Terremoto afectó a más de 200 iglesias y catedrales: Cardenal Rueda

Para el máximo jerarca de la Iglesia colombiana ahora se debe vivir una liturgia callejera, en capillas provisionales, a la espera de la recuperación de los lugares sagrados. Afirmó, además, que la reconstrucción de las iglesias será el signo de recuperación de los barrios y pueblos afectados.
EL NUEVO SIGLO: ¿Qué daños hubo en las iglesias de las zonas más afectadas por el terremoto?
CARDENAL LUIS JOSÉ RUEDA: Unas fueron destruidas totalmente, otras parcialmente ya sea por techos desprendidos, torres caídas o muros agrietados en toda su extensión. Podemos hablar de más de 200 iglesias y catedrales afectadas por el terremoto. Muchas de las iglesias emblemáticas tuvieron que ser demolidas por completo.
La situación ha llevado a que la celebración de la eucaristía se traslade a campo abierto. El sismo cambió las condiciones habituales de la pastoral, pero los sacerdotes no han dejado de acompañar a sus comunidades. Se trata ahora de vivir una liturgia callejera, en capillas provisionales, a la espera de la recuperación de los lugares sagrados, tarea que demandará un buen tiempo. La reconstrucción de las iglesias será el signo de recuperación de los barrios y pueblos afectados por el terremoto.
ENS: ¿Hubo alguna pérdida humana de sacerdotes?
CLJR: No se ha reportado el fallecimiento de ningún sacerdote, pero sí momentos de mucha tensión por parte de ellos, algunos de los cuales cuentan en este momento con asistencia espiritual y psicológica a causa del impacto del terremoto y el sufrimiento de las víctimas. Es urgente cuidar a los cuidadores espirituales de las comunidades.
ENS: ¿Qué se evaluó en la Basílica del Señor de los Milagros?
CLJR: La basílica en Buga sufrió una afectación considerable, especialmente en la parte de la cúpula, y estará cerrada mientras se tiene un diagnóstico definitivo sobre la afectación de la estructura.
Como aspecto positivo se destaca el hecho de que el camarín donde se encuentra la imagen del Señor de los milagros no sufrió daños. Por ahora se habilitará una gran plazoleta bajo carpas para permitir la congregación de los fieles en la tradicional conmemoración del Día del Señor de los Milagros los días 14 de cada mes.
ENS: ¿La Catedral de Buenaventura también se vio afectada?
CLJR: Sí, sufrió daños severos en su fachada, nave central, techo y altar, lo que posiblemente obligará a su demolición total al haber quedado completamente comprometida. Ello teniendo en cuenta que la situación más crítica del terremoto se presentó en el litoral pacífico.
El sismo agudizó las condiciones de pobreza ya presentes en la región, por ejemplo, en Buenaventura se evidenció la urgencia de un acueducto adecuado para toda la población. Las familias de estas regiones responden a la emergencia tratando de solucionar ellos mismos sus problemas, a la espera de ayuda estatal, tienen la virtud de la hospitalidad, de alimentarse con el sistema de ollas comunitarias para que especialmente niños y ancianos no pasen hambre. En esta tarea solidaria es necesario destacar el liderazgo de las mujeres, en barrios y veredas.
ENS: ¿Cómo quedó la Catedral de Manizales?
CLJR: La catedral de Nuestra Señora del Rosario en Manizales es uno de los íconos arquitectónicos de la zona. La cúpula fue destruída y una de sus torres colapsó hacia el interior. Las paredes y muros sufrieron grietas visibles.
La afectación de la catedral es un reflejo de la magnitud del terremoto. La afectación de esta obra emblemática de la ciudad ha causado gran impacto emocional en sus habitantes. Por ahora la Catedral se mantendrá cerrada a la espera de estudios técnicos y de su recuperación.
ENS: ¿Cómo será el proceso de reconstrucción?
