Han iniciado las visitas pastorales de nuestro arzobispo y sus obispos auxiliares a los arciprestazgos de toda la Arquidiócesis. Este ejercicio de caridad pastoral y de cercanía con los sacerdotes y sus comunidades parroquiales se extenderá hasta octubre.
Después de las multitudinarias peregrinaciones que cada arciprestazgo organizó con motivo del Jubileo de la Esperanza a la Catedral a lo largo del año anterior, este año el señor cardenal ha expresado su deseo de ir a visitar a esos mismos arciprestazgos, mostrando con este gesto su interés por acompañar a cada una de las comunidades parroquiales y a sus pastores en medio de las características particulares de cada territorio.
El ejercicio de la visita pastoral no es algo nuevo ni en la Iglesia ni en la Arquidiócesis. Es un deber del obispo diocesano como pastor de su Iglesia particular visitar a las comunidades presentes en su territorio para que, al menos cada cinco años, la totalidad de la diócesis pueda sentir la presencia de su obispo (cf. CIC 396-398). La figura de nuestro cardenal Luis José Rueda Aparicio en las parroquias ha sido mucho más frecuente que la mandada por el Código de Derecho Canónico. Hace menos de 2 años, visitó las vicarías territoriales (ocho en total) dedicando espacios de escucha, oración y diálogo a los diversos grupos humanos presentes en la ciudad-región de Bogotá. Adicionalmente, el cardenal no ha dejado su empeño de salir cada domingo a acompañar varias comunidades parroquiales en sus celebraciones eucarísticas, sus fiestas patronales, sus confirmaciones, bendiciones de nuevos espacios y muchas otras celebraciones durante las que su presencia serena y cercana se ha hecho sentir como la cercanía del Señor Jesús con su pueblo que camina en la ciudad.
¿Qué hace diferente entonces estas nuevas visitas pastorales? En primer lugar, la riqueza de tener cuatro obispos en los arciprestazgos de forma simultánea con sus formas de ser, estilos y visiones pastorales que se complementan entre sí, haciendo que la vida cristiana de las parroquias, en las diferentes vicarias, se nutra de experiencias episcopales diversas y pueda recibir nuevos impulsos para su misión en la ciudad.
En segundo lugar, tomar el pulso al avance de las cuatro decisiones del Camino Discipular Misionero, eje central de la acción evangelizadora en esta iglesia local.
Luego de tres años (2023-2025) vividos para sembrar la esperanza y al inicio de un nuevo trienio dedicado a cultivar la fe (2026-2028) se hace indispensable que nuestro pastor, junto con sus auxiliares, tenga una visión mucho más cercana de la manera en la que las cuatro decisiones que guían la acción evangelizadora van permeando el ser y el quehacer de todas las comunidades parroquiales.
Por último, y no menos importante, este ejercicio pastoral tiene en esta ocasión un fuerte sabor sinodal. Luego de varios años dedicados a la etapa reflexiva del Sínodo de la Sinodalidad, el papa León ha invitado a toda la Iglesia a lanzarse a una etapa de implementación, donde las diferentes decisiones sinodales puedan ir aterrizándose en diversos espacios eclesiales.
Es así como las visitas pastorales a todos los arciprestazgos serán una preciosa ocasión para poner en práctica el espíritu sinodal que el Papa quiere realizar. De entrada, la propuesta es interesante porque diversifica la presencia episcopal.
Por otro lado, en esta ocasión serán los arciprestes quienes tendrán la oportunidad de liderar la visita. Son ellos, en coordinación con los párrocos de los sectores, quienes configuran la agenda de los obispos y dirigen la visita. Así, el ejercicio viene planteado desde la base, siguiendo unas líneas metodológicas y temáticas comunes expuestas por la Arquidiócesis a los arciprestes.
Tanto el arzobispo como sus obispos auxiliares, así como los vicarios episcopales, serán acompañantes de este elaborado ejercicio sinodal, donde los pastores no imponen sus visiones sobre la evangelización, sino que se ponen a la escucha de los retos y proyectos que cada comunidad eclesial va compartiendo. Este es un modo más que práctico de realizar la sinodalidad en medio de una arquidiócesis tan grande y diversa de construir espacios de comunión, participación y misión como la Iglesia lo requiere para la misión evangelizadora en el siglo XXI.
Hemos entrado así en modo visita pastoral. Acompañemos con la oración esta experiencia para que traiga abundantes frutos y sea un paso significativo en el cultivo de la fe en el corazón de pastores y fieles, para que todos volvamos los ojos y los oídos en Cristo, cabeza del cuerpo, de la Iglesia (cf. Col 1,18).
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