El Papa pide superar la indiferencia y acoger como hijos propios a los menores migrantes

El papa León XIV pidió superar la indiferencia y acoger a los menores migrantes como hijos propios en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre y que fue dado a conocer por la Santa Sede.
En el mensaje, que lleva por título el lema de esta jornada, Incluso uno solo de estos pequeños, el Pontífice destaca que "los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales", subrayando que su sufrimiento no se limita al desplazamiento.
"Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas"
En este sentido, enumera que pierden a padres, madres, hermanos y amigos; son testigos de "una violencia indescriptible"; aun viajando con sus padres, están "expuestos a condiciones extremas y traumáticas"; y muchos de ellos "son separados de sus padres a causa de la repatriación".
A estas circunstancias, "se suman otras tragedias" como la muerte, la trata y la explotación, el reclutamiento militar, la violencia sexual, los matrimonios forzados y "las atrocidades sufridas y presenciadas", motivo por el cual León XIV destaca que "su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas".
Pese a todo, el Pontífice valora que "en medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad" de quienes deciden "no desviar la mirada hacia otro lado", en un compromiso personal o institucional con el que "dan testimonio de que el amor puede vencer la indiferencia".
"Llamados a realizar un acto de humanidad y de fe"
"El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí". Tomando como referencia estas palabras de Jesús, el Papa recuerda que todo ser humano posee una dignidad infinita y es "imagen y semejanza de Dios" y "presencia del Señor", de tal manera que ante cada menor emigrante estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe".
Pensando en que los menores "se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad", esta llamada se ha de concretar es dos acciones: "intervenir en los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir" así como "ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada".
Llamamiento a la responsabilidad
"No podemos permanecer indiferentes ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento", añade el Pontífice quien, en un llamamiento a la responsabilidad, ofrece pautas para la vida personal y eclesial, en el marco de las distintas religiones y en el contexto de las instituciones civiles.
Así, invita a cada persona "a abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente".
A las instituciones eclesiales, León XIV pide "convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante" que no se limite a delegar en quienes tienen un carisma específico:
"Toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios hijos". Además, pidió "integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes como miembros de pleno derecho de la familia eclesial", promoviendo itinerarios educativos y espirituales "que superen la lógica del puro asistencialismo".
Por otro lado, ha señalado que "la vulnerabilidad de los más pequeños no conoce fronteras confesionales", de tal manera que "se convierte en un terreno fértil para un diálogo interreligioso concreto".
En referencia a las instituciones civiles, públicas y privadas, el Papa León XIV señala que "están obligadas a situar en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente", mediante instrumentos jurídicos eficaces de protección y "promoviendo la reunificación familiar y evitando los traumas de la separación".
"Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos", añade el mensaje que concluye encomendando a los menores migrantes y refugiados "a la protección maternal de María Santísima, quien, junto a San José y Jesús, aún niño, conoció la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio a Egipto".
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