue una respuesta adecuada a los desafíos de su época, pero se quedó corto en su lectura de los vertiginosos cambios sociales ocurridos desde la revolución cultural de los años 60. Consideran que el concilio no alcanzó a dar pasos significativos en la respuesta eclesial ante una ética sexual diferente, las injusticias sociales, el cambio climático y el auge del sistema político democrático. Solicitan entonces que la Iglesia evolucione en sus posturas morales y organizativas que consideran ancladas en el pasado. De ahí el clamor para acelerar los cambios, llegándose incluso a plantear la urgencia de una nueva asamblea conciliar. Para ellos, ha llegado la hora de pensar y actuar el Vaticano III. 

En medio de estas peligrosas posturas polarizantes, ha aparecido la sosegada figura del papa León, quien, como sabio timonel de la barca de Pedro, ha vuelto a indicarnos la estrella polar que nos puede orientar: el Vaticano II. 

No obstante sus más de 60 años de promulgación, los documentos conciliares pueden seguir aportando la luz para que el camino de la Iglesia en el siglo XXI sea fiel al Evangelio de Cristo y, al mismo tiempo, novedoso para responder a los desafíos de una sociedad secularizada y posmoderna. 

Este año, dedicado en nuestra Arquidiócesis de Bogotá a cultivar la fe, se nos presenta como un tiempo precioso para releer con calma las constituciones, decretos y declaraciones emitidas por el Vaticano II

La voz del papa León, quien inspirado por el Espíritu Santo cada miércoles ha comenzado a desmenuzarnos las propuestas conciliares, constituye una preciosa ayuda para orientarnos en el camino que nuestra Iglesia debe seguir para responder a los apremiantes desafíos que nuestra sociedad nos seguirá presentando.


Dirección - elcatolicismo.com.co. 

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