Incendios y cuidado común
Ha entrado de lleno en nuestro país el fenómeno de El Niño. Los expertos dicen que esta sequía se prolongará hasta febrero o incluso hasta marzo del próximo año. Mientras que el Océano Pacífico continúa sufriendo altas temperaturas, también los termómetros en el territorio nacional se elevan por encima del promedio, especialmente en la costa Caribe. Igualmente, la lluvia comienza a escasear en las zonas andina, caribe y pacífica, incrementándose el riesgo de sequía prolongada y de incendios forestales.
El pasado fin de semana las conflagraciones se extendieron por zonas de Boyacá, Tolima y Valle del Cauca. El más publicitado de estos incendios fue el que se desató en el cerro de San Marcos en Villa de Leyva. La histórica población se vio amenazada por los vientos que empujaban las llamas cada vez más cerca de su casco urbano, haciendo que varias de sus tradicionales casas y hostales tuvieran que ser desalojados. Hasta el momento de esta publicación el foco principal del incendio seguía sin controlarse.
Aunque se ha señalado que la principal causa de estas conflagraciones es la sequedad extrema del terreno, también en el caso de Villa de Leyva como en otros más, se ha acusado a manos criminales que estarían detrás de estas penosas acciones. Se hace necesario entonces investigar y aplicar todo el peso de la ley a estas personas inescrupulosas que ponen en riesgo la fauna entera de una región y sobre todo a sus pobladores. Son actos absolutamente condenables y que deberían ser penalizados con dureza.
Dejando aparte estas acciones criminales, la difícil situación climática del país generada por el fenómeno de El Niño nos invita a una mirada más amplia, que apunta a diversos grados de responsabilidad sobre todos los miembros de la sociedad. No podemos simplemente olvidar el empeño personal en buscar la solución de esta crisis, entregando solamente la responsabilidad final al gobierno nacional, culpando a conglomerados criminales o desentendiéndonos de los efectos de este fenómeno, atribuyéndolo a un ciclo climático pasajero. Todos estamos sufriendo sus consecuencias y todos estamos llamados a tomar parte en las medidas que buscan su solución.
Como nos invitó el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado del medio ambiente: “Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente” (No. 211). Es, por tanto, tarea individual crear el hábito de acciones precisas que puedan palear este momento de dificultad y ayudar a que entre todos lo podamos superar. Se hace necesario utilizar menos energía de la que actualmente estamos consumiendo. Por eso, apagar luces, desconectar aparatos que no se estén utilizando y encender solamente aquellos electrodomésticos que se consideran de uso indispensable, ayudaría significativamente al ahorro de energía y a impedir que, debido a la falta de lluvias y previsión de quienes debieron tomar las medidas a su debido tiempo, el país vuelva al tenebroso apagón que vivimos 30 años atrás. Está en nuestras pequeñas acciones poder evitarlo.
Por otro lado, ante la falta de lluvias se hace necesario que manejemos el agua de forma cada vez más responsable y consciente. De ahí que, como ocurrió hace pocos años en Bogotá, es indispensable tomar medidas personales de ahorro como hacer duchas más cortas, no desperdiciar el preciado líquido lavando carros en la calle o fachadas y reutilizar en inodoros y jardines la escasa agua lluvia que recibimos.
Pareciera que estas sencillas acciones no fueran a crear el impacto necesario para superar los efectos de la crisis climática que estamos atravesando. Sin embargo, como también Francisco nos enseñó, la suma de pequeños actos puede transformar el planeta y mejorar la calidad de vida de todos. En este mismo sentido, el papa León nos exhortó a los creyentes al cuidado de la Casa Común como un acto de fe, resaltando que las acciones que cuidan del medio ambiente son un medio efectivo para amar a Dios y al prójimo.
Pongamos en acción nuestra caridad cristiana ahorrando energía, utilizando sabiamente el agua, desperdiciando menos y cuidando nuestros parques y bosques. Así, uniendo nuestros esfuerzos, daremos un aire de respiro al país en estos momentos de calor y ejerceremos entre todos responsablemente el cuidado del planeta, nuestra Casa Común.
Fuente: Dirección - elcatolicismo.com.co
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