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Una parroquia con raíces y corazón misionero en medio una ciudad cambiante

24 de agosto de 2026
Una parroquia con raíces y corazón misionero en medio una ciudad cambiante
En el barrio Tejar, localidad Puente Aranda, la parroquia San Pablo vive una etapa de profundas transformaciones.

A sus 61 años de servicio en la Arquidiócesis de Bogotá, el templo continúa siendo un lugar de encuentro para familias, comerciantes, personas que llegan de otros sectores de la ciudad y, especialmente, para quienes buscan una palabra de consuelo en momentos de dolor. 

 

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Como desafío actual se encuentra el impacto generado por las obras del Metro, que han modificado la dinámica del sector y la vida de la comunidad. Familias fundadoras y adultos mayores han migrado, al tiempo que se han generado preocupaciones relacionadas con la seguridad. Frente a ello, desde la parroquia se ha buscado dialogar con la Junta de Acción Comunal y con líderes del sector para afrontar conjuntamente las realidades del momento, logrando una articulación positiva, destaca el padre Edwin Vega Machado, párroco.

El sacerdote precisa, además, que los cambios desafían tanto a sacerdotes, religiosos como a la comunidad de fieles; los exhorta a ver más allá de la dificultad, sumando esfuerzos en torno a la oportunidad de repensar la evangelización en una Bogotá cada vez más móvil y cambiante.

 

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El Metro ha profundizado la transformación comunitaria y la vida parroquial. El templo está ubicado en una zona donde se proyecta una terminal y un punto de conexión con TransMilenio. 

 

Puertas abiertas para una ciudad en movimiento

San Pablo, ubicada en la cra. 52B No. 27-03 Sur, parte de la VET Espíritu Santo, es hoy día, en muchos sentidos, una parroquia de paso; de puertas abiertas, que acompaña a su comunidad parroquial tradicional, al tiempo que camina en la fe con poblaciones foráneas; con personas que transitan en el dolor, especialmente desde la pastoral del duelo: allí se celebran numerosas exequias y se presta el servicio de cenizarios. También, acoge a población con habilidades diversas desde la pastoral diferencial. 

La comunidad que rodea el templo es variada. Por un lado, están las familias que permanecen en el sector; por otro, una población flotante conformada por comerciantes, emprendedores, talleres y supermercados. Esta combinación hace que la parroquia tenga que responder a realidades muy distintas y mantener una presencia que vaya más allá de los límites territoriales tradicionales. 

Las nuevas geografías de la comunidad: una misión que se renueva

La parroquia durante la semana recibe a quienes se acercan a las Eucaristías diarias, entran al oratorio o buscan un momento de oración, reflexión. Los domingos el templo adquiere un carácter más familiar. 

 

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De lunes a sábado, se abren las puertas al rededor de las 10 de la mañana y permanecen de esa manera durante el día, no solamente para las celebraciones litúrgicas, sino también para el acompañamiento de las familias que llegan a despedir a sus seres queridos. 

Los domingos, la jornada pastoral y celebración eucarísticas comienzan a las 7:30 a.m. y se extiende hasta las 6:30 p.m. Se destaca la Eucaristía de las 10:00 a.m. especialmente significativa porque incorpora interpretación en lengua de señas y está vinculada al proceso de catequesis de niños sordos. 

Esta apertura expresa una convicción pastoral: la parroquia no puede esperar únicamente a que las personas lleguen. Debe estar disponible para encontrarlas allí donde la vida las lleva.

 

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Acompañar el dolor, anunciar la esperanza

Uno de los rostros significativos de San Pablo es su pastoral del duelo. El padre Edwin explica que la parroquia procura que las exequias no sean simplemente la celebración de un rito, sino el comienzo de un acompañamiento a las familias. En linea con esta perspectiva, se realizan encuentros y espacios de reflexión orientados a ayudar a las personas a vivir el dolor desde la esperanza cristiana y la fe en la vida eterna.  

Los lunes, quienes tienen familiares en los cenizarios participan de momentos de oración que se convierten en oportunidades para anunciar la esperanza.

En este acompañamiento la parroquia encuentra uno de sus frutos pastorales más particulares: una persona que llegó inicialmente por la muerte de un ser querido puede terminar encontrando una comunidad, una palabra de consuelo y un camino para volver a la Iglesia.

El padre Edwin recuerda testimonios de feligreses que, después de participar en unas exequias, quedaron conmovidos, conectados por la predicación y regresaron posteriormente al templo para orar y escuchar una palabra de aliento. 

¡Todos tenemos un lugar!

Otra experiencia pastoral destacada se lleva a cabo con personas sordas. El proceso iniciado durante el ministerio del anterior párroco, el sacerdote Néstor Silva, continúa fortaleciéndose, brindando catequesis para Primera Comunión y Confirmación, con profesores, catequistas y acompañantes preparados para este servicio.

La Eucaristía con interpretación en lengua de señas ha permitido que personas de diferentes lugares de Bogotá puedan acercarse a la celebración y sentirse parte de la comunidad.

Así, la inclusión no aparece como un servicio adicional, sino como una expresión concreta de una Iglesia que busca que todos puedan escuchar el Evangelio, participar y encontrar una comunidad que los acoge.

El colegio: un puente con las nuevas generaciones

En una zona donde el cambio urbano ha significado la salida de muchas familias, el colegio parroquial Monseñor Emilio de Brigard representa una oportunidad pastoral de especial importancia.

