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Periodismo, democracia e Iglesia

5 de mayo de 2026
Imagen:
de referencia.

Fue publicado en días pasados el informe anual de la organización mundial Reporteros Sin Fronteras (RSF) sobre la situación de la libertad de prensa en el mundo en 2026. El informe expresa la desafortunada noticia de que la libertad de prensa cayó a su nivel más bajo en los últimos 25 años y sufre deterioros significativos en todos los continentes. Más de la mitad de los países del mundo son clasificados en situación “difícil” o “muy grave”. Los obstáculos para ejercer el periodismo de forma abierta y libre no solo ocurren en los países donde hay amenazas a la libertad por situaciones de guerra o de conflicto armado, sino que el derecho a la información se erosiona también en antiguas democracias. 

Aunque el retroceso en indicadores se experimenta en todos los continentes, es significativo el descenso en el indicador de los países latinoamericanos donde la violencia y la represión parecen avanzar de manera preocupante. Colombia, aunque ha ido registrando mejoras desde hace años, ocupa un poco honroso puesto 102 de un total de 170 países, muy por debajo de Brasil (52) y Uruguay (48) y levemente inferior al de Argentina (98).

La fotografía que muestra el informe sobre los riesgos y obstáculos para ejercer el noble oficio periodístico a nivel mundial no deja de generar preocupaciones hacia el futuro. Para que una sociedad se consolide en paz y equidad se hace cada vez más necesario el acceso libre a la información. Una ciudadanía bien informada es una fuerza indispensable para tomar decisiones sociales y políticas conscientes, para evaluar de forma equilibrada sus sistemas de gobierno y poder optar por la mejor alternativa. A mayor información, mejores decisiones. Por el contrario, una ciudadanía poco informada o sesgada en el acceso a la información se convierte en objeto de manipulación de los poderosos y vive necesariamente sometida al vaivén de intereses políticos o económicos individuales o de unas élites controladas por unos pocos. 

El informe anual de RSF hace ver que donde la democracia es frágil o inexistente correlativamente la libertad de prensa se ve sacrificada y pisoteada por los grupos de poder. Así se muestra con claridad en casos como los de Nicaragua (168), Cuba (160) y Venezuela (159). A mayor libertad de prensa, mayor libertad política y social. 

El periodismo, en efecto, tiene como uno de sus objetivos transmitir, a través de su constante trabajo, las múltiples voces que se manifiestan en una sociedad y hacerlas resonar en la opinión pública. Da así cabida a las distintas manifestaciones sociales, culturales y políticas que quieran expresarse sobre la mejor manera de conducir un proyecto de país. Su esencia es pluriforme, nunca monolítica. 

Son muchas también las voces que en nuestra sociedad colombiana se expresan diariamente sobre el proyecto de país que queremos para las generaciones futuras. A todas es necesario escuchar, a todas es necesario visibilizar. La Iglesia, que existe para evangelizar como lo dijo san Pablo VI, es una de esas tantas voces socio-culturales a las que se hace necesario escuchar y atender. No pretende ser ella la única guía de la sociedad, pero si un actor social altamente cualificado que a partir de su amplia experiencia pueda seguir teniendo una palabra de interés sobre los caminos que nos pueden conducir a la amistad social, a la fraternidad y la reconciliación.

De ahí que el ejercicio de un periodismo cada vez más libre y consciente, un periodismo que dé cabida a una pluriformidad de actores sociales y políticos en nuestro país, interese a la Iglesia para que su constante misión evangelizadora tanto en nuestra ciudad como en el país sea conocida y valorada por muchos que están buscando una respuesta de amor para sus vidas y un camino consolidado de crecimiento espiritual, familiar y social.

El ritmo frenético de nuestro contexto nos aturde con tantas voces que resuenan desde las redes sociales y que en apariencia destilan pluralismo y libertad democrática. Sin embargo, la manipulación de las redes por medio de las llamadas “bodegas” y la proliferación de informaciones falsas y promociones engañosas, de las cuales nuestro cardenal y el Seminario Mayor han sido víctimas en los últimos meses, revelan la fragilidad de estos espacios informativos y la necesidad de analizarlos con suma cautela. El periodismo investigativo, sosegado y serio es indispensable para que, en la pluralidad de las voces sociales, el público pueda distinguir la verdad del engaño, la información adecuada de la manipulación malintencionada. 

Desde estas páginas hacemos votos para que la libertad de prensa crezca en Colombia y el periodismo realice cada vez mejor su tarea: ser faro que, en medio de la oscuridad de las manipulaciones, muestre la claridad de la verdad.  


Dirección - elcatolicismo.com.co   

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