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Adultos sin confirmar, nueva veta para evangelizar

19 de octubre de 2026
Imagen:
Basílica Santa Engracia

En la Vicaría Padre Misericordioso de la Arquidiócesis de Bogotá hemos tenido este año una sorpresa interesante. Comenzamos a ofrecer la catequesis para adultos que estén interesados en recibir el sacramento de la confirmación. Hasta ahora la ofrecíamos y sigue siendo así para quienes desean contraer matrimonio, pero no se han confirmado, con una respuesta que puede llegar a los 700 confirmados al año. Esto ya es un dato significativo. Pero en la propuesta para adultos que sencillamente desean confirmarse la respuesta también ha sido creciente. Al finalizar este año podremos haber celebrado la confirmación con unas 160 personas en total. Aquí hay tela para cortar.

Lo primero que se ve es que en Bogotá hay muchísimas personas adultas que no han recibido el sacramento de la confirmación. Signo de que estas personas seguramente han crecido sin mayor contacto con la Iglesia, sin cercanía a las parroquias y seguramente sin educación religiosa o atención pastoral en colegios y universidades. Algunos simplemente no se interesaron por el tema en los primeros años de su vida. Pero aquí el dato es importante porque indica que la acción evangelizadora de los años o décadas recientes no logró entrar en relación con estas personas que, en todo caso, sí fueron bautizadas y la mayoría recibió el sacramento de la eucaristía en su infancia. En una ciudad como Bogotá, pese a la alta densidad poblacional, es decir lo encima que vivimos unos de otros, no se puede dar por descontado que todas las personas han tenido noticia o han sido tocadas por la misión de la Iglesia. No es raro que, a un párroco de varios años en un barrio, ocasionalmente algún vecino le pregunte que quién es el párroco de allí. Tan cerca y tan lejos. 

En segundo lugar, esta solicitud del sacramento de la confirmación por iniciativa propia de los adultos tiene un tono muy agradable tanto para el solicitante como para el evangelizador. Es el inicio de un encuentro de quien busca los bienes espirituales y de quien se los puede ofrecer. Le quita al encuentro esa nube de pesada obligatoriedad que a veces se nota en quienes reciben la catequesis preparatoria. El camino del adulto que pide un sacramento tiene el agradable aroma de la búsqueda y el compromiso personal, al menos en muchos casos. Y es de la mayor importancia que al tocar nuestras puertas y nuestros discursos encuentre una perfecta correspondencia de acogida, felicitación y acompañamiento. No de juicio, recriminación o reclamo. Y para que este encuentro sea un feliz encuentro, requiere de parte de la Iglesia, de sus ministros y catequistas, una especial disposición y alegría para llevarlo a cabo. Y muchas ganas de hacer un anuncio del Evangelio profundo, amplio y atractivo.

Pero quizás lo más interesante de esta nueva ola de personas que tocan a las puertas de la Iglesia siendo ya adultas es la posibilidad de realizar una evangelización en tono adulto, con todo lo que esto conlleva. Desde hace años usamos la expresión “adultos en Cristo” y aquí hay una oportunidad de oro para volverla realidad. No sé hasta qué punto es adulto en Cristo un adolescente que se confirma. En el caso de los ya adultos se puede lograr una amalgama muy interesante entre el anuncio del evangelio y la biografía de quien ya tiene experiencia amplia de la vida y siente la necesidad de impregnarla de la presencia del don espiritual. Cuando en la catequesis es posible involucrar la vida de las personas, con todas sus luces y sombras, resulta ser un camino muy interesante, encarnado, significativo, diciente. A veces, cuando no es así, es un discurso que quizás logre barnizar personalidades, pero tal vez no transforma corazones. En los famosos retiros testimoniales tan en boga hoy en día, se da un chispazo estremecedor de conversión al chocar con viveza una historia de vida y el anuncio del evangelio.

Entre las muchas búsquedas e intentos de llegar con la Palabra de Dios a las personas, creo que el Espíritu nos está abriendo un camino al exhortarnos a abrir las puertas del Reino a las personas adultas que están buscando los sacramentos que en otras épocas se administraban apenas salidos de la cuna de nacimiento. Para el evangelizador es una ocasión magnífica de tener interlocutor en su anuncio pues en algunas catequesis realmente no hay interlocutor, sino simplemente un oyente más o menos atento. Pero no siempre hay interlocutor. Ese fue el método usado por Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?, le dijo a uno. A otro: “¿Qué está escrito?”. Vida y anuncio tienen que hallar punto de encuentro. 

Finalmente, este nuevo grupo de personas que tocan a las puertas de la Iglesia para recibir la herencia de Cristo también nos sirve de sentido de realidad en la pastoral. Hablar de la Iglesia en salida, en determinadas interpretaciones puede ser un salto al vacío. En este caso es abrir y salir a encontrar al que busca por iniciativa propia o, mejor, por moción del Espíritu Santo, quizás. He aquí una ventana que se abre para los obispos y sacerdotes, para los diáconos y catequistas, para los movimientos apostólicos y apostolados laicales. Importantísimo, por una parte, tener las actitudes pastorales apropiadas para acoger a quienes están llegando. Y tener el discurso correcto, evangélico, profundo, actualizado, ilustrado, para poder comunicar algo que ilumine, lleve sentido y esperanza, responda a las inquietudes propias de la vida adulta y, sobre todo, logre encausar en los caminos de Dios a quien lo está buscando por iniciativa propia y en pleno uso de sus facultades. Y Dios se deja encontrar de quien lo busca con sincero corazón.

Por: Pbro. Rafael De Brigard. Vicario VET Padre Misericordioso-Arquidiócesis de Bogotá

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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