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#217016

Unidos en oración por la vida y vocación de los consagrados, signo del Reino y don para la Iglesia.

2 de febrero de 2026
Unidos en oración por la vida y vocación de los consagrados, signo del Reino y don para la Igles
Imagen:
de referencia -OAC.
¡Celebrarmos juntos la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada!

Cada 2 de febrero, en la Fiesta de la Presentación del Señor, la Iglesia católica universal celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que fue instituida en 1997 por el papa san Juan Pablo II.

Esta ocasión de gratitud y gozo por los consagrados y consagradas, por las vocaciones que el Señor ha suscitado para la gracia de su pueblo, este 2026 será celebrado a nivel arquidiocesano en las vicarías episcopales territoriales que conforman esta jurisdicción eclesiástica, zonas de la capital colombiana en las que estos servidores del Evangelio y sembradores de la esperanza, desde su testimonio y acción, hacen vida la Palabra.

“La vida consagrada es un precioso tesoro y don para la Iglesia (…) Los animo a acudir a este encuentro, proyectado para el 7 o 14 de febrero, que será una experiencia maravillosa de encuentro, de fruto pastoral y misionero para nuestra Arquidiócesis de Bogotá, una oportunidad para fortalecer nuestra espiritualidad sinodal.”, precisó monseñor Edwin Raúl Vanegas Cuervo, obispo auxiliar de Bogotá y vicario para la vida consagrada.

Programación por vicarías para esta celebración aquí

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Invitación especial: 

 

Vida consagrada, fe que florece

Esta Arquidiócesis cuenta con 126 congregaciones femeninas; 54 comunidades masculinas; 7 institutos seculares; 21 asociaciones de vida apostólica; y 3 asociaciones de fieles en proceso de constituirse.

Como punta de lanza en la misión evangelizadora y profecía de esperanza para este territorio, la vida consagrada es una realidad reflejada en rostros; en historias de entrega, de generosidad, de bendición, de momentos duros, pero también de esperanza en medio de tantas realidades complejas que vive la humanidad.

¿Qué es la vida consagrada y quiénes están llamados a ella? ¿Cuáles son los desafíos en su acompañamiento? 

Monseñor Edwin Vanegas, compartió con El Catolicismo sus orientaciones al respecto e invitó no tener miedo ante el llamado del Señor, a responder de manera generosa. También, exhortó a los institutos, congregaciones y comunidades religiosas a “no tener miedo de mostrar más lo que son que lo que hacen”.

Vea entrevista, a continuación:

 

 

Gratitud y ánimo en la misión

Profecía de la presencia: vida consagrada donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba

En un mundo atravesado por conflictos, desigualdades y profundas heridas sociales y espirituales, la vida consagrada se constituye en un signo elocuente de esperanza. Así lo expresa el mensaje para la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026, publicado por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que invita a mirar la misión de los consagrados y consagradas desde una clave profundamente evangélica: permanecer.

Este año, el mensaje destaca y agradece la fidelidad al Evangelio de quienes han hecho de su vida una semilla esparcida en la historia, muchas veces en contextos marcados por la prueba. Una fidelidad silenciosa, cotidiana, que no siempre es visible, pero que se convierte en signo de esperanza allí donde la dignidad humana está amenazada y la fe es duramente puesta a prueba.

Permanecer junto a los heridos de la historia

A partir de la experiencia pastoral del Dicasterio en diversos países, el mensaje se refiere a los rostros y realidades de personas consagradas que viven y sirven en medio de conflictos armados, inestabilidad política, pobreza, migraciones forzadas, violencia, marginación y restricciones a la libertad religiosa. 

Son contextos donde el Evangelio se vive en fragilidad, pero también donde la vida consagrada manifiesta con fuerza su dimensión profética, como una “presencia que permanece” junto a los pueblos heridos.

Este permanecer adopta múltiples formas, según las complejidades de cada realidad: desde la inseguridad institucional hasta las nuevas pobrezas en sociedades aparentemente prósperas; desde la soledad y la polarización hasta la violencia generalizada que rompe la convivencia. En todos estos escenarios, subraya el mensaje, la presencia fiel, humilde, creativa y discreta de los consagrados se convierte en un anuncio concreto de que Dios no abandona a su pueblo.

Una esperanza activa y profética

Lejos de entenderse como inmovilidad o resignación, el “permanecer” evangélico es presentado como esperanza activa. Una esperanza que se traduce en gestos de paz, palabras que desarman, opciones valientes en favor de los pequeños, paciencia en los procesos comunitarios y eclesiales, perseverancia en la reconciliación y valentía para denunciar estructuras que niegan la dignidad y la justicia.

Una sola profecía, múltiples formas de vida

El texto destaca cómo esta profecía se encarna de manera diversa en las distintas formas de vida consagrada. La vida apostólica expresa una cercanía activa que sostiene la dignidad herida; la vida contemplativa custodia la esperanza mediante la intercesión fiel; los institutos seculares actúan como levadura evangélica en las realidades sociales y profesionales; el Ordo virginum testimonia la fuerza de la gratuidad y la fidelidad; y la vida eremítica recuerda la primacía de Dios y lo esencial.

En la diversidad de carismas, emerge una sola llamada: permanecer con amor, sin abandonar, sin callar, haciendo de la propia vida una Palabra viva para este momento de la historia.

Artífices de paz en silencio

El mensaje sitúa esta profecía del permanecer en una clara perspectiva de paz, en sintonía con las enseñanzas del papa León XIV, quien ha insistido en que la paz no es una utopía abstracta, sino un camino cotidiano que exige escucha, diálogo, conversión y rechazo de la lógica del más fuerte. Cuando la vida consagrada permanece junto a las heridas de la humanidad, sin ceder al enfrentamiento y sin renunciar a la verdad del Evangelio, se convierte —muchas veces sin ruido— en artífice de paz.

Finalmente, el Dicasterio invita a custodiar la experiencia del Jubileo de la Vida Consagrada como un estilo evangélico permanente: ser peregrinos de esperanza en el camino de la paz. Y encomienda a todos los consagrados y consagradas al Señor, para que sean fortalecidos en la mansedumbre, la perseverancia y la capacidad de recomenzar, siendo en la Iglesia y en el mundo profecía de la presencia y semilla de paz.

Lea mensaje aquí

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Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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