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Editorial

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La tarea es anunciar a tiempo y destiempo

Imagen:
Educati Magis
Una mirada rápida a las corrientes culturales dominantes en casi todo el mundo

Dejan a la vista un panorama que pareciera querer borrar toda huella de cristianismo en la vida individual y social. Los temas se repiten con mayor vehemencia cada día: la mirada sobre la vida, en sus inicios y en su final, pero también a lo largo de la misma; la realidad matrimonial y familiar ha sido triturada sin ninguna consideración; los pobres y los emigrantes son vistos cada vez con mayor desprecio por la cultura dominante;  la falta de respeto a los derechos humanos por regímenes autoritarios que se multiplican sin límite alguno y también en algunos sistemas  de gobierno aparentemente menos drásticos e injustos; la prevalencia brutal del capitalismo por encima de cualquier consideración del bien común y del cuidado de los más vulnerables.

En estos y muchos otros temas, gran parte del mundo y la cultura actuales, se mueven en dirección muy diferente, cuando no totalmente contraria, a lo que el Evangelio, la Sagrada Escritura, el magisterio de la Iglesia y el pensamiento cristiano contienen como enseñanza propia y don para toda la humanidad.

Por momentos pareciera que es inútil oponerse a la ola incesante de cuestiones vitales que omiten de cualquier modo una referencia a Dios o simplemente lo rechazan de plano.

No ayudan para nada los grandes medios de comunicación y mucho menos las famosas redes sociales, casi todo en manos de esta forma de pensar sin referencia a Dios ni a nada sagrado. Y en medio de esta tormenta cultural actual, los cristianos se sienten como navegando en una pequeña barca que en cualquier momento podría irse a pique. Son, sin duda, tiempos difíciles para la fe cristiana, para la fe religiosa en general, y para la idea de Dios, del hombre y del mundo contenida en las escrituras sagradas.

¿Qué hacer, se pregunta el pensador cristiano? ¿Qué hacer, se pregunta la Iglesia toda?

La pregunta ya contiene una primera posición: no escapar. Algo se puede y se debe hacer. Tampoco es hora de las catacumbas. Todavía es posible anunciar el Evangelio y, como lo escribe Pablo de Tarso, hay que hacerlo a tiempo y a destiempo. Y el Papa Francisco, hablando recientemente del tema del aborto, hizo énfasis en la urgencia de hablar de ese tema, y seguramente de todos los que son vitales, con un claro acento pastoral. Y todo lo pastoral tiene que ver con salvar a las ovejas, al hombre y a la mujer de todos los tiempos.

No basta con condenar lo que se aleja de Dios. Hay que hacerlo con valentía. Pero hay que ofrecer caminos de salida y saber dar razón de la esperanza cristiana, como lo enseña el apóstol Pedro.

El mundo actual, la cultura contemporánea, están devorando discursos todos los días, la mayoría de ellos sembradores de incertidumbre y desesperanza. El cristianismo y la fe cristiana nacen de la predicación, también lo afirma el apóstol de los gentiles. Así, entonces, entre las muchas tareas que se pudieran escoger hoy para realizar desde la Iglesia, quizás haya que acentuar la predicación y la enseñanza, el acercamiento sereno, racional y con fe a las Escrituras Sagradas.

La Iglesia, con sus obispos, sacerdotes y diáconos, con sus catequistas y profesores de religión, con los padres de familia, con todos sus agentes de evangelización tendrían que priorizar sin tardar la tarea de la predicación a tiempo y a destiempo y por todos los medios a la mano. El primero es la liturgia, lugar diario de evangelización, como lo enseña Benedicto XVI. Y aprovechar cada vez más todas las redes de comunicación que se tienen hoy a disposición de quien las quiera utilizar.

Pero no concluyamos sin anotar la necesidad de una predicación y enseñanza actualizadas, inteligentes, en sintonía con los problemas de los hombres y las mujeres de hoy, bien sustentadas y atractivas desde todo punto de vista. Que el Evangelio, en boca de todos los miembros de la Iglesia, vuelva a ser una Buena Nueva, por encima de cualquier otra consideración

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
Fuente:

OAC

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