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Tiempos diferentes

30 de junio de 2026
Imagen:
de referencia.

Después de una larga y agresiva campaña electoral, el pasado 21 de junio Colombia eligió presidente para los próximos cuatro años. Fueron unas elecciones caracterizadas por posiciones extremas, falta de debates y fuertes emociones. El elegido por la mayoría popular, el abogado Abelardo De La Espriella, se mostró en las palabras dirigidas a los colombianos en la noche de la elección con un tono conciliador, asegurando que quiere ser el presidente de todos los colombianos y garantizando el ejercicio de la oposición, siempre que esta se exprese dentro de los cauces constitucionales. 

Aunque en modo tardío, fue también una señal positiva que el derrotado candidato del gobierno hubiera reconocido los resultados electorales a la conclusión del escrutinio oficial. En cambio, fue desafortunada y cuestionable la actitud del presidente en ejercicio, quien a lo largo de todo el proceso cuestionó el sistema electoral, que, por cierto, resultó ser de una eficiencia y claridad admirable; y en la noche de resultados evitó reconocer abiertamente el triunfo de De La Espriella y, por ende, la derrota de su candidato. No corresponde a estas páginas juzgar la posición del presidente saliente. La historia democrática de Colombia, afianzada desde el plebiscito del 57, juzgará esta inexplicable e inédita actitud de parte del Jefe de Estado.

Superado el proceso electoral, el país entero debe prepararse para la transición hacia otro estilo de gobierno y otras prioridades en la discusión nacional. El futuro presidente ha ido dando signos que van demarcando el derrotero que tomará su gobierno en los próximos cuatro años: mayor presencia en las regiones y diálogo con los gobiernos locales, lenguaje de defensa institucional, cercanía con la gente a través de canales de comunicación directos, en espacios en redes sociales. Son todas señales iniciales positivas que apuntan hacia un ambiente de diálogo político menos pugnaz, más dialogal. 

Hace algunas semanas desde este mismo espacio, recordábamos las famosas palabras del presidente Kennedy, quien también llegó al poder en los Estados Unidos después de una apretada elección contra Nixon, sobre la imposibilidad de gobernar con la mitad del país en contra. Se hace necesario que el presidente electo tenga muy en cuenta la lección de este gran político católico para lograr hacer transitar el país hacia tiempos diferentes. Tiempos en donde se puedan lograr acuerdos sobre temas fundamentales, como lo propuso alguna vez Álvaro Gómez, donde haya diálogo entre diferentes, donde no haya persecución política o sanciones sociales por ideas disidentes de la mayoría. 

Cierto es que cada gobierno trae su propio programa y equipo, y debe ser fiel al mismo para responder a las expectativas de sus electores. Cierto es también que el presidente de la república representa la unidad nacional y que debe buscar los objetivos comunes de la nación por encima de sus propios intereses políticos. Para alcanzar tan importante derrotero y superar los tiempos divisivos se hace indispensable que el diálogo, el respeto institucional y el reconocimiento del que piensa diferente no sea un trabajo encomendado únicamente por los electores al señor De La Espriella sino a la totalidad de los ciudadanos. Los católicos, que estamos llamados por fidelidad al Señor Jesús a cultivar la reconciliación, buscar la amistad social y el bien común, debemos ser los primeros en querer alcanzar este loable fin y poner los medios para lograrlo. 

Es hora ya de superar la permanente campaña política para pasar a la construcción común de país. La supuesta superioridad moral de unos o de otros no nos sirve para alcanzar la unidad nacional sino, por el contrario, nos divide en dos bandos irreconciliables, generándose consecuencias nefastas de violencia para las futuras generaciones. 

Nuestra fe en Cristo nos enseña siempre a valorar al que piensa distinto, a ponerse en sus zapatos, a comprender el sentido de su posición como Cristo lo ha hecho por la fe con cada uno de nosotros. El creyente no debe ser un factor divisor, es ante todo un conciliador. Ojalá estos nuevos tiempos políticos traigan unidad y armonía a una nación que en los últimos años se ha visto fragmentada por agudas controversias. Grande es la misión de los creyentes en este campo, así como grande es la misión del nuevo gobierno.  


Dirección - elcatolicismo.com.co

 

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