Arquidiócesis propone experiencias "para nutrir la fe"

La Arquidiócesis de Bogotá continúa avanzando en el Camino Discipular Misionero, itinerario pastoral que orienta la vida evangelizadora de la Iglesia arquidiocesana y que busca propiciar, en cada bautizado y comunidad, un encuentro cada vez más profundo con Jesucristo.
Tras el primer tiempo dedicado a “Sembrar la esperanza”, la Iglesia católica en Bogotá ha iniciado el segundo trienio: “Cultivar la fe”. Y dentro de este proceso, el 2026 tiene un énfasis particular: “Nutrir la fe”, una invitación a fortalecer la experiencia cristiana desde la escucha, la acogida y la vivencia de la Palabra de Dios.
En consonancia con este propósito, la Vicaría de Evangelización puso a disposición de parroquias, comunidades y movimientos eclesiales, religiosos, sacerdotes y animadores de evangelización un insumo-cartilla con tres experiencias concretas para ser desarrolladas durante el segundo semestre del año.
Se trata de un proceso articulado que acompaña a las comunidades en un camino progresivo: beber de la fuente que es Cristo, arraigarse en su Palabra y hacer visible la fe mediante el testimonio y la misión.
Un itinerario que busca fortalecer la experiencia de fe
La propuesta responde a una convicción pastoral que atraviesa el Camino Discipular Misionero: la fe necesita cultivarse, alimentarse y traducirse en acciones concretas para mantenerse viva.
Es así como, las tres experiencias están conectadas entre sí, permitiendo a los bautizados descubrir la manera en la que la Palabra de Dios ilumina la propia historia, orienta las decisiones cotidianas y transforma las relaciones personales y comunitarias.
"La fe es un regalo que necesita ser cultivado cada día"
El insumo disponible aquí, destaca la fe como don y fruto del encuentro con Cristo y de la permanencia en Él. En esta línea, la primera experiencia, propuesta para los meses de junio y julio, lleva por nombre “Beber de la fuente, el encuentro orante con la Palabra”.
Inspirada en el pasaje evangélico de la mujer samaritana (Jn 4, 5-42), invita a volver los ojos hacia la propia experiencia de fe, reconocer aquello que la fortalece y aquello que la debilita, para luego avanzar en el encuentro con Jesús como fuente capaz de saciar las búsquedas más profundas del corazón humano.
Se trata, explican desde la vicaría de evangelización, de pasar de una fe recibida o heredada a una fe personal, alimentada por el encuentro cotidiano con el Señor. A partir de momentos de oración y diálogo comunitario, la reflexión se desarrolla siguiendo las preguntas: ¿de qué fuente estamos bebiendo para nutrir nuestra vida espiritual? y ¿cómo podemos generar espacios para que otros también encuentren en Cristo el agua viva que transforma la existencia?
Del encuentro al arraigo
La segunda experiencia, prevista para agosto y septiembre, se denomina: “Buscar, arraigarse y dar fruto”. Orienta en la experiencia personal y comunitaria la comprensión de fe, surgida del encuentro con el Padre, que necesita echar raíces profundas para sostener la vida y generar frutos concretos.
El recorrido parte de la historia personal, iluminada por la experiencia de Moisés, para reconocer las huellas de Dios en la propia vida y asumir la condición de buscadores que caminan tras Él. Posteriormente, el ejercicio se centra en el Evangelio de la vid y los sarmientos (Jn 15, 1-8), donde Jesús invita a permanecer unidos a Él para dar fruto abundante.
A través de esta experiencia se invita a identificar: ¿qué nos ayuda y qué nos impide permanecer en Cristo? Desde allí, como comunidad, “estamos llamados a discernir los frutos que estamos dando y aquellos que estamos llamados a ofrecer en nuestra familia, barrio, ambiente laboral y espacios pastorales”.
Con esta experiencia se afianza nuestro camino de fe, que se fortalece en la medida en que la Palabra se convierte en criterio permanente para pensar, sentir y actuar.
Una Iglesia que es camino y testimonio
El itinerario culmina en noviembre con una tercera experiencia que servirá como insumo para las Asambleas Parroquiales y Eclesiales de base. Bajo el lema “Hacer vida la Palabra: del decir al encarnar”, este momento busca ayudar a las comunidades a reconocer los frutos del camino recorrido y asumir compromisos concretos de evangelización y transformación de la realidad.
La propuesta insiste en que la fe no puede permanecer encerrada en el ámbito personal, está llamada a hacerse visible en las relaciones familiares, en la vida social, en las decisiones cotidianas y en la acción misionera de la Iglesia. Por eso, la Asamblea se plantea como un espacio de comunión, participación y misión, donde juntos, como Pueblo de Dios, la comunidad de fieles discierne los llamados del Espíritu Santo para su territorio y proyecta acciones concretas orientadas a seguir cultivando la fe que se traduce en servicio, fraternidad, compromiso y esperanza.
“Nutrir la fe, recuerdan estos ejercicios, no consiste solamente en aprender más sobre Dios, sino en dejar que su Palabra eche raíces profundas en el corazón y produzca frutos abundantes en la vida cotidiana”.
¡Ven Escucha la Palabra, arraiga tu vida Cristo y
da fruto junto a tu comunidad!
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