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Primera encíclica

25 de mayo de 2026
Imagen:
Vatican Media. Composición de la imagen: EWTN News.

Ha sido publicada la primera encíclica del papa León XIV, firmada el pasado 15 de mayo, bajo el atractivo título de ‘Magnifica Humanitas’. Es la primera gran obra magisterial salida de las manos del papa norteamericano, ya que la exhortación apostólica Dilexi te fue un proyecto hecho a cuatro manos, elaborado en su mayoría bajo la dirección del papa Francisco y publicado en octubre pasado por el actual Pontífice. 

El texto se pone bajo la estela de las grandes encíclicas sociales de los papas, comenzando por Rerum Novarum de León XIII, que este año cumple 135 años de su publicación; pasando por las importantes encíclicas sociales de san Juan XXIII, san Pablo VI y san Juan Pablo II. 

El gesto de León de promulgar como primera encíclica un texto de carácter social que entra a formar parte de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), iguala el de sus inmediatos predecesores Benedicto XVI con Deus Caritas Est (2005) y Francisco con Laudato Si’ (2014), profundizando además la importancia de la voz de la Iglesia católica en el siglo XXI, que quiere seguir aportando a la realización de sociedades más humanas, en una época de profundos cambios culturales y relacionales, con una creciente crisis ecológica.

El subtítulo de la encíclica: “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial”, aporta pistas importantes sobre su contenido y orientación. Se habla de la necesidad de cuidar al ser humano, enfatizando el concepto de ecología integral, expuesto desde tiempos del papa Benedicto y desarrollado por Francisco con mayor profundidad. No se trata entonces de la defensa o construcción de ciertas estructuras políticas y sociales sino de volver la mirada a la centralidad de la persona humana, fundamento de la sociedad y eje de toda la DSI. 

La propuesta de la Iglesia hace resonar las palabras del Señor Jesús a sus discípulos en Galilea: “el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). El inalienable valor de la persona humana genera que toda estructura social o política, todo avance tecnológico deba estar sometido a su dignidad, crecimiento y servicio. Este concepto tuvo amplio eco desde el campo filosófico en el siglo XX desde el personalismo en autores como Gabriel Marcel y Jacques Maritain. Fue en esta escuela filosófica donde también se formó Juan Pablo II quien proclamaría la centralidad de la persona humana a lo largo de todo su pontificado y haría de ella un hilo conductor de su magisterio. 

El tema de la centralidad de la persona humana en la enseñanza de la Iglesia no es una novedad de la nueva encíclica papal, sino que continúa una larga tradición eclesial en defensa de la persona frente a poderes políticos, económicos o sociales que buscan subyugarla o empequeñecerla.

La novedad del magisterio papal consiste esta vez en su contexto histórico y cultural. La encíclica no expone una palabra de la Iglesia sobre la Inteligencia Artificial sino una enseñanza sobre la persona en el tiempo de esta nueva tecnología. La humanidad afronta un momento de impactante revolución tecnológica, tal vez más grande que aquel vivido por León XIII al final del siglo XIX con la revolución industrial. La encíclica no condena ni absuelve el avance de la inteligencia artificial. Denuncia sus riesgos y hace un llamado al corazón de la humanidad, para que seamos las personas las que en este retador ambiente social podamos, con libertad y verdad, decidir qué tipo de relaciones sociales queremos construir. 

Siguiendo a su gran maestro San Agustín, el papa León pone el foco en la libertad humana y en la gracia de Dios que actúa en ella para configurar sociedades cada vez más humanas en este tiempo de sobrecogedores avances tecnológicos. Así en las primeras palabras de la nueva encíclica leemos: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.

En 245 numerales, distribuidos en cinco capítulos, con una introducción y una conclusión, el Pontífice, fiel a su estilo calmado y profundo, con amplios ecos venidos de la teología agustiniana de la gracia y enfatizando la inestimable capacidad de bien de cada persona humana, nos invita a tomar en serio esa elección inaplazable para que “en la fidelidad humilde de cada día, también el tiempo de la IA puede ser un paso en el que el Espíritu haga madurar la civilización del amor en nuestras vidas”. 

Que las palabras de León nos alienten a continuar contribuyendo, bajo la guía del Evangelio y la enseñanza de la Iglesia, en la construcción de comunidades en las que la magnífica humanidad de sus miembros resplandezca por encima de intereses económicos individualistas y proyecciones políticas o ideológicas amenazantes.


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