El colegio lleva el nombre de quien sirvió esta iglesia local como obispo auxiliar de la Arquidiócesis y quien fue su benefactor. Actualmente cuenta con 250 estudiantes, desde preescolar hasta grado 11. Son atendidos por 16 docentes, tres directivos y cuatro administrativos. Además, existen convenios con el Sena que permiten a los estudiantes acceder a otra titulación al culminar su proceso escolar.

Para el párroco, detrás de cada estudiante hay una familia. Muchos de ellos llegan desde diferentes lugares de la capital colombiana, lo que convierte a la institución educativa en una puerta de entrada para que nuevas familias conozcan la parroquia.

La apuesta se articula con la visión de la pastoral educativa de la Arquidiócesis: educar evangelizando y evangelizar educando.

En este sentido, colegio y parroquia comparten una misión: formar no solamente estudiantes, sino personas y familias capaces de llevar a otros lo que han recibido.


 

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“No solo dar, sino acompañar”

Otro de los frutos pastorales es el fortalecimiento de la dimensión social de la evangelización. Comerciantes del sector participan como benefactores y contribuyen para ofrecer mercados a más de 25 familias que lo necesitan. Pero la intención es ir más allá de entregar una ayuda puntual: conocer las circunstancias de cada hogar y responder de manera diferenciada.

Hay adultos mayores que viven solos, madres cabeza de hogar y familias con necesidades particulares. Por eso, explica el párroco, no todos reciben necesariamente el mismo apoyo.

La pastoral social también busca fortalecer capacidades mediante capacitaciones para emprendimientos. La lógica es clara: no solamente entregar el pescado, sino enseñar a pescar.

Las visitas a los hogares permiten descubrir otras necesidades que no siempre son visibles: acompañamiento médico, apoyo para el transporte, compra de una pipeta de gas o ayuda para el arriendo. En esta tarea participan también estudiantes de trabajo social de la Fundación Universitaria Monserrate – Unimonserrate, quienes colaboran en la identificación de las realidades familiares. 

 

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Semilleros de fe y vocación

Como parte de la fuerza evangelizadora de la parroquia se encuentran constituidos grupos de: Infancia Misionera, monaguillos, catequistas, proclamadores de la Palabra; y se cuenta, además, con presencia de comunidades del Camino Neocatecumenal. 

Entre estos procesos destaca el acompañamiento vocacional. El padre Edwin señala con satisfacción que cuatro jóvenes, provenientes de los procesos de confirmación del colegio parroquial y del grupo de monaguillos, han sido presentados al Seminario Mayor para iniciar un camino de discernimiento. 

También la formación de catequistas tiene un lugar especial. Esta parroquia es sede de la Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC) en la Vicaría Episcopal Territorial Espíritu Santo, una responsabilidad que enlaza con la historia de la comunidad y con el padre Carlos Sánchez, uno de sus primeros párrocos y fundador de esta iniciativa. 

 

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Tradición que se abre a nuevos caminos

Quizás uno de los mayores desafíos consiste en aceptar que la parroquia que existía hace algunas décadas ya no es exactamente la misma.

Las familias fundadoras se han ido. Los mayores han disminuido. Las obras del Metro modifican calles, recorridos y dinámicas. Algunos barrios pierden habitantes permanentes y aumenta la población que simplemente transita. Pero, en medio de esta realidad, el padre Edwin propone otra mirada: la movilidad también puede convertirse en misión.

Si antes la pertenencia parroquial estaba asociada principalmente a vivir cerca del templo, hoy puede construirse a partir del encuentro se sobrepasa el territorio. Una persona puede entrar para asistir a unas exequias, pasar por el sector camino al trabajo, detenerse a orar, participar de una Eucaristía o buscar orientación espiritual. Y precisamente allí puede comenzar un vínculo: “Una parroquia de puertas abiertas para los que van de paso, para los que van de camino”. 

Bajo la mirada del Apóstol de los gentiles

 

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Para el sacerdote que acompaña pastoralmente este comunidad tener como patrono a san Pablo es también una responsabilidad. El Apóstol de los gentiles le recuerda la necesidad de cuidar especialmente la predicación, porque no todos los que llegan al templo conocen los procesos de la comunidad ni tienen una historia previa de fe. Por eso, cada homilía puede ser una oportunidad para que alguien que está de paso se lleve una palabra que toque su corazón. 

Después de tres años y medio al frente de la parroquia, el padre Edwin reconoce que esta ha sido una oportunidad de crecimiento personal y ministerial: profundizar en la oración, cuidar la predicación y servir a una comunidad de tradición que recibe personas provenientes de diferentes lugares de Bogotá para confesarse, buscar dirección espiritual o simplemente encontrar un momento de encuentro con Dios. 

San Pablo permanece así en medio de una ciudad que cambia: El Metro transforma el entorno, las dinámicas sociales y pastorales se renuevan. Pero el templo sigue siendo un punto de referencia para quien vive en el barrio; para quien trabaja en él; para quien llega a despedir a un ser querido; para el niño que aprende a celebrar la fe; para el joven que discierne su vocación; y para quien simplemente necesita entrar, sentarse y encontrar una palabra de esperanza.

A continuación, el padre Edwin Vega amplía detalles de esta caminar pastoral:

Parroquia San Pablo: Misión y acogida en una ciudad en movimiento
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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