CLJR: Lo primero que nos ocupa como sacerdotes es la atención inmediata de las familias de la región. Por ahora no es posible precisar los costos económicos de la reconstrucción de las iglesias y catedrales. Cada diócesis debe presentar el balance de pérdidas y el presupuesto de lo que costará hacer de nuevo sus templos. En muchos casos, lo conveniente es hacer una demolición total de las edificaciones y construir de nuevo.
Además de movilizarse para ayudar materialmente a las víctimas del terremoto, cada obispo, junto a su presbiterio y los fieles, impulsará la generación de fondos mediante el trabajo propio y la consecución de donaciones para cumplir gradualmente con la recuperación de las Iglesias. Este proceso requiere tiempo y paciencia. Dios permita que tengamos ayuda oportuna para lograr estas reconstrucciones materiales, porque todas están al servicio de la vida espiritual de las personas.
ENS: ¿Cómo está la parte espiritual de las personas afectadas?
CLJR: La confianza y esperanza en el amor de Jesucristo el Señor es notoria, se percibe al hablar con las personas de la región. La reconstrucción comienza por reconstruir la vida de las personas, de las familias y de las comunidades. Es muy importante todo lo que podamos hacer en el ámbito espiritual, emocional y la salud mental de los afectados. Es una reconstrucción de pueblos y ciudades comenzando desde el corazón de las personas.
A pesar de la destrucción, las personas mantienen la confianza en Dios y la esperanza de salir adelante. La fe les permite hacer frente a la fragilidad, el dolor y la incertidumbre. Su realismo no les impide tener esperanza. Ven esta adversidad como ocasión de purificación y enmienda de la propia vida.
Los sacerdotes oran con las familias, acompañan los momentos de dolor, al mismo tiempo que han sufrido la afectación del terremoto.
La espiritualidad también se ha manifestado en la solidaridad de los creyentes. El compartir sus bienes y el ayudar a adecuar las condiciones de estadía para los damnificados muestra también el dinamismo de su fe. La experiencia del terremoto no es solamente una experiencia de pérdida, sino una ocasión para acrecentar la relación con Dios y mostrar la capacidad de esperanza, amor y resiliencia.
ENS: ¿En qué consistió la misión de “Primeros Auxilios Espirituales”?
CLJR: Cerca de 80 sacerdotes, el Sr. Obispo de Chiquinquirá, Mons. Ramón Alberto Rolón Güeps; los Sres. Obispos Auxiliares de la Arquidiócesis de Bogotá: Mons. Alejandro Díaz García, Mons. Edwin Vanegas Cuervo, Mons. Germán Barbosa Mora, y el cardenal Luis José Rueda Aparicio, realizamos el recorrido, desplazándonos por tierra desde Bogotá hasta las zonas de afectación: Buenaventura, Pereira, Cartago, Buga, Palmira y Cali, con sus poblaciones aledañas.
Esta misión de asistencia tuvo por objeto estar cerca, escuchar, acompañar y orar por las víctimas, además de ayudar caritativamente a los afectados del terremoto a través de las diócesis.
Aprendimos mucho en el diálogo con las personas. Tuvimos la oportunidad de acercarnos al Cristo sufriente presente en las personas. Es hermoso ser Iglesia que expresa su fe en solidaridad, fraternidad y ayuda mutua, con oración y trabajo. Una Iglesia que está siempre, en los momentos buenos y en los momentos críticos, en medio de las comunidades, caminando juntos y animando con humildad en medio de la tragedia.
La gratitud a los Bancos de Alimentos, a la Pastoral Social de las Parroquias y de las Diócesis, por estar ahí en todo momento, como una “Iglesia hospital de campaña”. Sea el momento para reconocer y bendecir la ayuda de tantos hombres y mujeres voluntarios. De médicos, de enfermeras, de los medios de comunicación. La solidaridad de artistas y deportistas. El esfuerzo de los gobernantes municipales, departamentales y nacionales. Juntos, con sabiduría y fe, nos levantaremos de esta tragedia.
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