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Tres anhelos

11 de agosto de 2026
Imagen:
de referencia.

Tomó posesión de su cargo como presidente de la República para el próximo cuatrienio el doctor Abelardo De La Espriella el pasado 7 de agosto. La ceremonia deja varios momentos inéditos que pasarán a la historia y múltiples palabras por reflexionar. En primer lugar, el presidente logró su objetivo de realizar el acto de inauguración del mandato fuera de Bogotá; se realizó en La Arena USC, Universidad Santiago de Cali, un espacio civil y no militar como muchas voces lo habían reclamado. 

Después de haber asumido el cargo, se trasladó inmediatamente a las instalaciones del Batallón Pichincha para pronunciar su primer discurso ante las tropas y de cara al país. Su anhelo de tomar juramento en un batallón militar no se llevó a cabo, pero sí el de dirigir sus primeras palabras desde una instalación militar. Todo un mensaje simbólico del nuevo gobierno, destacando la importancia de las Fuerzas Militares en el nuevo mandato y confiando en ellas la labor de recuperar la seguridad del país. 

Otro hecho novedoso en el acto de posesión fue el espacio que se dio a los símbolos religiosos. Se dispuso una estatua de la Virgen de Fátima en la tarima principal y se incluyó un momento dentro de la agenda para las oraciones de un rabino, un pastor evangélico y un prelado católico. Cada uno ofreció una plegaria por el nuevo gobierno y dirigió unas palabras ante el pleno del Congreso. El representante de la Iglesia católica en Colombia para esta oración fue monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal. 

Las breves palabras (menos de cinco minutos) que expresó monseñor Múnera fueron ampliamente aplaudidas por los asistentes y generaron aceptación en diversos sectores de la sociedad civil, tanto en católicos como en personas de otras creencias o no creyentes. El arzobispo de Cartagena se hizo vocero de tres anhelos que el pueblo colombiano desea se hagan realidad en el futuro. El primero de ellos es el anhelo por la unidad. El país afronta profundas divisiones, fruto de la polarización social y política propiciada en los últimos años. Monseñor Múnera aclaró en su intervención, siguiendo la más fiel tradición católica, que unidad no significa uniformidad sino armonía. En un territorio habitado por más de 52 millones de personas sería ingenuo esperar que todos piensen o actúen igual o, peor aún, tratar de imponer un pensamiento único desde las instancias del poder cultural o político. Por el contrario, este primer anhelo manifiesta el deseo de caminar juntos, respetando nuestras diferencias en pensamiento y decisiones para que ningún miembro de la sociedad colombiana se sienta excluido.

El segundo anhelo señalado por el arzobispo es caminar hacia la reconciliación nacional y la paz. Colombia es una sociedad que ha sufrido décadas de una violencia fratricida que ha llevado a la destrucción de familias y comunidades, creándose espirales de venganza que hasta hoy se han cobrado miles de víctimas. La propuesta del actual presidente por recuperar la seguridad en los territorios y en las ciudades no debe olvidar el gran objetivo de alcanzar la concordia entre los colombianos y superar las fracturas que han generado la incesante violencia que continúa afligiéndonos.

Por último, monseñor Múnera propuso al nuevo presidente sostener en todos la esperanza y la alegría. Resaltó que este deseo no se basa en la ingenuidad sino en promover unas fuerzas que impulsen a la sociedad colombiana a perseverar en medio de las dificultades, a levantarse de sus caídas, como lo ha hecho tantas veces en su historia. En este contexto, invitó al nuevo gobernante a no olvidarse de los millares de pobres que en nuestro territorio todavía carecen del sustento necesario para llevar una vida digna. Recordó una bella frase del papa Francisco: “Los pobres casi siempre son víctimas, no culpables”. Y desde esta dolorosa realidad, animó al gobernante a adquirir grandeza mediante la promoción de los más débiles. Una tarea, señaló el prelado, que debe ser asumida no solo por el gobierno sino por todos los miembros de la sociedad para crear condiciones más dignas para el mayor número de colombianos.  

Las inspiradoras palabras de monseñor Múnera resumieron los deseos de millones de colombianos que queremos en estos cuatro años una patria más unida, más reconciliada y más alegre, que ponga como prioridad las necesidades de nuestros compatriotas más desprotegidos. 

Quiera el Espíritu Santo que estos tres anhelos resuenen en la mente y el corazón del nuevo presidente para que, siguiendo estos sabios consejos, pueda conducir a Colombia con acierto en los años venideros.   

Fuente:
Dirección - elcatolicismo.com.co
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