El pasado 19 de marzo en la solemnidad de San José se vivió una celebración eclesial que pocas veces tiene lugar. Se reunieron en la sede del Seminario Mayor, en la calle 94 con carrera 7, más de doscientos sacerdotes y una decena de obispos egresados de esa institución formativa. El motivo: conmemorar los 80 años de la inauguración de esta sede del Seminario, edificio de alto valor simbólico y arquitectónico, querido y liderado con celo pastoral por monseñor Ismael Perdomo, arzobispo de Bogotá, quien desde los años 30 buscó con decisión construir una sede más adecuada para las instalaciones del seminario arquidiocesano. El proyecto finalmente se concretó en las afueras de la zona norte de la ciudad, en lo que en aquel entonces era un rincón apartado de la Hacienda “El Chicó”, bajo el auspicio de la señora Mercedes Sierra, acaudalada y generosa propietaria de esta y otras haciendas en Cundinamarca.
El edificio de sobrio estilo neorrománico fue concluido en diciembre de 1946 y desde entonces se ha convertido en un referente estético y espiritual de Bogotá.
Más allá de su construcción elegante y digna, la edificación representa el trabajo de la iglesia arquidiocesana durante generaciones en la formación de sacerdotes que han guiado comunidades católicas a la luz del Evangelio, en la capital y en distintas regiones de Colombia.
Un nutrido grupo de obispos que han aportado su visión pastoral y su celo evangelizador en numerosas iglesias locales, también se formaron en este seminario. Son ellos los que han tenido sobre sus hombros la responsabilidad de conducir los destinos pastorales en varias diócesis y, por tanto, de expandir la alegría del amor de Dios por medio de la presencia de la Iglesia en diferentes espacios de la geografía nacional.
El aporte del Seminario Mayor con su propuesta educativa humana y cristiana ha sido fundamental para que cada uno de ellos haya podido realizar con entrega y sabiduría su misión de pastoreo, en medio de los limites humanos, propios de la acción evangelizadora.
Por sus espacios amplios, además, han transitado diferentes generaciones de jóvenes católicos que no han llegado a recibir las ordenes sagradas pero que se han beneficiado de la propuesta formativa del Seminario, llegando a influenciar con la fe recibida en los años de la juventud sus campos de desarrollo profesional y a formar familias cohesionadas bajo los valores del Evangelio. El Seminario ha sido para ellos espacio formativo indispensable y laboratorio de construcción de una sociedad más justa y humana.
Valga la pena mencionar también aquí a todos los religiosos, religiosas, profesores, profesionales y trabajadores que desempeñando sus servicios desde los espacios luminosos de ese recinto han dado su aporte invaluable en la formación de los futuros líderes religiosos de la Iglesia católica en Bogotá.
Es entonces motivo de enorme agradecimiento al Señor la maravillosa construcción que ha albergado al Seminario Mayor durante los últimos 80 años y los abundantes frutos que en ese lugar se han cultivado y recogido. Con todo, la historia no se detiene y este aniversario es tiempo también para mirar al futuro con realismo y esperanza ante los retos que el ambiente social nos impone.
La formación sacerdotal hoy no presenta los mismos desafíos que tenía hace algunas décadas. Estamos en medio de un creciente proceso de secularización de la sociedad colombiana y ante la aparición de una ciudad cosmopolita con dinámicas cada vez más insertas en la globalización y el pluralismo cultural.
Existe hoy más que nunca necesidad de sacerdotes. Sacerdotes que respondan a los nuevos retos con una preparación adecuada para estos tiempos: con una fe en Cristo sólida, una posición valiente frente a los enormes desafíos del diálogo cultural y capaz de caminar conjuntamente con las comunidades parroquiales en sus vivencias cotidianas con amor y sencillez.
El reto para la formación en nuestra época es enorme pero no debe desanimarnos. El Señor provee siempre de pastores para su rebaño. Es nuestra tarea animarlos, acompañarlos y prepararlos. Seguramente contemplar la belleza y austeridad de edificio del Seminario Mayor nos dará ánimos para responder a estos apremiantes retos con acierto y esperanza.
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