Ante el crecimiento de las desigualdades en el ámbito sanitario, el Papa León XIV declaró este miércoles que “la salud no puede ser un lujo para pocos”, sino que es “una condición esencial para la paz social”.
Esta afirmación la realizó durante una audiencia en el Vaticano con los participantes en el Congreso “¿Hoy quién es mi prójimo?”, organizado por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, por la Organización Mundial de la Salud y por la Conferencia Episcopal Italiana.
En el marco de este evento, se publicará el segundo “Informe europeo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el estado de la equidad en la salud”, cuyo propósito es llamar a la atención sobre la situación de muchos europeos “que experimentan en lo cotidiano la pobreza, la soledad y el aislamiento”, señaló el Pontífice.
A lo largo de su intervención, el Papa León XIV alertó sobre el aumento de las desigualdades sanitarias e instó a prestar una “atención urgente” a la salud mental, en particular de los jóvenes, “porque las heridas invisibles de la psique no son menos graves que las visibles”, precisó.
Remarcó que la cobertura sanitaria universal debe ser “un imperativo moral para las sociedades que quieren definirse justas” e insistió en que el cuidado de la salud debe ser accesible a los más vulnerables, algo “requerido por su dignidad” que evita que “una injusticia se convierta en semilla de conflictos”.
En este contexto, les invitó a preguntarse “quién es su prójimo” y a acudir hacia todo aquel que está sufriendo. “La distancia, la distracción, la habituación a la visión de la violencia y de los sufrimientos ajenos nos empujan hacia la indiferencia”, advirtió.
Por ello, destacó que los cristianos están llamados “a fijar la mirada en quien sufre, en el dolor de las personas solas, en cuantos por diversos motivos son marginados y considerados como ‘descartes’, porque sin ellos no podremos construir sociedades justas, a medida de la persona”.
El Pontífice reiteró que “es ilusorio pensar que, ignorando a estos hermanos y hermanas, sea más fácil alcanzar una condición de felicidad”.
“Solo juntos —agregó— podremos construir comunidades solidarias y capaces de cuidar de cada uno, en las que se desarrollen bienestar y paz, en beneficio de todos. Cuidar la humanidad del otro ayuda a vivir la propia”, afirmó.
Al término de su discurso, el Papa señaló que las Iglesias en Europa y en el mundo, en colaboración con las organizaciones internacionales, “pueden desempeñar también hoy un servicio determinante en la lucha contra las desigualdades en el ámbito sanitario, en favor de las poblaciones más vulnerables”.
Por último, exhortó a que “en nuestro estilo de vida cristiana no falte nunca esta dimensión fraterna, ‘samaritana’, inclusiva, valiente, comprometida y solidaria, que tiene su raíz más íntima en nuestra unión con Dios, en la fe en Jesucristo”.
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