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Un histórico voto

3 de noviembre de 2026
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Imagen de referencia creada con IA.

Una noticia publicada por el Vaticano el viernes pasado ha pasado aparentemente desapercibida por los medios locales. Al contrario, medios internacionales, sobre todo en Europa y Estados Unidos, le dieron una amplia difusión. El papa León XIV emitió su voto por medio de correo para las elecciones legislativas de medio término que se están llevando adelante en los Estados Unidos y que concluirán este martes 3 de noviembre. El hecho parece de lejos, bastante convencional. Un ciudadano norteamericano deposita su voto por un candidato de su preferencia entre millones de votos. Una decisión más, en una convocatoria en la que los ciudadanos de los Estados Unidos escogerán la totalidad de los miembros de la Cámara de representantes y un tercio del Senado. Sin embargo, el ciudadano que participó en el ejercicio democrático no es un ciudadano cualquiera. Es norteamericano de origen y cuenta también con nacionalidad peruana. Al mismo tiempo, es el líder espiritual de más de 1500 millones de católicos alrededor del mundo y cabeza del Estado más pequeño del mundo: Ciudad del Vaticano. Las leyes norteamericanas no impiden su participación por encontrarse fuera de su nación, más aún la incentivan por medio del eficiente -y cuestionado por algunos sectores- voto vía correo.

En la nota vaticana conocimos también cómo el ciudadano Robert Francis Prevost ejerció ya en otras ocasiones su derecho al voto por correo, participando en diferentes convocatorias electorales cuando se encontraba residiendo en el Perú. Esta sería ya la décima ocasión en que Prevost habría votado en unas elecciones en su país. Sin embargo, es la primera ocasión en que lo hace como Sumo Pontífice. El dato es más que histórico. Es esta la primera noticia que tenemos de que un Papa, en pleno ejercicio de sus funciones, ejerce su derecho ciudadano al voto. En épocas pasadas la noticia hubiera causado revuelo por su carácter inusual e inclusive desafiante. 

El Papa, jefe del Estado Vaticano, al participar en un proceso electoral de otra nación, podría interpretarse como una fuerza extranjera que estaba interviniendo indebidamente en la política local. Otros lo habrían podido leer como una pérdida de la dignidad de su cargo, al someterse a un proceso convocado por otro Estado y tener que participar en él como un ciudadano más, como el resto de los mortales.

Por el contrario, el acertado gesto democrático del Papa ha sido aplaudido como más que acertado por diversos comentaristas y medios de comunicación. Al participar con su voto en el proceso democrático, el papa León reconoció el valor de las elecciones y la importancia de la participación ciudadana para fortalecer las instituciones. 

En la sociedad occidental, donde los valores democráticos han ido perdiendo fuerza y las encuestas muestran cada vez más una mayor desconfianza hacia la democracia y una cierta atracción por el autoritarismo, el gesto silencioso del Papa valida la participación democrática como una opción que hay que continuar promoviendo y defendiendo.

Por otro lado, el Pontífice con su voto envía también un contundente mensaje al pueblo católico sobre el rol de la Iglesia al interior de la comunidad política. Ella no pretende presentarse como un ente al margen de la construcción social o por encima de las legítimas instituciones, sino como una colaboradora activa, con su propia voz y pensamiento en la sociedad. Una Iglesia que presenta caminos de convivencia en medio de sociedades pluriculturales sin buscar imponerlos ni uniformar a todos bajo su propuesta. 

Asimismo, con su voto, hace acallar ciertas voces, a veces ruidosas dentro del cuerpo eclesial, que pretenden condenar los procesos políticos actuales como artilugios casi que demoniacos y preferirían marginarse de la construcción social y ejercer solamente sobre el modelo político voces de condena. El voto del Papa confirma la más auténtica tradición cristiana consignada en la carta a Diogneto del siglo II: “Los cristianos obedecen las leyes establecidas y con su modo de vivir superan estas leyes”.  

La opción del creyente, coherente con su fe, lo impulsa a participar de la construcción social desde el Evangelio para que, restaurando la dignidad humana con la caridad de Cristo, el mundo pueda ser un lugar mejor. Esto se realiza participando en el debate democrático y trabajando desde las instituciones que cada país ofrece. 

Es este tal vez, el mayor aporte del Papa al votar: dar un signo de que la sociedad no necesita críticos inclementes sino personas que, desde su posición de fe, aporten con sus dones singulares a la construcción conjunta de la armonía social.


Fuente: Dirección - elcatolicismo.com.co

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