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Esperanza, gratitud y cercanía 

28 de julio de 2026
Esperanza, gratitud y cercanía con quienes custodian la memoria, la fe y la historia de las familias
Imagen:
OAC.
Abuelos, custodios de la memoria, la fe y la historia de las familias.

En una sociedad donde la soledad se ha convertido en una de las heridas más profundas de la vejez, la Iglesia católica en Bogotá reafirmó su llamado al cuidado, la valoración y dignificación de los abuelos.

“Una sociedad, una familia, una comunidad, que cuida a sus adultos mayores, está cuidando un verdadero tesoro, como nos dirá el Evangelio… ¡Ha encontrado el verdadero tesoro! Ellos son portadores de la historia; de la memoria viva; de la sabiduría. Han sido nuestros primeros evangelizadores, por eso con ellos tenemos una deuda de gratitud”, precisó el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, durante la conmemoración de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, este año desde Ciudad Bolívar.

 

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El cardenal acompañó la celebración organizada por la Fundación Integración Social y Desarrollo Comunitario – FISDECO, liderada por Hermanas Dominicas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, quienes desde hace más de cinco décadas acompañan procesos de evangelización y desarrollo humano integral en este territorio. 

 

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Durante el encuentro, que congregó a cerca de 500 abuelos en torno a la eucaristía y a un momento de homenaje y fraternidad, el purpurado insistió en que:

“Una sociedad, una comunidad, que ha descubierto el gran valor de los abuelos y de los mayores, es una comunidad y una sociedad que humaniza, que dignifica y que ha encontrado el verdadero camino de la 'humanidad magnífica', como nos dice el papa León”.
 

Los abuelos, don precioso 

La jornada fue un llamado a reconocer el valor de quienes han sostenido durante décadas la vida de las familias y de la Iglesia.

Al llegar al templo, el cardenal Luis José expresó la alegría de compartir con los adultos mayores esta fiesta que el papa Francisco quiso instituir en cercanía a la memoria litúrgica de san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesús.

"Nos congregamos con inmensa alegría para celebrar la eucaristía y la fiesta de los mayores y abuelos. Oramos para que el Señor les conceda salud, fortaleza y llene de alegría el corazón de cada uno de ustedes".

Seguidamente, el arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia insistió en que la cercanía entre niños, jóvenes y abuelos constituye hoy uno de los caminos más eficaces para combatir la soledad que experimentan tantas personas mayores.

 

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“Yo no te olvidaré”

Uno de los momentos emotivos durante la celebración se dio tras la homilía. Con sencillez, el cardenal invitó a los asistentes a repetir una y otra vez las palabras tomadas del profeta Isaías: "Yo no te olvidaré".

Explicó que esa frase resume el mensaje que el papa León XIV dirigió este año a los adultos mayores del mundo: "Cuando uno se siente acompañado, protegido y amado, sabe que no está olvidado. Dios no olvida a nadie".

El cardenal pidió a los niños presentes, a los jóvenes de la orquesta, a las religiosas y a toda la comunidad que miraran a los adultos mayores y ratificaran en voz alta esta consigna de amor y gratitud.

La premisa no solo ratificó una promesa de Dios, sino también el compromiso de una Iglesia que reconoce en sus abuelos un don precioso para las familias, una memoria viva para la sociedad y un testimonio indispensable para seguir transmitiendo la fe a las nuevas generaciones. 

"En el marco de esta conmemoración la Iglesia católica en Bogotá quiso hacerse presente, escuchar, agradecer y recordar a los adultos mayores que siguen ocupando un lugar insustituible en el corazón de Dios y de la comunidad".
 

Homenaje y gratitud 

 

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El acto cultural estuvo a cargo de la Orquesta FISDECO, conformada por estudiantes, acompañados de los profesores que lideran su proceso musical, bajo la dirección del maestro Alejandro Osorio; también director del coro que acompañó la celebración eucarística. 

 

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El momento se constituyó en expresión de agradecimiento hacia quienes —como señalaron los organizadores—son "la memoria viva de nuestras familias, el ejemplo de perseverancia, el consejo oportuno y el amor incondicional". 

La hermana Esperanza Osorio, representante legal de la Fundación y representante de las Hermanas Dominicas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús en Colombia, afirmó que reconocer a nuestros abuelos significa valorar a quienes sostienen la vida cotidiana de muchas familias: "Consideramos que son muy valiosos para la sociedad, especialmente porque mantienen la fe y las raíces. Son quienes acompañan a los niños mientras muchos padres trabajan; ellos transmiten la fe y brindan soporte a los hogares en muchos momentos de la vida".

 

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Cada interpretación de estos niños y jóvenes se convirtió en un gesto de reconocimiento por la huella que los abuelos han dejado en la vida de tantas generaciones. 

Las sonrisas, los aplausos, los abrazos y las muestras espontáneas de gratitud de muchos adultos mayores evidenciaron que aquella mañana habían recibido mucho más que una celebración: habían experimentado la cercanía de una Iglesia que no los olvida.

 

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Semillas de fe y esperanza que continúan creciendo

Esta salida misionera a Ciudad Bolívar en el marco de la Jornada Mundial de los Abuelos estuvo cargada de gran sentido e intensión, implicó llegar al corazón de un lugar en el que miles de familias enfrentan diariamente condiciones de vulnerabilidad económica y social, y en medio de esta compleja realidad, la Iglesia quiso recordar que el Evangelio siempre comienza por quienes más necesitan sentirse acompañados.

