Fue una de las primeras preguntas que rondó la mente de algunos, mientras en las puertas de la Vicaría Episcopal Territorial Inmaculada Concepción, esperábamos con algo de ansiedad y expectativa los buses.
Nos abrazamos, nos alentamos y, tal vez, con algo de discreción, nerviosismo y expectativa, persistía la inquietud: ¿qué tono debe tener esta misión en medio de una realidad tan dolorosa y compleja?, ¿alegría, ese debía ser el tono?
— ¡Sí!, alegría, ¿si no qué vamos a llevar?
Bueno, a algunos les pudiera parecer “poco apropiado”, sin embargo, pensemos en la alegría que brota de la esperanza, que hoy nos une y con la que saldremos adelante. ¡Sí saldremos!, porque solo unidos podremos lograrlo.
Somos 80 presbíteros en misión, con casi absoluta seguridad que volveremos los mismos, pero ¡ojalá distintos! Y es que claramente la respuesta a la pregunta ¿a qué vamos? nos sobrepasa; no es precisamente para volver cambiados, pero sí entra dentro del cálculo.
Nos escoltan algunos camiones cargados de comida, fruto de campañas parroquiales. No era caso llegar a las zonas más afectadas del terremoto ‘manivacíos’. Algunos de los sacerdotes, de hecho, viajan con sus comitivas cargadas de víveres hacia los distintos puntos a los que se dirige esta misión arquidiocesana: Pereira, Buga, Cali, Cartago, Buenaventura.
El clima de la mañana de partida fue un poco gris. Los saludos y charlas de las primeras horas de viaje fueron mermando en cada kilómetro. Con el paso del tiempo, los dos buses cargados de sacerdotes se fueron llenando de silencios, de algunas oraciones y de sueño… Quedaba en el aire, al menos para mí, esa inquietud primaria:
¿Cuál es el tono de nuestra misión?, que es casi como preguntar: ¿a qué vamos?
Pensaba si no era algo pretencioso decir: vamos a consolar. ¡Pero a eso vamos!, o eso vamos a intentar: “Consuelen, consuelen a mi pueblo", dice el Señor. Eso dicen, también, de otro modo las caravanas de carros grandes y pequeños cargados de donaciones que van por la ruta y que nos encontramos de ida y de vuelta.
Vamos con el cardenal Luis José Rueda, nuestro arzobispo, él mismo nos convocó y él mismo va adelante. Los buses irán haciendo paradas, dejando obispos, presbíteros y diáconos por el camino, sin que sepamos bien dónde llegaremos, dónde dormiremos o qué comeremos.
Los buses se separaron en Armenia, uno vía a Cali; y en el que yo viajé, que me dejó en Pereira, tenía como destino Buenaventura.
En Pereira nos recibió el obispo, monseñor Nelson Jair Cardona, nos habló de la situación complicada en la que quedaron las parroquias después del terremoto, a algunas ya no se puede entrar.
El equipo de 14 misioneros que quedamos en la ciudad, incluyendo a monseñor Alejandro Díaz, el obispo auxiliar, fuimos repartidos en parejas, para ser hospedados por hermanos en el ministerio, quienes solidariamente, en una confluencia de encuentro y ayuda, nos han acogido.
Pero pronto vendrá el encuentro al que venimos… Las comunidades, las familias, los consagrados, ¡todos! a quienes quisiéramos brindar algo, intentar, como ya lo he dicho, hacer vida concreta la misión, el Evangelio: “Consuelen, consuelen a mi pueblo", dice el Señor.
Esto es algo del pedazo que nos toca para que alcance a aquellos que nos mandaron con su bendición. Llevamos también sus semillas, seguro no veremos brotes, pero traeremos, si Dios quiere, la esperanza que esperamos contribuya a continuar abriendo paso…
*Por: Pbro. Jesús Arroyave Restrepo, párroco en San Juan Bautista de la Salle.
Fuente Disminuir
Fuente






