Seminaristas de la Arquidiócesis de Bogotá ‘Callejean la fe’

Durante una semana, del 22 al 28 de junio, las complejas realidades sociales y humanas presentes en la localidad Los Mártires, en el centro-occidente de la capital, fueron acompañadas y acogidas desde la esperanza y el deseo de una Iglesia que sale al encuentro.

34 futuros sacerdotes, acompañados por formadores, párrocos, religiosas vicentinas y comunidad parroquial del sector, reafirmaron que el Evangelio se anuncia, sobre todo, con la cercanía.
A las siete de la mañana de cada día de misión, cuando el frenético ritmo del centro de Bogotá apenas comenzaba a despertar, en la capilla del Centro Ambulatorio Medalla Milagrosa – Habitante de Calle o en la parroquia arquidiocesana San Pedro Claver, Las Laudes (oración matutina de la Liturgia de Las Horas), preparaba el espíritu, corazón y mente para la jornada.
Antes de salir a las calles, antes de tocar una puerta o visitar un enfermo, los misioneros encomendaban la jornada al Señor y a la Santísima Virgen María. Después venía el camino, un itinerario pastoral y misionero que durante una semana los llevó por hospitales; plazas de mercado; fundaciones; hogares para ancianos; centros comerciales; calles habitadas por recicladores, hombres y mujeres en situación de consumo, prostitución; migrantes y personas sin techo. Lugares donde la vida duele, pero donde también la esperanza sigue encontrando espacio para florecer.
Así transcurrió esta misión urbana promovida por el Seminario Mayor de Bogotá, en articulación con las parroquias San Pedro Claver y María Reina, una experiencia que hizo visible el propósito pastoral de este primer año del segundo trienio del Camino Discipular Misionero, orientado a Cultivar la Fe, descubriendo que esta crece, se fortalece y da fruto cuando se comparte.

“Quisimos denominar esta misión ‘Callejeando la fe: llamados y enviados a evangelizar’, recordando la invitación del papa Francisco en su momento, y ahora, del papa León, de salir al encuentro; apuesta que va en sintonía con el proceso evangelizador de nuestra Arquidiócesis: Cultivar y nutrir la fe”, desde la escucha, la acción pastoral, la Palabra y la cercanía… “Además, les permitió visualizar ese mañana en la vivencia del ministerio, los desafíos y oportunidades para llegar a estas realidades que nos confrontan y desafían”, precisó el padre Jorge Eliécer Arias, párroco de San Pedro Claver y coordinador arquidiocesano del Cuidado de la Dignidad Humana.
Del Seminario a la calle
La misión comenzó el 22 de junio con la eucaristía de envío presidida por el rector del Seminario Mayor de Bogotá, monseñor Jaime Mancera.
Para el padre Andrés Pérez Lizarazo, responsable de la dimensión apostólica y misionera del Seminario, el propósito era claro: sacar la formación sacerdotal de las aulas y llevarla allí donde hoy se juega la evangelización.
"Cada año realizamos una misión, generalmente rural. Esta vez quisimos vivir una misión urbana y encontramos en esta experiencia una oportunidad para acercarnos a las múltiples realidades sociales que hacen parte del ministerio sacerdotal", explicó.

No fue un cambio de escenario, fue una decisión pastoral: "Hoy más que nunca la evangelización no se vive únicamente dentro de la parroquia. Allí están la Eucaristía, los sacramentos y el acompañamiento, pero la gente ya no siempre llega. Hay que salir a buscarla donde vive, donde trabaja y donde sufre. Allí se juega hoy la misión de un sacerdote", afirmó.
Tocar las heridas de la ciudad
El primer encuentro de misericordia fue con los enfermos: hospitales y viviendas donde el dolor forma parte del paisaje cotidiano. Allí, los seminaristas descubrieron que muchas veces la misión comienza cuando se deja de hablar.

William González Guerrero, seminarista de octavo año de configuración, aún conserva viva una de esas escenas: "En el hospital era tocar a Jesucristo sufriendo con dolores. Muchas veces sobraban las palabras. Bastaba sentarse junto a quien estaba solo, escuchar y, si la persona lo permitía, hacer una sencilla oración".
Aquella experiencia dejó en su corazón y camino vocacional la convicción de que "construir la vida sobre Cristo significa descubrirlo en cada uno de estos contextos. Si uno no encuentra a Jesucristo en estas realidades, la vocación queda en el aire", expresó.
En una de aquellas visitas, otro de los seminaristas escuchó una frase que lo sigue acompañando: "Un señor nos dijo que el proyecto de Dios, desde el principio, era tener hijos y no esclavos. Eso me cambió la mirada. Me ayudó a descubrir que Dios sigue actuando en la vida de cada persona, incluso en medio de las situaciones más difíciles”.
Cuando la noche también se vuelve misión
Durante el tercer día de esta experiencia de Iglesia en salida, en la mitad de la semana, cuando el día caía y muchos regresaban a sus hogares, el grupo de misioneros se preparaba para iniciar un segundo tiempo de acogida, ahora con la llamada ‘Ruta de la Caridad’, desde la que compartieron alimento para sortear el frío bogotano y los dolores del cuerpo, pero, sobre todo, entregaron tiempo, escucha y presencia.
Para el padre Jorge, esa cercanía también permitió escuchar lo que muchas veces permanece oculto: "Encontramos personas que expresaban críticas hacia la Iglesia, pero también otras que nos decían: 'Necesito de Dios y me he alejado'. Fue una experiencia para despertar esa fe que a veces queda escondida entre las preocupaciones y el corre-corre de la ciudad".

