Los obispos colombianos se encuentran reunidos en Bogotá, en desarrollo de la 121.ª Asamblea Plenaria. Esta vez la mirada de nuestros prelados está enfocada en la formación inicial para el sacerdocio, con un énfasis en su carácter sinodal y misionero.
Ya en la Asamblea anterior el episcopado reflexionó sobre el papel del presbiterio [MU1.1] en la Iglesia sinodal. Un tema con un sabor marcadamente comunitario que buscaba alejar la imagen del sacerdote como un agente evangelizador aislado, una especie de héroe solitario que se enfrenta por iniciativa propia a los enormes desafíos que presenta nuestra sociedad al anuncio del Evangelio.
Continuando con esta perspectiva comunitaria decididamente sinodal, los obispos colombianos buscarán durante los trabajos de esta semana profundizar en la formación que reciben los candidatos al sacerdocio, desde la articulación con diferentes instancias de la comunidad eclesial.
Tradicionalmente se ha entendido la formación sacerdotal como una responsabilidad casi exclusiva de los seminarios diocesanos o las casas de formación religiosas dedicadas para tal fin. Y si bien, no deja de tener validez en la propuesta actual el importantísimo papel que tienen los seminarios, la mirada se ha ido ampliando hacia la participación de otros miembros del pueblo de Dios y, sobre todo, hacia el papel activo que desempeña la comunidad creyente en la configuración espiritual del futuro sacerdote.
De ahí que los obispos colombianos se tomarán el trabajo de escuchar numerosas voces que intervienen tanto en el llamado vocacional como en el proceso de formación sacerdotal. Han sido convocados a participar en esta Asamblea Plenaria 32 invitados especiales entre sacerdotes, religiosos(as) y laicos vinculados con la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL). Sus visiones y aportes desde diferentes experiencias formativas y vivencias de la fe enriquecerán el debate sobre las fortalezas y carencias en la formación sacerdotal que se imparte hoy en los distintos seminarios del país.
El trabajo, que estará guiado por diferentes metodologías como exposiciones, talleres en grupo, paneles y conversatorios, pero, sobre todo, por momentos de oración y celebraciones eucarísticas buscará establecer un diálogo sincero entre los participantes que conduzca a un adecuado discernimiento comunitario. Los frutos del discernimiento serán posteriormente plasmados en la redacción de una Ratio Nationalis, un documento base de la formación sacerdotal para Colombia.
Más allá de un documento directivo, las conclusiones de esta Asamblea Plenaria deberían llevar a nuestros jerarcas a considerar qué tipo de presbítero necesita la Iglesia en Colombia para responder a los desafíos que la situación socio-cultural del país nos presenta hoy. La sociedad colombiana, como el mundo occidental en general, afronta procesos acelerados de cambio cultural, caracterizados por un medio fuertemente secularizado y por un avance tecnológico acelerado. Aunque existen elementos tradicionales de la formación sacerdotal que deberían seguirse manteniendo y se han mostrado importantes a lo largo de los siglos como, por ejemplo, la calidad académica en la formación teológica y filosófica, es claro que la Iglesia no puede seguir formando a sus futuros ministros para una sociedad desafiante con la misma mentalidad con la que lo hacía hace 30 años.
La pregunta guía que han planteado los obispos para este encuentro apunta hacía elementos claves para la renovación de la formación sacerdotal en nuestro país: ¿Cómo formar sacerdotes capaces de escuchar, discernir, acompañar y caminar junto al Pueblo de Dios? Futuros sacerdotes que sean capaces no solamente de enseñar la doctrina, sino de escuchar con oídos atentos la voz del Señor y las necesidades de su pueblo. Sacerdotes que sean maestros del discernimiento de las diferentes realidades personales, familiares y sociales, tomando de la Palabra de Dios, de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia las luces para interpretar los desafíos de la historia. Futuros ministros que acompañen procesos de fe de personas y comunidades sin imposición, sino con una guía sabia y paciente. Y, sobre todo, futuros presbíteros que, superando la tentación del clericalismo, se sientan activamente parte del pueblo de Dios y ejerzan su ministerio en camino de conversión y crecimiento junto con su pueblo.
Se hace indispensable que desde nuestras parroquias y familias acompañemos los trabajos de esta importante Asamblea Plenaria con nuestra constante oración, para que las orientaciones emanadas por nuestros obispos redunden en futuros sacerdotes entregados a su misión de servir a Cristo con alegría y a su pueblo con celo misionero.
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