Pasar al contenido principal
#397dff

Las proclamó y el mismo las vivió

1 de febrero de 2026
sd

Dichosos los pobres, los sufridos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, dichosos vosotros cuando os persigan y calumnien, son las Bienaventuranzas. El Señor las proclamó y Él mismo las vivió. Las mismas que tan bellamente canta el salmo 175, y que san Pablo enseña a la comunidad cristiana de Corinto I, 26-31.

Es como si los discípulos de Jesús hubiésemos sido invitados a escuchar la más bella de las oberturas cantada desde un monte, el nuevo Sinaí, que acaba convirtiéndose en la más perfecta síntesis de la vida cristiana y del camino que conduce al gozo y a la alegría, a la verdadera felicidad. Es el Evangelio, es el anuncio de la llegada del Reino. Un gozo, una alegría que no se compra y que solo Dios nos puede dar.

Vean cómo lo describe san Marcos 1, 1-39: «En la Sinagoga Jesús enseña de una manera nueva, llena de autoridad, no como lo hacen los escribas; los espíritus inmundos le obedecen; su fama se extendió por todas partes. Es el santo de Dios. En la casa de Simón y de Andrés la suegra de Simón no tuvo más fiebre porque Jesús la tomó de la mano, curó muchos enfermos y expulsó muchos demonios, y todos lo andaban buscando».

Es Jesús que anuncia la Buena Noticia, es la salvación, no solo para los galileos, sino para hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación. Ya no tenemos que vivir de la ley de Moisés, sino del Evangelio de Jesús, que quiere hacer de la humanidad una familia fundada en el amor.

Hermanos: si construimos nuestro proyecto de vida cristiana según el espíritu de las Bienaventuranzas, seremos consolados, alcanzaremos misericordia, veremos a Dios. Habremos vivido el Evangelio, camino de santidad.

Si las vivimos estaremos respondiendo a la ausencia de humanidad en medio de la cual estamos viviendo hoy en nuestra

amada patria colombiana. No estaremos dejando extinguir la sed de justicia, sino manteniendo viva nuestra capacidad de reaccionar ante el sufrimiento de tantos hermanos.

Es lo que nos pide el Dios de las Bienaventuranzas, es el camino trazado por Él mismo para que alcancemos la verdadera felicidad en la tierra y la eterna en el cielo. Encontremos en ellas una luz nueva para el momento que estamos viviendo. Sin Dios y sin religión nunca seremos un país más civilizado, más humano, más digno de respeto y admiración.

Dios será la felicidad de los que en la tierra sufren, de los que lloran, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los misericordiosos, de los limpios de corazón, de los que trabajan por una paz verdadera, de los que dan testimonio de su fe en Dios y en su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

*Padre Carlos Marín G.

Aumentar
Fuente
Disminuir
Fuente

Otras noticias

#397dff
#217016
#007300

Noticias relacionadas