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Una Iglesia reunida en el nombre de Jesús

6 de septiembre de 2026
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En el capítulo 18 san Mateo nos recuerda las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, y en ellos a los cristianos de todos los tiempos: ¿Qué hacer con los hermanos pecadores? ¿Cómo tratarlos? La corrección fraterna y el perdón, ambas actitudes son imprescindibles para que la Iglesia sea verdaderamente una comunidad de hermanos.

Vivir la fraternidad desde el perdón sincero para que la Iglesia sea lo que Jesús quiere: una comunidad de hermanos, es decir, reunida en su nombre. reunirse en el nombre de Jesús…

Es la presencia de Jesús en medio de su Iglesia la que ha hace que el Padre escuche nuestra oración y la que ha de movernos a todos a buscar al hermano descarriado.

En la 2ª. Lectura san Pablo nos enseña que el amor mutuo es la virtud suprema del miembro de una comunidad cristiana. En la comunidad puede haber problemas de convivencia, rivalidades, escándalos, ofensas personales ¿Qué hacer entonces para que la Iglesia sea de verdad una comunidad de hermanos, reunida en el nombre de Cristo el Señor?

Si un hermano se ha separado de la comunidad, hay que hacer todo lo posible para que él vuelva; desde las expresiones más sencillas como saludar, acoger, escuchar, acompañar, hasta la corrección fraterna para ayudarle a regresar. El perdón y la corrección fraterna son imprescindibles; es el camino que nos propone el Señor Jesús.

Todos cometemos equivocaciones o errores en la vida; por eso necesitamos empezar de nuevo todos los días; necesitamos una nueva oportunidad, necesitamos la caridad de los demás hermanos. Es así como abrimos camino al Reino de Dios, Reino de misericordia, de justicia y de amor, y a la edificación de una Iglesia fiel a Jesús; más cercana a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo, en particular a los que sufren en el alma o en el cuerpo.

Es que la fe en el amor de Dios tenemos que aprender a vivirla siempre en el seno de una comunidad, formada por seres humanos, compartiendo con hombres y mujeres históricos, no con ángeles; compartiendo la presencia de Jesús y la misma esperanza en su venida gloriosa en medio de todos y con todos, sin excluir a ninguno. Eso es lo que mejor hace brillar en la Iglesia el rostro de Cristo.

Si la venganza, el rencor, el desprecio al hermano llegaren en algún momento a tener cabida entre nosotros, querría decir que poco o nada sabemos de Aquel que se hizo hombre, que nos perdona a todos, que nos dejó su Cuerpo y Su Sangre, y dio su vida por todos.

La vida de fe de las comunidades cristianas tiene que estar siempre centrada en la Persona de Jesús, en su Palabra, en su ejemplo de vida, no en intereses personales, no en novedades caprichosas, no en falsos protagonismos. Y será el pastor de esas ovejas quien las guíe con la Palabra, con el Sacramento y con el ejemplo de su vida.

¿Sabemos reunirnos en el nombre de Jesús, atraídos por Él, animados por su espíritu? ¿Es Jesús la razón, la fuente, el aliento, la vida de ese encuentro? ¿Es la celebración de la Eucaristía una reunión en el nombre de Jesús? Si queréis hermanos vivir el Evangelio, reuníos siempre en el nombre de Jesús y oremos con los hermanos y por los hermanos.

*Padre Carlos Marín G.

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