Pasar al contenido principal
#397dff

Domingo IV de Cuaresma

15 de marzo de 2026
Uru

Es un hombre que nunca había visto la luz; pero se encuentra con Alguien que es la luz del mundo y que va a cambiar su vida, pero él no sabe quién es. No conoce las profecías del viejo Isaías que aseguran que un día llegará a Israel alguien que dará libertad a los cautivos y a los ciegos la luz.

Este relato lo conocemos como la curación del ciego de nacimiento, pero es mucho más que eso. San Juan describe el recorrido interior que va haciendo un hombre perdido en las tinieblas hasta encontrarse con Jesús,“luz del mundo”.

Por eso me atrevo a escribir que el Evangelio de este domingo no es simplemente la curación de un ciego; es el proceso interior que vive un hombre perdido en las tinieblas desde su nacimiento, hasta encontrarse con Aquel que es la luz del mundo y llega a la plenitud de la fe en Jesús: cree en el Hijo del Hombre, lo está viendo, el mismo con quien está hablando.

Cuando la gente le pregunta quién lo ha curado, no sabe cómo responder; un hombre llamado Jesús, no sabe decir más. En un principio no sabe quién es, pero alguien capaz de abrir los ojos de un ciego de nacimiento tiene que venir de Dios, tiene que ser profeta, tiene que ser Señor. Vive, pues, un proceso ascendente de conocimiento de Jesús, y así pasa de la ceguera a la luz.

Vean hermanos cómo es Jesús. Cuando se enteró de que los fariseos, seguros y arrogantes, lo habían echado de la sinagoga, fue a buscarlo. Así es Jesús.

Es que hay algo fundamental en nuestra vida de fe, en nuestra vida cristiana: saber quién es Jesús, cuál es la Buena Noticia y la salvación que Él trae a la tierra.  El ahora veoel veres símbolo de la fe; es el reconocimiento de Jesús, enviado del Padre, luz del mundo.

La pregunta que Jesús hace al que era ciego:¿crees tú en el Hijo del Hombre?, nos la hace a cadauno de nosotros, una vez en el momento en que somos bautizados y después todos los días.

Es la invitación y el llamado que nos hace la Iglesia: necesitamos formarnos, crecer, ilustrarnos en la fe en quien es la luz; porque una fe superficial, de momento, infantil, de palabra, nos lleva a una vida cristiana demasiado frágil,vulnerable, incapaz de superar la mediocridad y el relativismo imperante. Una fe madura no es posible sin el encuentro personal con Jesús.

El mundo, nuestra Colombia, nuestra Iglesia, necesita testigos capaces de contagiar su fe en Jesús, necesita creyentes de verdad y de tiempo completo, capaces de escuchar y acompañar muy de cerca a tantos hombres y mujeres que “no ven”, que no saben quién es Jesús, pero que si por nuestra palabra y nuestro testimonio de vida llegan, como el ciego del Evangelio, en un proceso de fe, a reconocerlo y confesarlo como luz del mundo, le van a pedir unos ojos nuevos para verlo a ÉL y para ver el mundo.

*Padre Carlos Marín G.

 


 

Aumentar
Fuente
Disminuir
Fuente

Otras noticias

#397dff
#217016
#2f74c6

Noticias relacionadas