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“Yo no te olvidaré”

27 de julio de 2026
Imagen:
de referencia.

Con estas significativas palabras tomadas del profeta Isaías, el papa León ha iniciado su mensaje de este año para la Jornada Mundial de los Abuelos y Personas Mayores, que la Iglesia celebra cada 26 de julio con motivo de la memoria de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Valorar la ancianidad como un don y no como un simple límite natural de los años se pone al centro del mensaje del Papa, redescubriendo así la capacidad de no sentir vergüenza por la debilidad de los años y rescatando la necesidad de ejercer el cuidado en esta etapa especial de la vida. 

Esta singular jornada conmemorativa nació hace algunos años por iniciativa del papa Francisco, quien en su experiencia de fe llevaba muy presente el aporte de sus abuelos en su formación inicial, sobre todo el de su abuela Rosa, a quien consideró su primera catequista. 

Parece paradójico que la Iglesia vuelva su interés hacia los adultos mayores, en medio de un ambiente cultural en Occidente fuertemente marcado por resaltar la fuerza juvenil, la belleza de los primeros años y la competencia laboral desenfrenada. Sin embargo, la sociedad occidental en general y Colombia, en particular, afrontan a diferentes escalas el mismo fenómeno: una acelerada reducción de las tasas de natalidad, hasta el punto de que el papa Francisco calificó este fenómeno como un invierno demográfico, y una creciente prolongación de la expectativa de vida. 

En Colombia esta tasa ha ido en aumento en los últimos años, llegando a situarse hoy en un promedio de 78,2 años. De ahí que la población de adultos mayores se acreciente cada vez con mayor rapidez, haciendo que la pirámide poblacional paulatinamente se vaya invirtiendo. Esta inocultable realidad está generando un cambio social, que se va instalando poco a poco en las vidas de las familias, en el consumo y en las políticas sociales y económicas del Estado. De ahí, el interés de la Iglesia por entregar una enseñanza sobre la dignidad de los adultos mayores en nuestro contexto social, dignidad que, por cierto, se ve amenaza por otros valores que la intentan socavar.

En su mensaje el papa León ha sido enfático en denunciar una de las mayores amenazas que deben enfrentar los ancianos en la sociedad: el miedo a la fragilidad. La edad adulta mayor expresa por sí misma una de las verdades más profundas de nuestra condición humana: somos seres vulnerables, afectados por el paso del tiempo y la enfermedad. 

Nuestro contexto ha exaltado en exceso la capacidad humana de emprender, la creatividad y la fortaleza. Todos estos valores, importantes y estimables, pueden llegar a hacernos olvidar la verdad de nuestra pasajera condición. La existencia de los ancianos nos recuerda en modo permanente que los años van pasando, la belleza física se va extinguiendo y nuestro cuerpo se va haciendo cada vez más débil. Una verdad incómoda que en nuestra época se va paulatinamente escondiendo o, peor aún, olvidando. 

Lamentable es la situación de muchísimos ancianos en nuestra ciudad y país, olvidados por sus familias, relegados al silencio o considerados solamente como una carga por sus enfermedades, desvinculación laboral o situación económica. Igualmente, triste la realidad de aquellos que sintiendo que sus vidas carecen de sentido, porque no pueden responder a las expectativas sociales que los rodean por sus enfermedades o avanzada edad, optan por dar por terminado el curso natural de su vida mediante la eutanasia.

Contrario a estas oscuras perspectivas, el papa León nos ha invitado a valorar a nuestros adultos mayores como un don precioso que enriquece nuestras familias y la sociedad. Las culturas antiguas tenían en alta estima a sus ancianos, porque habiendo recorrido ya las sendas de la vida podían aconsejar con sabiduría y aplomo a las generaciones que se estaban formando. 

Más que los populares influencers y coaches que abundan hoy en las redes sociales nuestras jóvenes generaciones tienen necesidad de la sabiduría de sus mayores para tomar decisiones adecuadas y construir redes humanas y comunidades de fe más sólidas. Ojalá, siguiendo el mensaje del Papa, no los olvidemos, los cuidemos y los escuchemos. 

Fuente:
Dirección - elcatolicismo.com.co
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