Nuestra Señora del Pilar: parroquia misionera y ecológica de Bogotá

Con cerca de 70 años de fundada, la parroquia Nuestra Señora del Pilar es una de las comunidades católicas de Bogotá que ha sabido reunir a varias generaciones bajo un mismo propósito: vivir la fe en comunidad. Así lo explica su párroco, el padre Domingo García, miembro de los Misioneros Identes, comunidad que desde hace casi una década acompaña tanto a adultos mayores como a jóvenes universitarios en esta parroquia.
La primera advocación mariana de la Iglesia
El nombre de la parroquia tiene raíces que se remontan a los primeros años del cristianismo. El padre Domingo explica que la advocación de Nuestra Señora del Pilar es considerada la primera advocación mariana de la Iglesia.
«Se originó en el año 40, cuando Santiago el Mayor evangelizaba en España. En un momento de decepción se le apareció la Virgen, que todavía vivía en Palestina, sobre un pilar de mármol en la ciudad de Zaragoza, la antigua Caesaraugusta, y lo animó a seguir en esa evangelización», relata.

La parroquia conserva una imagen traída desde Zaragoza, réplica de la original que se venera en aquella basílica española, y que dio nombre al templo bogotano.
Diez años con los Misioneros Identes
Durante casi siete décadas, la parroquia estuvo a cargo de sacerdotes diocesanos. Hace casi diez años, la Arquidiócesis de Bogotá la encomendó a la comunidad de misioneras y misioneros Identes, a la que pertenece el padre Domingo.
«Idente es un nombre un poco extraño que viene de id y predicad el Evangelio, el mandato de Cristo a los apóstoles poco antes de ascender a los cielos», explica el párroco.

Según cuenta, el objetivo principal de esta comunidad es vivir la santidad en comunidad, y ese mismo carisma es el que buscan transmitir a la parroquia. «En las actividades y los campos que trabajamos pastoralmente imprimimos ese carácter. Hacemos énfasis en la espiritualidad, una espiritualidad encarnada en las circunstancias que vive cada persona, cada familia», afirma.
Una comunidad de mayores y universitarios
La parroquia se encuentra en un barrio donde predominan las personas mayores, pero también acoge a un número importante de jóvenes, especialmente universitarios. De hecho, el padre Domingo señala que esa fue una de las razones por las que el arzobispo encomendó la parroquia a los Identes: el trabajo con estudiantes, en particular de la Universidad Nacional.
Grupos que sostienen la vida parroquial
La vida de la parroquia se apoya en varios grupos pastorales:
- Ministros extraordinarios de la Eucaristía: son 12 y visitan al doble de personas enfermas o ancianas.
- Camino Neocatecumenal: la parroquia cuenta con dos comunidades.
Grupos de crecimiento espiritual: reúnen a mayores y jóvenes, hombres y mujeres, cada semana o cada quince días. En ellos, explica el párroco, «la persona pone en comunidad su vida moral y su vida mística».

La Palabra como centro
Siguiendo las orientaciones del Vaticano, del Sínodo de los Obispos y del camino discipular misionero de la Arquidiócesis de Bogotá, la parroquia pone un énfasis especial en el conocimiento del Evangelio.
Para ello cuenta con tres grupos semanales de lectio divina, en modalidad presencial y en línea, uno de ellos dedicado a los jóvenes.
Una parroquia ecológica: más de 70 plantas vivas en el templo
Además de su perfil misionero, Nuestra Señora del Pilar se define como una parroquia ecológica. Su grupo Laudato Si’ se encarga del cuidado de las plantas que adornan el templo, más de 70 en total.
«Adornamos con plantas más que con flores, porque las flores son desechables y las plantas son vivas», explica el padre Domingo. La inspiración, señala, vino del papa Francisco y su encíclica Laudato Si’, «que nos invita a cuidar la creación, a conservar, no a desechar».

Así, entre adultos mayores que reciben la Eucaristía en sus casas, jóvenes universitarios que se reúnen en torno al Evangelio y más de 70 plantas que adornan el altar, esta parroquia bogotana mantiene vivo el mensaje que, según la tradición, la Virgen del Pilar le dio a Santiago en Zaragoza hace casi dos mil años: no desanimarse y seguir anunciando el Evangelio.
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