Santos y beatos: cada vez hay más candidatos jóvenes a los honores de los altares

Cada vez son más los laicos, los jóvenes y las parejas casadas que figuran entre los candidatos a los honores de los altares. Así lo afirma en una entrevista con los medios vaticanos el padre Bogusław Turek, subsecretario del Dicasterio para las Causas de los Santos, subrayando que esto es señal de una conciencia cada vez más profunda de la vocación universal a la santidad. El sacerdote destaca también el creciente interés por los procesos de beatificación en África, en América Latina y, en el caso de Europa, en Polonia, donde hay más de un centenar de causas en curso.
Cada vez más santos y beatos «jóvenes»
Uno de los fenómenos más interesantes observados desde el punto de vista del Dicasterio para las Causas de los Santos es el creciente número de solicitudes para iniciar procesos de beatificación de jóvenes. «Ya no se trata de casos aislados. Es cierto que no se puede decir que sean muy numerosos, pero son sin duda más numerosos que hace unos años», afirma el padre Turek.
Estas peticiones exigen, al mismo tiempo, una especial prudencia. La muerte prematura de un joven, sobre todo por enfermedad, y su actitud pueden suscitar una profunda emoción y admiración, pero no pueden constituir una valoración seria de la vida y las virtudes del candidato. Uno de los ejemplos contemporáneos más significativos de santidad entre los jóvenes sigue siendo el de san Carlos Acutis. Según Turek, su historia demuestra que la santidad no es solo un ideal que perseguir en un futuro lejano, sino que puede ser una realidad vivida ya en la juventud.
«La mejor catequesis es mostrar las figuras de los santos», señala el subsecretario del Dicasterio, añadiendo que la vida auténtica de los santos permite a los demás descubrir su propio camino hacia la felicidad y la fidelidad al Evangelio.
La santidad es posible también en el mundo de la política y la ciencia
Entre los candidatos a los honores de los altares hay cada vez más laicos, incluidos aquellos que han desempeñado un papel importante en la vida pública, en la ciencia o en la cultura. El padre Turek cita, entre otros, a Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Jérôme Lejeune y Antoni Gaudí. Además, cada vez son más los grupos de profesionales que descubren cómo, en su propio ámbito, es posible aspirar a la santidad, siendo al mismo tiempo «los mejores entre los mejores» en su profesión.
«Por supuesto, seguir el Evangelio a veces exige negarse a transigir, pero eso no contrasta con la profesionalidad ni con la consecución de grandes logros», afirma el religioso.
La familia como cuna de la santidad
Se presta además mayor atención a los procesos de beatificación y canonización de cónyuges y familias enteras. El ejemplo más conocido es el de la familia polaca Ulma o el de los santos Luis y Zelia Martin, padres de santa Teresa del Niño Jesús. «El hombre conoce la santidad, la toca, se impregna de ella en la familia», explica el sacerdote. La familia no es solo el entorno en el que se transmite la fe, sino también el lugar donde madura la vocación personal a la santidad.
En su opinión, el testimonio de los cónyuges y de las familias santas es especialmente importante ante las dificultades a las que se enfrenta la vida familiar moderna: «Allí donde el mundo de hoy se enfrenta a pruebas particulares, allí la Providencia de Dios deja una especie de indicación concreta».
Los mártires de nuestro tiempo
Al ser preguntado sobre la concepción moderna del martirio, Turek recuerda que, aunque las circunstancias de la persecución cambian a lo largo de la historia, la esencia del martirio cristiano permanece inalterable: «El mártir da la vida por la fe en Cristo o por una virtud indisolublemente ligada a esa fe. Esto no significa buscar la muerte, sino estar dispuesto a permanecer fiel al Evangelio incluso a costa de la propia vida».
Un testimonio en este sentido es el beato Rosario Livatino, juez italiano asesinado por la mafia. Su fidelidad a la justicia derivaba no solo de sus deberes profesionales, sino sobre todo de la convicción cristiana de la necesidad de actuar según la conciencia: «Un cristiano debe ser justo». Según Turek, además, los regímenes y los perseguidores contemporáneos suelen intentar ocultar los motivos religiosos de la violencia, presentando a los mártires como opositores políticos y no como testigos de Cristo. Pero eso no cambia la esencia de su testimonio.
África descubre cada vez más a sus santos
Desde el punto de vista del Dicasterio, se observa, por último, un creciente interés por los procesos de beatificación y canonización por parte de las Iglesias africanas. De hecho, las comunidades locales son cada vez más conscientes de que entre ellas hubo personas que vivieron el Evangelio de manera heroica y de que sus testimonios merecen ser difundidos como la mejor «catequesis sobre la santidad». Se registra un interés similar en América Latina, en particular en Brasil y Argentina, donde hay más procesos en curso que en otros países de la región.
Más de cien casos procedentes de Polonia
Polonia es también uno de los países especialmente activos en la tramitación de las causas de beatificación y canonización. El padre Turek señala que actualmente hay más de cien procedimientos de este tipo en curso relativos a candidatos procedentes de Polonia, aunque no es posible prever de antemano su conclusión. «Polonia es una de esas Iglesias que tienen muchas causas en curso. Diría que es uno de los países líderes. Junto a España e Italia, probablemente se encuentra Polonia». Estos casos se refieren a personas que siguieron su vocación cuidando de los enfermos. Entre ellas se encuentran la beata Hanna Chrzanowska y las candidatas a los altares Stanisława Leszczyńska y la doctora Wanda Błeńska.
La santidad está al alcance de todos
En cuanto al hecho de que hoy en día parezca que se eleva a demasiadas personas a los honores de los altares, el padre Bogusław Turek explica que el creciente número de beatificaciones y canonizaciones no es «excesivo», sino que da testimonio de una conciencia cada vez más profunda de la vocación universal a la santidad, recordada por el Concilio Vaticano II. «Cuando en el Credo decimos que creemos en la Iglesia, que es santa, no se trata de un concepto teórico. Entramos en contacto con la santidad de la Iglesia a través de la santidad de sus miembros, a la que han aspirado en sus decisiones concretas del día a día. Cada uno de nosotros está llamado a participar en la santidad de la Iglesia a través de la santidad de su propia vida».
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