La Arquidiócesis de Bogotá celebró la fiesta de la Virgen del Carmen en la Catedral Primada

Con una solemne celebración eucarística en la Catedral Primada de Colombia, la Arquidiócesis de Bogotá conmemoró la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, una de las advocaciones marianas de mayor arraigo en la fe del pueblo colombiano. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, cardenal Luis José Rueda Aparicio, y contó con la participación de los canónigos que conforman el Capítulo Metropolitano de la Arquidiócesis de Bogotá, sacerdotes, religiosos y numerosos fieles.
La celebración renovó una tradición centenaria que se mantiene viva en la Catedral Primada desde el siglo XIX. Según la tradición catedralicia, la devoción fue promovida por el canónigo monseñor Francisco Javier Saldúa, quien hizo una promesa por la conversión de su padre, Francisco Javier Zaldúa y Racines, presidente de Colombia y único mandatario del país que falleció en ejercicio de su cargo. Tras recibir los sacramentos antes de morir, la gracia solicitada se cumplió y, como signo de gratitud, la imagen de la Virgen del Carmen fue trasladada a la Catedral, donde desde entonces cada 16 de julio se celebra de manera ininterrumpida esta festividad mariana.
Durante su homilía, el cardenal Luis José Rueda recordó que la memoria litúrgica de Nuestra Señora del Carmen conmemora la aparición de la Virgen María a San Simón Stock, el 16 de julio de 1251, origen de una devoción que ha acompañado durante siglos a marineros, transportadores, comerciantes y a todo el Pueblo de Dios.
"La celebración de la Virgen del Carmen nos llena de alegría, nos rejuvenece en la fe y en la esperanza y nos motiva para la misión de cada día", afirmó el arzobispo al iniciar su reflexión.
María, signo de unidad y esperanza
El purpurado destacó que la Iglesia no puede entenderse sin la presencia de María, primera discípula de Cristo y modelo de todo creyente.
Retomando una enseñanza de san Pablo VI, recordó que "no se puede hablar de la Iglesia si no está presente María", porque ella congrega al pueblo de Dios como una madre reúne a su familia.
Asimismo, explicó que una sociedad que se deja acompañar por la ternura de la Virgen encuentra caminos de fraternidad y reconciliación.
"Cuando una sociedad se siente acompañada y amada por la ternura cercana de la Virgen María, empieza a encontrar caminos de unidad y fraternidad, porque nos sentimos hijos del mismo Padre, amados por la misma Madre y congregados por la Iglesia."

La verdadera alegría nace de Cristo
Meditando la primera lectura del profeta Zacarías, el cardenal señaló que la invitación a "alégrate y goza" encuentra su plenitud en María, porque la verdadera alegría tiene un rostro: Jesucristo.
Explicó que la alegría de la Virgen no proviene de las circunstancias humanas, sino de haber acogido plenamente al Señor, y recordó que el pecado es el mayor obstáculo para experimentar esa alegría.
"La alegría de María tiene rostro y corazón: es Cristo Jesús", afirmó.
Por ello invitó a los fieles a abrir nuevamente el corazón al Señor y a buscar el sacramento de la reconciliación para experimentar la misericordia de Dios.
María enseña a hacer la voluntad del Padre
Al reflexionar sobre el Evangelio de san Mateo, donde Jesús afirma que su verdadera familia son quienes escuchan y cumplen la voluntad de Dios, el cardenal explicó que estas palabras no disminuyen la maternidad de María, sino que la exaltan como el ejemplo perfecto del discípulo que responde con fidelidad al llamado del Señor.
Recordó que la Virgen enseñó con su vida la docilidad al querer de Dios y animó a los fieles a pedirle la gracia de discernir siempre la voluntad del Padre, incluso cuando ello implique cambiar los propios planes.
Tres montes para caminar con María
Como parte de su reflexión final, el arzobispo propuso contemplar la vida cristiana a la luz de tres "montes" acompañados por la Virgen del Carmen:
- El monte de la Palabra, para escuchar a Cristo y dejar que el Evangelio transforme la vida.
- El monte de la Cruz, para descubrir que incluso en el sufrimiento Dios permanece presente y sostiene la esperanza.
- El monte de la Misión, desde donde los discípulos son enviados a anunciar el Evangelio y construir una sociedad marcada por la misericordia, la paz y el servicio.
"Que la Virgen María nos lleve al monte de la Palabra, al monte de la Cruz y al monte de la Misión, y acompañe cada paso de nuestra vida", concluyó el cardenal.
Con esta celebración, la Catedral Primada de Colombia renovó una tradición que ha permanecido viva por generaciones, reafirmando la profunda devoción del pueblo colombiano a Nuestra Señora del Carmen, madre y protectora de quienes ponen su vida y su camino bajo su amparo.
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