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Editorial

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Es hora de encontrarnos de nuevo

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El País de Cali
Son realmente alentadoras las estadísticas actuales del desarrollo de la pandemia del COVID-19 en Colombia

Contagios, hospitalizaciones y fallecimientos presentan una sensible caída que genera esperanza. Hay que reconocer que el Gobierno Nacional y, en particular, el Ministerio de Salud y su titular el doctor Ruíz, han actuado con diligencia y seriedad en la campaña masiva de vacunación.

De igual manera, hay que exaltar la disciplina de la mayoría de los ciudadanos que se han tomado en serio las precauciones que exige la pandemia y le han apostado a ir superando la crisis progresivamente. No obstante, todavía no se pueda cantar victoria, es claro que ya muchos aspectos de la vida pueden volver a funcionar en relativa normalidad. Entre las nuevas posibilidades está la de las reuniones de personas por diversos motivos y necesidades.

A nivel de Iglesia se ha ido recuperando paulatinamente la congregación de personas para las celebraciones de la fe y muy especialmente para la eucaristía. Ya se están viendo las iglesias colmadas de nuevo, esto dentro de un gran orden de los feligreses y gracias a la diligencia de los párrocos y sus colaboradores.

Corresponde, ahora, dar otros pasos en el mismo sentido para que en la Iglesia todos los que lo deseen puedan recibir los servicios de catequesis, oración, ejercicios espirituales, formación y todo aquello que se realiza de mejor manera en el encuentro de las personas.

La Arquidiócesis de Bogotá ya ha dispuesto que pueden volver a realizarse, por ejemplo, los Retiros de Emaús, que tanto bien han llevado a comunidades y personas. También, las actividades habituales de parroquias, movimientos apostólicos, grupos y otras iniciativas, deberían ir recuperando la presencialidad, siempre con protocolos de bioseguridad y cuidado, pero más aún, con calidez y alegría. El encuentro entre las personas, en la mayoría de los casos y para lo que se ofrece en la Iglesia, no tiene sustitutivos definitivos.

Sea esta la ocasión para elogiar a los párrocos y demás sacerdotes por la creatividad digital con que afrontaron los momentos más críticos de la pandemia. Realmente hubo un esfuerzo en todo sentido para seguir haciendo presencia en las comunidades a través de los medios disponibles. Fue una época de aprendizaje para todos –sacerdotes y comunidades- y está claro que la virtualidad ya entró a hacer parte de la vida pastoral, aunque no pueda ni deba reemplazar la riqueza que hay en la Iglesia como asamblea, congregación de personas. De igual manera, hay que exaltar los esfuerzos hechos en las parroquias para acomodar los templos y demás edificios a las condiciones que exige el convivir con un virus tan complejo y posibilitar de nuevo encuentros y liturgias.

Algunos ven con preocupación que simplemente la hora más esperanzadora actual sea un simple volver a lo de siempre. Tal vez no haya que ser tan pesimistas y, más bien, saber ver la buena capacidad de adaptación a las circunstancias que han tenido el clero, los fieles y la Iglesia en general.

Seguramente al volver a encontrarse los miembros de las parroquias valorarán aún más el estar presentes para crecer espiritualmente y para celebrar la fe. Los párrocos y los sacerdotes sentirán con más fuerza la importancia de su misión y la alegría por el cuidado de las personas que ahora encuentran de nuevo y que les han sido encomendadas pastoralmente. Y, en general, todo este retorno ha de servir para entender que los seres humanos somos esencialmente sociales y que esta vida de relaciones y presencias merece lo mejor de todos y que ningún sistema o programa puede sustituir al prójimo de carne y hueso, como lo quiso Dios desde los inicios, para que entre todos fueran ayuda y compañía.

PD: los creyentes que aún se niegan a vacunarse, deben reflexionar mucho más para que no se queden al margen de sus comunidades familiares, eclesiales, educativas o laborales. Vacunarse es un acto de amor al prójimo, ha dicho el papa Francisco.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
Fuente:

OAC

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