En esta línea, el cardenal destacó el trabajo que desde hace más de cinco décadas realiza FISDECO en favor de niñas, niños, jóvenes, mujeres, adultos mayores y familias vulnerables.

"FISDECO siempre ha puesto a Cristo y al ser humano en el centro, especialmente al ser humano más frágil".


“Acción salvadora de Dios en medio de estas comunidades”


A su turno, monseñor Julio Solórzano, sacerdote arquidiocesano miembro de la Junta Directiva de FISDECO, y quien durante varios años ha caminado junto a esta obra con su cercanía, fe y orientación espiritual, recordó que la fundación nació para dignificar la vida de quienes más lo necesitan: "Ha sido verdaderamente acción salvadora de Dios en medio de estas comunidades... Han trabajado a todo vapor durante este medio siglo transformando la vida de miles de personas en condición de vulnerabilidad, de todas las edades, con distintos programas y acciones solidarias".

En relación al acompañamiento al adulto mayor precisó que hoy cientos de adultos mayores participan en programas permanentes de recreación, formación, acompañamiento, terapia y evangelización en distintos sectores de esta localidad. 

 

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Una misión que continúa sembrando esperanza

La celebración permitió también visibilizar la labor silenciosa que FISDECO desarrolla desde hace 53 años en una de las zonas con mayores desafíos sociales de Bogotá.

La hermana Esperanza explicó que desde sus inicios la misión ha sido formar comunidades cristianas y promover la dignificación integral de la persona humana. 

Actualmente, la Fundación acompaña de manera permanente a más de 280 adultos mayores, al tiempo que trabaja con los abuelos vinculados a sus jardines infantiles, colegios y programas comunitarios.

Esta presencia misionera se extiende también a niños, niñas, adolescentes, madres cabeza de hogar y familias vulnerables.

 

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La Fundación FISDECO con miras a continuar su labor de promoción social y dignificación de la persona humana en la zona, manteniendo la fidelidad al espíritu que gesto su origen, ha consolidado una red de apoyo con algunas instituciones, organizaciones y profesionales en diversas áreas del conocimiento.
La Fundación FISDECO con miras a continuar su labor de promoción social y dignificación de la persona humana en la zona, manteniendo la fidelidad al espíritu que gesto su origen, ha consolidado una red de apoyo con algunas instituciones, organizaciones y profesionales en diversas áreas del conocimiento. Foto: fisdeco.org

 

Actualmente beneficia una población cercana a las 2 mil personas, a través del Jardín y del Colegio FISDECO y de su gestión comunitaria, con programas como: adulto mayor, madre joven, familias vulnerables, coro y orquesta de niños y jóvenes FISDECO.  

También acompañan la pastoral, la formación sacramental y la vida de fe desde la parroquia Santa Silvia, ubicada en El Tesoro, extremo sur del suelo urbano de la localidad de Ciudad Bolívar, limitando con la zona rural.

Tres religiosas, dos colombianas: las hermanas Esperanza Osorio O.P y Yolanda Ángel O.P, y una alemana: Regina Häufele O.P., consagrada que hizo parte de las iniciadoras de esta obra, junto a un equipo humano conformado por profesional en distintas áreas, la mayoría de esta zona y muchos de ellos en su infancia y juventud beneficiarios, día a día trabajan por mantener esta eficaz y valerosa presencia, que da cuenta del Evangelio hecho vida.

Pero los desafíos de sostenimiento son grandes, por lo que la ayuda generosa resulta esencial. Quienes deseen apoyar pueden hacerlo a través de la Cuenta de Ahorros N° 210-00075-5, del Banco ITAU, a nombre de la Fundación Integración Social y Desarrollo Comunitario - NIT 860.047.327

Una mirada en retrospectiva*

La historia de esta obra en nuestro país se remonta a 1972, cuando el Capítulo General de la Congregación de las Hermanas Dominicas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús atendiendo el llamado del papa Pablo VI a las congregaciones misioneras, para evangelizar América Latina, decide enviar un grupo de tres hermanas a Colombia. Las misioneras enviadas fueron las hermanas Vianney Link O.P. y Regina Häufele O.P. de nacionalidad alemana y la hermana Silvia Büchel O.P. de nacionalidad suiza.

En preparación para su misión en Colombia y luego de haber estado por casi 10 años en Zimbabue, África, las tres hermanas viajan a Madrid, España, para aprender español. El 17 de agosto de 1973 las hermanas Silvia Büchel O.P. y Vianney Link O.P. llegan a Bogotá, Colombia. El 3 de octubre se unió al grupo la hermana Regina Häufele O.P.

A su llegada las hermanas estuvieron las tres primeras semanas en la parroquia de habla alemana en Bogotá. Allí tuvieron la oportunidad de conocer un poco más acerca de la realidad de su nueva misión aceptando la solicitud del padre Hernán Cimadevilla para apoyar el trabajo pastoral con las comunidades de los barrios Meissen, Jerusalén, Candelaria, San Francisco, Lucero, Domingo Laín, Vista Hermosa, Tesoro, Minuto de María y las veredas de Mochuelo Alto y Bajo, Quiba y Pasquilla.

La comunidad de las hermanas llega al barrio el Lucero, el 8 de septiembre de 1973.

*Conozca más de esta obra en: fisdeco.org

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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