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Una luz brilla en las tinieblas

7 de abril de 2026
Imagen:
de referencia: Tomada de @ParroquiaSanMiguelCol

Una vez más ha llegado la fiesta principal de nuestra fe y hemos vivido la alegría de la noche de Pascua. Hemos podido como comunidad celebrar la victoria de Cristo sobre la oscuridad, sobre el mal y el pecado en medio de la noche santa, la única conocedora de la hora en que Cristo resucitó, como lo canta el pregón pascual. 

Las fiestas de la Pascua nos han llenado de esperanza y de fe en la gracia divina; de fe en la posibilidad de que tantas vidas sean transformadas por la potencia de la resurrección y todos podamos participar de un espíritu nuevo. 

La Noche de la Pascua, pasándonos de las tinieblas del miedo y el encierro a la luz del perdón recibido y la gracia del amor entregado por Cristo, fortalece nuestra experiencia creyente y nos da confianza para caminar hacia un futuro luminoso. Se puede afirmar con la antigua tradición de la Iglesia que los creyentes vivimos nuestra fe de Pascua en Pascua hasta nuestro paso definitivo de este mundo al Padre. La fuerza de esta noche santa no se apaga, sino que irradia su potencia en cincuenta días de celebración gozosa hasta Pentecostés.

Esta celebración pascual del 2026 se ha vivido en el contexto del primer año del trienio de la fe, convocado por nuestro arzobispo en toda la Arquidiócesis de Bogotá para cultivar este don maravilloso que nos permite el acceso a la vida de la gracia. Sea esta cincuentena pascual que hemos iniciado una ocasión privilegiada para afianzar aún más nuestra confianza en el Señor, potente vencedor de la muerte y para caminar detrás de su designio de amor para cada uno de nosotros.

Todo este contexto de profunda alegría no cierra nuestros ojos a la cruda realidad que atraviesa nuestro mundo y nuestro país, marcada por guerras, controversias y polarizaciones crecientes. Desde el Vaticano el papa León ha enfatizado en sus diferentes mensajes y homilías con motivo de la Semana Santa su llamado a buscar la paz como bien supremo de la sociedad. 

Luego de haber celebrado con solemnidad y regocijo la vigilia pascual, en la mañana de Pascua en su mensaje Urbi et Orbi (a la Urbe y al mundo) el Pontífice instó con fuerza a las naciones a deponer las armas y a volver a apostar por la reconciliación y el diálogo. El mensaje fue claro y directo, aunque no hubo referencias directas al conflicto en el medio oriente o a la guerra en Ucrania. La actitud prudente del Pontífice fue criticada injustamente en algunos medios de comunicación como tibia y decepcionante. En realidad, las palabras del Papa obedecen a una postura firme en la búsqueda de la paz mundial sin entrar en controversias políticas con líderes específicos que pueden llegar a entorpecer un posible camino de diálogo en lugar del propiciarlo. Aplausos al papa León por su postura constante, desde el primer día de su ministerio petrino, en favor de la paz y en contra del uso de la violencia contra los pueblos.

En nuestro país, en términos generales, se vivió una Semana Santa y una Noche de Pascua en un ambiente de tranquilidad y reflexión. Sin embargo, fue lamentable la manifestación de un pequeño colectivo que en el marco de una autodenominada “procesión satánica” gritó agresivamente consignas contra la fe y realizó gestos violentos contra los creyentes desde los atrios de varias iglesias del centro de la capital el Viernes Santo, día de especial reverencia y solemnidad. 

Es entendible que en una ciudad como la nuestra no todos los ciudadanos compartan la fe en Cristo e inclusive, que muchos se opongan a ella, pero aquello que es inaceptable es que se vulnere el derecho a la libertad religiosa, afectando la pacífica celebración de unos actos litúrgicos que pretenden generar paz y reconciliación en las personas que participan de ellos. Aplausos para la Dirección de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior, quien mediante un acertado comunicado rechazó estos actos violentos e instó a todos los actores sociales en nuestra ciudad al respeto por las diferentes creencias y a la sana convivencia. Es precisamente con gestos de respeto social mutuo que se construye un país en paz y no con palabras y gestos de odio y discriminación. 

La luz pascual nos impulse en estos días a todos los que creemos en Cristo a llevar a nuestros hermanos, creyentes o no, el don de la paz que brota de un corazón reconciliado con Dios, consigo mismo y con los demás.  


Dirección - elcatolicismo.com.co

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