"Ha sido una oportunidad para que los seminaristas se encuentren cara a cara con el pueblo de Dios y transmitan la experiencia de la fe. Fue un espacio profundamente enriquecedor para su formación y para nosotros como parroquia... Su experiencia nos ha ayudado a fortalecer nuestra presencia de Iglesia, nuestra pastoral".
Puerta por puerta
El visiteo por las calles del barrio Samper Mendoza se convirtió en uno de los momentos más significativos de la semana.
Puertas que no siempre se abrían, familias que recibían con sorpresa a aquellos jóvenes con camiseta y gorras cuyo diseño y mensaje no siempre era comprendido inicialmente, pero sí ampliamente valorado al ser entendido tras el compartir. 'Callejeando la Fe' pasaba de ser un slogan a una acción concreta, a un compartir de vida.
Padres de familias, jóvenes, adultos mayores, personas enfermas, parejas que deseaban acercarse al sacramento del matrimonio, niños que aún no habían sido bautizados… Cada casa albergaba una historia.

Donde la caridad tiene nombre
La misión también condujo a los seminaristas por algunas de las obras desde las que la Iglesia católica en la capital colombiana acompaña diariamente a las personas más vulnerables.
Recorrieron el Centro Bosconia, el Centro Ambulatorio Medalla Milagrosa, la Casa de las Hermanas Vicentinas, la Fundación El Milagroso, la Fundación San Juan Eudes, la Fundación Alegría de las Hermanas Samaritanas, el ancianato El Señor de los Milagros, plazas de mercado y distintos sectores comerciales, entre ellos Mall Plaza.
En Casa Bosconia, donde se acompaña a niños, niñas y adolescentes migrantes en situación de vulnerabilidad, la presencia de los seminaristas fue recibida como un verdadero signo de esperanza.
"Nuestros niños necesitan conocer el amor de Dios. Para nosotros es muy importante que los seminaristas compartan con ellos la Palabra, los acompañen y les ayuden a descubrir que Jesús camina con sus vidas", expresó Jazmín Mendoza, coordinadora encargada de la Fundación Servicio Juvenil – Casa Bosconia.
En la Plaza de Mercado Las Plantas, el ‘Chocolate para el Alma’ volvió a demostrar que la evangelización también puede comenzar alrededor de una bebida caliente. Comerciantes, trabajadores y visitantes encontraron allí un espacio para conversar, orar y sentirse escuchados.

Una misión que fortalece el tejido comunitario
Aunque los protagonistas visibles fueron los seminaristas, detrás de cada jornada había una comunidad que hizo posible la experiencia.
Más de treinta laicos organizaron desayunos, almuerzos, hospedaje, recorridos y acompañamiento permanente. Ellos, también, terminaron recibiendo mucho más de lo que esperaban:
"Pensábamos que íbamos a ayudar a los seminaristas con la alimentación y acompañándolos en algunos recorridos, pero fueron ellos quienes renovaron nuestra fe. Verlos caminar durante horas, tocar puertas y escuchar con paciencia nos recordó que todos somos discípulos misioneros. Después de esta semana ya no volvemos a mirar igual a nuestros vecinos", compartió una voluntaria de la comunidad parroquial.
"Uno cree que sale a dar, pero realmente es mucho más lo que recibe. El cariño de la gente, la acogida de los servidores y el testimonio de quienes siguen confiando en Dios nutren profundamente la fe", agregó el padre Andrés.
La Adoración Eucarística y el santo Rosario fortalecieron esta salida misionera.
La misión concluyó con la eucaristía celebrada en la parroquia María Reina. Fue un momento de gratitud, esperanza y anhelo de continuar sembrando esperanza y cultivando la fe en cada rincón de esta ciudad-región.
Estos jóvenes en formación para el sacerdocio han regresado al Seminario Mayor con vivencias que alimentan su camino personal y vocacional. Llevan en su corazón nombres, historias, silencios, abrazos; la certeza del llamado a hacer vida el Evangelio, la Palabra, en todo contexto y tiempo. A descubrir que las periferias no son un destino ocasional de la Iglesia, sino el espacio privilegiado donde Cristo continúa esperando a sus discípulos y caminando con ellos.
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