Avanza preparación de cumbre convocada por el papa León XIV ante crisis del matrimonio

El Santo Padre es consciente de que, entre las vocaciones a las que hombres y mujeres son llamados por Dios, el matrimonio es una de “las más nobles y elevadas”.
Así lo afirmó el pasado mes de octubre, con motivo del décimo aniversario de la canonización de los santos esposos Louis y Zélie Martin, padres de santa Teresa del Niño Jesús. Por ello, ha puesto en marcha un proceso para afrontar tanto las crisis matrimoniales como el creciente temor de los jóvenes a casarse y formar una familia.
El papa León XIV convocó para el próximo mes de octubre en Roma a todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo, con el objetivo de buscar una respuesta a una cuestión que considera crucial no sólo para la Iglesia, sino también para la sociedad.

En preparación para esta cita de gran calado, el Vaticano organizó el pasado martes una jornada de estudio titulada “El sacramento del matrimonio, la fe y el munus docendi (es decir, la obligación de la Iglesia de enseñar y anunciar la palabra de Dios)”.
La iniciativa, promovida por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, reunió a cerca de 75 participantes —representantes de la Curia romana, rectores, docentes, matrimonios y formadores de seminarios— con el fin de reflexionar sobre los desafíos actuales de la pastoral familiar y la formación de los futuros presbíteros.
¿Cómo formar pastores capaces de acompañar a jóvenes, novios y esposos para que vivan el matrimonio cristiano como una auténtica experiencia de fe, en un contexto cultural marcado por la secularización? A esta pregunta respondieron varios relatores, entre ellos, el rector de la Pontificia Universidad Salesiana, el P. Andrea Bozzolo.
En declaraciones a ACI Prensa, el sacerdote italiano –que ha impartido Teología del Matrimonio en el Instituto Pontificio Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio– subraya la urgencia de formar presbíteros preparados para acompañar a los jóvenes y ayudarles a vivir el matrimonio cristiano como un verdadero acontecimiento de fe y no como un mero “formalismo o rito social”.
Según constata, en amplios sectores de la sociedad contemporánea el matrimonio ha dejado de percibirse como un momento decisivo en la constitución de la familia.
“Para muchas parejas, el matrimonio parece hoy un paso menos decisivo para el surgimiento de la alianza familiar”, afirma.
En ese contexto, añade, la convivencia previa se ha generalizado como una etapa de prueba. Para muchos jóvenes la fortaleza de esa relación, puesta a prueba en la vida cotidiana, “se ha convertido en la condición para considerar —eventualmente— el acceso al matrimonio”, reconoce.
El rector de la Pontificia Universidad Salesiana explica que esta mentalidad alimenta el fenómeno, hoy ampliamente extendido, de las parejas que conviven antes de pasar por el altar.
A diferencia de décadas pasadas, cuando las uniones de hecho se presentaban como una alternativa ideológica al matrimonio, en la actualidad “suelen entenderse como un camino preparatorio”, detalla.
En la llamada “sociedad líquida”, precisa, la convivencia funciona con frecuencia como una primera experiencia familiar, abierta a consolidarse con el tiempo en una relación más estable.
“La convivencia en la mayoría de los casos, no pretende excluir el pacto matrimonial, sino más bien verificar su viabilidad”, indica, al tiempo que señala que incluso el aumento de las separaciones refleja esta forma de entender el vínculo.
No culpabilizar, pero tampoco banalizar
Ante este panorama, el experto pide “no culpabilizar” a los jóvenes que después de haber convivido piden casarse, pero tampoco “banalizar” la situación de convivencia previa porque “no es la forma correcta” de llegar al altar.
Además, llama a la Iglesia a romper los estereotipos que proponen el amor como si fuera “un simple sentimiento”. “El amor tiene valor ontológico —y no meramente psicológico— y por eso el matrimonio es un vehículo privilegiado de la revelación bíblica del rostro de Dios”, insiste.
En este escenario, el P. Bozzolo enfatiza en la necesidad de una formación sacerdotal que ayude a redescubrir el valor decisivo del matrimonio como acto público y sacramental. “La expresión pública y religiosa del consentimiento”, afirma, ya no suele percibirse hoy como un elemento que incida de manera sustancial en la estabilidad del vínculo, lo que constituye “un desafío pastoral de primer orden”.
El matrimonio no es un un “simple trámite social”
Por ello, asegura que resulta imprescindible para la Iglesia preparar a los sacerdotes para que sean capaces de acompañar a los jóvenes en un itinerario de fe que muestre el matrimonio cristiano no como un “simple trámite social”.
Se trata, explica el P. Bozzolo, de ayudar a los sacerdotes para que sepan acompañar a los matrimonios para que aprendan a “reconocer la presencia y la acción de Dios en la historia concreta de su vínculo”. Este acompañamiento —subraya— exige un “enfoque formativo” capaz de hacer dialogar la sabiduría bíblica, la inteligencia teológica, la comprensión de los fenómenos culturales contemporáneos y la escucha atenta de las experiencias reales de las familias.
En concreto, asegura que uno de los problemas actuales en las parejas es que se absolutiza la relación y se carga sobre el vínculo conyugal expectativas que el otro no puede sostener por sí solo. “No podemos cargar al cónyuge con toda la responsabilidad de nuestra felicidad, porque nos va a desilusionar. Para eso tenemos a Jesús, el verdadero Mesías”, afirma, subrayando que sólo desde una fe bien situada es posible vivir el matrimonio de manera sana, realista y abierta a la gratuidad, sin convertir al otro en la fuente última de sentido.
Precisamente por ello, y en relación directa con la formación de los futuros presbíteros, destaca la necesidad de crear en los seminarios itinerarios formativos que integren estas dimensiones y preparen a los pastores para una auténtica pastoral matrimonial, enraizada en la vida y no reducida a esquemas teóricos.
La última vez que un Papa convocó a todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo fue en febrero de 2019, cuando Francisco los reunió para afrontar la herida de los abusos sexuales en la Iglesia. Un encuentro que supuso un cambio en la percepción global del problema y permitió trazar una estrategia a largo plazo.
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