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Una paz desarmada y desarmante

16 de marzo de 2026
Imagen:
de referencia- news.un.org (ACNUR/Bassam Diab).

Fueron estas algunas de las primeras palabras pronunciadas por el papa León XIV en su presentación al mundo en la Logia de las Bendiciones hace casi 10 meses, a pocas horas de su elección como Sumo Pontífice. Llamó la atención que su primera intervención citara las palabras de Jesús resucitado a sus discípulos entregándoles el don de la paz, y que desde el inicio extendiera una invitación al mundo entero para promoverlo y defenderlo. 

Su presencia en el balcón, tranquila y sencilla, se mostró también en aquel momento como intervención divina para custodiar el don de la paz en las relaciones eclesiales, familiares e internacionales. 

Se vivían especialmente en Europa tiempos turbulentos desde el 2022 cuando inició la primera invasión en este siglo de una gran potencia a un país que no presentaba ninguna amenaza bélica, situación que no se veía desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Otro foco de tensión mundial permanente se desarrolló a partir del ataque terrorista de Hamas a Israel contra civiles inocentes el 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva del gobierno israelí sobre el territorio de Gaza, causando miles de muertos y desplazados, así como una catástrofe humanitaria sobre la población local. 

Este panorama de progresiva confrontación bélica parecía mostrar la creciente cercanía de una tercera guerra mundial en pedazos, como lo había vaticinado el papa Francisco desde 2014. La llamada serena y certera a la paz hecha por el papa León en aquella tarde primaveral de mayo era, por tanto, más que necesaria y urgente frente a la agudización de los conflictos en diferentes zonas geográficas y culturales. 

Hace 15 días el mundo entraba en otro momento de fuerte tensión bélica cuando en una operación conjunta entre Estados Unidos e Israel se decidió atacar a Irán, destruyendo varias de sus instalaciones militares y estratégicas principales y dando de baja a su principal líder político y religioso Alí Jamenei. 

Aunque con una fuerza militar diezmada, Irán se dio al contrataque bombardeando a varias instalaciones civiles de aliados estadounidenses en el Golfo Pérsico y también a Israel. Además, la nueva dirigencia iraní encabezada por Mojtabá Jameneí, hijo del fallecido dirigente, ordenó el cierre completo del estrecho de Ormuz, paso marítimo obligado del 20% del comercio mundial de petróleo. Esta decisión ha hecho que la guerra se extienda rápidamente al campo comercial, ya que desde hace algunos días el precio internacional del petróleo no para de crecer, afectando así los mercados globales. 

Dos semanas después de iniciarse las confrontaciones el conflicto no parece ceder. Lamentablemente, las acciones bélicas se han ido extendiendo a otras naciones. Israel ha tomado la decisión de invadir el sur del Líbano para combatir a Hezbolá, un grupo terrorista activo en esta región, apoyado y financiado por el gobierno iraní. Así, el ruido de las armas en estas pocas semanas se ha acrecentado. 

Aunque el gobierno de los Estados Unidos reconoció que la iniciativa bélica no iba a ser de cortísima duración, hasta el momento no ha sido aclarado cual sería el plazo para finalizar la intervención bélica, tanto en Irán como en el sur del Líbano.

Ante este sombrío panorama, el papa León, amigo de la paz desarmada y desarmante, volvió a elevar desde la plaza de San Pedro su voz ante el mundo el domingo pasado para que los actores del conflicto se sienten prontamente a negociar y depongan las acciones bélicas que destruyen vidas y no permiten el normal desarrollo de los pueblos. 

Utilizó una sugestiva frase para referirse a la ineficacia de la guerra para crear justicia: “¡Que cesen las hostilidades, que se reanuden caminos de diálogo!  La violencia nunca podrá llevar a la justicia, la estabilidad y la paz que los pueblos esperan”.  Dios permita que en esta Cuaresma se abran negociaciones para que la violencia no se expanda por los demás países del medio oriente, siempre en medio del riesgo de una escalada armada. 

Sean nuestras oraciones en este tiempo penitencial para que, superando las divisiones y la violencia, todos estos pueblos puedan vivir, con sus diferencias culturales y religiosas, en el respeto mutuo; y que sus poblaciones puedan ejercer de nuevo sus plenos derechos civiles para alcanzar un auténtico desarrollo humano. 


Dirección - elcatolicismo.com.co

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