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Ya llega la Pascua

30 de marzo de 2026
Imagen:
de referencia.

Con la conmemoración de la solemne entrada de Jesús a Jerusalén han llegado los días santos de este año 2026, que nos preparan para vivir la fiesta más importante de nuestra fe: el triunfo de Cristo sobre la muerte, su resurrección gloriosa y, con ella, la posibilidad para todo creyente de vivir una vida diferente, animada por el Espíritu Santo.

Este año la celebración de la Pascua del Señor viene enmarcada en un contexto de fuerte conflicto mundial por las tensiones generadas en el medio oriente, un contexto económico incierto debido a la inestabilidad de los mercados mundiales y diversas tensiones causadas por el proceso electoral nacional que se muestra como altamente inquietante. Las sombras de nuestra actual realidad social y política amenazan con entenebrecer la serenidad de estos días de oración y encuentro con el Señor.

Con todo, es en el momento de mayor oscuridad donde se ha realizado la Pascua de Jesús. Cuando ya no había ninguna otra humana posibilidad, cuando la muerte reinaba definitivamente sobre el maestro crucificado, cuando su obra de milagros y predicación parecía finalmente derrotada, ha brillado la gloria de Dios, haciendo salir de la muerte la vida y abriendo para Jesús, y con Él para la humanidad entera, las puertas del reino eterno, la participación en la vida divina, perdida por causa del mal desde tiempos antiguos. Esta obra prodigiosa, la más grande, el fundamento último de nuestra fe (cf. 1 Cor 15,14) se ha manifestado cuando ya no había más esperanza y no quedaba ninguna otra alternativa. La luz de la Pascua ha resplandecido en medio del dolor, del abandono y del sufrimiento. Ella se ha hecho presente por la gracia del Señor, no la hemos confeccionado nosotros por nuestros propios esfuerzos.

Esta fuerza de la resurrección nos lleva a comenzar las celebraciones de esta Semana Santa con la plena convicción de que el Señor una vez más, en medio de las incertidumbres y divisiones humanas de estos tiempos se manifestará con potencia. Esta alegre esperanza nos hace anhelar, desde la fe, que el encuentro con Cristo resucitado nos llene también a nosotros de luz y de paz. Lo esperamos con expectativa para que este año podamos experimentar de nuevo la fuerza de la fe en el Resucitado en medio de tantas oscuridades. 

Reflexionando sobre la llegada de la Pascua en medio de situaciones mundiales y nacionales complejas, podemos recordar aquella enseñanza de los rabinos judíos que afirma que la noche de la Pascua viene a nosotros y no vamos nosotros a ella. Es Cristo resucitado quien viene en nuestra búsqueda en todas las celebraciones litúrgicas que viviremos durante esta semana. No somos nosotros quienes dedicaremos unos días a la oración, a la reflexión, al reposo del cuerpo para cultivar la fe. No es del todo así. Es el Señor quien, en su amor por cada uno, provee unos días de pausa para que Él, con la fuerza de su gracia, vencedor de nuestros miedos al futuro, pueda salir a nuestro encuentro para hacernos partícipes de su vida nueva.

Se nos invita entonces a disfrutar y aprovechar con dedicación y entusiasmo estos días santos. Sus liturgias cargadas de signos nos ayudarán a experimentar el amor de Dios, que, haciéndose hombre y servidor de todos en Jesús de Nazaret, ha querido presentarse ante nosotros desde la sencillez y la mansedumbre. Cada día tendrá su sentido especial y serán un impulso en nuestro camino de creyentes para que en este 2026 podemos cultivar con mayor conciencia nuestra fe, como nos ha invitado nuestro arzobispo en este trienio dedicado a ese don maravilloso. 

El Jueves Santo nos pondrá de presente a Cristo como servidor, quien se abaja a nuestros pies para purificarnos y darnos la posibilidad de amar a nuestro prójimo desde su entrega en la eucaristía; el Viernes Santo nos mostrará el misterio de la cruz, camino de salvación, donde cada sufrimiento de la humanidad puede adquirir sentido y convertirse en amor. Luego, el Sábado Santo con su solemne silencio nos preparará a la intervención gloriosa del Señor de la luz y, finalmente, con la Vigilia Pascual se inaugurará un tiempo nuevo, de cincuenta días donde podremos gozar ya en esta vida del poder del Señor resucitado sobre nuestros miedos, esclavitudes, inseguridades y sobre el mal que tantas veces nos agobia y nos intranquiliza.

Vivamos estas celebraciones con intensidad para que la Semana Santa de este año no sea solamente un reposo de las rutinas cotidianas sino el encuentro con Cristo, con su luz victoriosa, que irradie sentido y alegría sobre nuestras labores diarias. ¡Buena y provechosa Semana Santa para todos nuestros lectores! 


Dirección - elcatolicismo.com.co

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