Pasar al contenido principal
#ff0000

Jóvenes, violencia y familia

27 de octubre de 2026
Imagen:
rtve.es - (Foto: AP Photo/Thomas Padilla).

Masivas y preocupantes han sido las manifestaciones, atravesadas por episodios de violencia urbana, que han protagonizado jóvenes encapuchados en diferentes ciudades europeas. Barcelona, Milán y sobre todo París, han sido epicentro de estos actos que han terminado con afectaciones a la convivencia ciudadana, destrozos en bienes públicos y privados, cientos de jóvenes detenidos y un ambiente social y político inestable. 

La respuesta inmediata de los gobiernos ha sido el fortalecimiento de las medidas de seguridad y la introducción de reformas, como la propuesta en Italia, para el endurecimiento de las penas impuestas a jóvenes menores de edad que participen en hechos de vandalismo. 

Aunque estas determinaciones son legítimas en orden a salvaguardar la paz social, las personas y sus bienes, una reflexión sosegada debe llevarnos a ir más allá del simple control policivo de estos adolescentes. 

Por un lado, se ha comprobado que muchas de estas movilizaciones han sido convocadas a través de redes sociales, por grupos de Telegram o Whatsapp. Esto vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de que la educación juvenil afronte abiertamente el uso responsable de las redes sociales y la formación en el manejo de contenidos verdaderos o destructivos alrededor de las mismas. Las investigaciones sobre el origen de estas convocatorias masivas por redes no han llegado todavía a ninguna información concluyente. Sin embargo, educar a nuestros adolescentes en que las redes no son simplemente instrumentos neutros, sino que detrás de ellas pueden esconderse oscuros personajes con intereses turbios ayudaría mucho a formar en una cultura más crítica frente a los contenidos o a actividades que se promueven por medio de ellas. 

Como lo sostuvo el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas: “la tecnología no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza” (No. 9). De ahí la importancia de educar sobre el uso adecuado de las redes y sobre su aproximación a ellas de manera más formada y no ingenua.

Por otro lado, las manifestaciones juveniles revelan un síntoma social más profundo que un simple manejo manipulado de información masiva. El descontento y la rabia han sido de tal magnitud, sobre todo en Francia, que obliga a preguntarse sobre el origen de este enraizado malestar. Cuáles son los motivos reales que han llevado a estos adolescentes, muchos de ellos hijos de migrantes nacidos ya en suelo europeo, a querer destruir el ambiente social que acogió a sus padres y que les permitió una mejor calidad de vida y un futuro más estable. Podrían ser variadas las hipótesis: la falta de adaptación social, el rechazo que sienten en sus ambientes de crecimiento, el choque cultural entre sus orígenes y la sociedad, la fractura educativa que no incide en su formación humana. Todas estas voces tienen en parte la respuesta. No obstante, en medio de esta múltiple causalidad, vale la pena aclarar que no todos los jóvenes eran hijos de migrantes, muchos de ellos son hijos de ciudadanos europeos de varias generaciones.

Ante este panorama, desde este espacio aportamos a la reflexión un factor que pareciera no siempre recibir la atención y abordaje necesario. Se trata del progresivo rompimiento de la institución familiar, primer espacio de crecimiento de la persona y también primer ámbito formativo. 

El fenómeno creciente en Occidente desde los años setenta, ha sido el quiebre de la familia como base fundamental de la sociedad. Leyes, estructuras, discursos políticos, programas internacionales se han dedicado durante años de forma permanente a su progresiva desarticulación y no a su promoción. La Iglesia, por el contrario, ha dedicado muchos de sus esfuerzos y actividades desde hace varias décadas a promover y defender la institución familiar en un ambiente social cada vez más hostil. 

En esta línea, recientemente, se concluyó en el Vaticano el simposio convocado por el papa León con ocasión de los diez años de la Exhortación del papa Francisco Amoris Laetitiae. Dar un nuevo impulso a la implementación de las propuestas de este documento para el bien de las familias católicas en el ambiente actual, fue el objetivo central del encuentro. Lamentablemente, el papa León no pudo estar presente físicamente por su intervención quirúrgica, pero envió un significativo mensaje de apertura y prometió que las conclusiones servirían para las posteriores acciones de la Iglesia en torno al fortalecimiento de la institución familiar a nivel mundial. 

Las responsabilidades y el llamado a la acción no pueden quedarse solamente en estas valiosas propuestas. Como ciudadanos y creyentes, los preocupantes hechos de violencia juvenil nos interpelan a trabajar con mayor empeño en fortalecer nuestras familias, su misión educativa y su papel indispensable en la cohesión social. 

El mensaje no es solamente para Europa sino también para nuestro país: A más familia, más dignidad e inclusión, a menos familia, más desorden social y violencia.      


Fuente: Dirección - elcatolicismo.com.co

Aumentar
Fuente
Disminuir
Fuente

Otras noticias

#007300
#f79c0b

Otros editoriales y opiniones