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Una voz profética

6 de octubre de 2026

Han vuelto al centro del debate público los alcances y peligros de la Inteligencia Artificial (IA). El tema no es nuevo en la agenda tanto intelectual como política. En los últimos años, a medida que esta tecnología se hace cada vez más presente en la vida cotidiana, los expertos han ido planteando diferentes posturas sobre las capacidades de esta nueva herramienta y su posible regulación a nivel legal. 

Siendo cada vez más conscientes de sus innegables beneficios, aparece de manera paralela el latente riesgo que implica un mega-instrumento con capacidad generativa, que en algún punto pudiera salirse de control o del dominio de sus creadores.

Aunque este argumento puede ser digno de un guion de una película de ciencia ficción, sorprendentemente no está lejos de la realidad actual. Uno de sus más prominentes desarrolladores, el sudafricano Elon Musk, dueño de Grok, ha señalado el enorme potencial de la IA, afirmando que en cinco años podría llegar a superar al conjunto del conocimiento humano. Al mismo tiempo, también hizo énfasis en la necesidad de reconocer sus peligros. Musk ha sostenido recientemente que no sabemos con certeza a dónde se encaminará el desarrollo de esta nueva tecnología. Señaló que en el futuro existe un riesgo de posibilidades de entre un 10 a un 20 por ciento de que la IA genere efectos altamente negativos para los humanos.  Más preocupante ha sido la posición de otro destacado científico y creador de tecnologías, Bill Gates, fundador de Microsoft. Según su opinión, es fundamental que se comience a ejercer un control externo más cercano al desarrollo de la IA. De lo contrario, su desenfrenado avance, puesto en las manos equivocadas, podría llegar a generar consecuencias catastróficas en el campo de la seguridad, las finanzas y las relaciones de poder en la sociedad. Gates sostuvo, con un tinte dramático, que la IA sin control podría llegar a causar eventos inesperados que generarían más de mil millones de muertes. Es decir, que la IA sin ninguna regulación externa puede terminar afectando considerablemente la supervivencia de la especie humana en el planeta. 

Otras voces preeminentes en el campo de la tecnología como Samuel Altman, de OpenAI y Geoffrey Hinton, premio nobel de física, advierten sobre el riesgo de una IA desregulada y lo asemejan al proyecto Manhattan, el plan militar ultrasecreto que condujo a la creación de la primera bomba atómica en 1945. El arma fue tan aterradoramente poderosa que terminó por configurar la primera posibilidad efectiva de destrucción total de la vida en el planeta y debió ser posteriormente regulada, para alejar a la humanidad de su autodestrucción.

Al otro lado de esta controversia, se sitúa el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha salido al paso de estas preocupantes declaraciones intelectuales y científicas afirmando que la IA no posee en la actualidad ningún riesgo real y que todas estas declaraciones son especulaciones innecesarias. Por el contrario, el mandatario propende por la desregulación en esta carrera tecnológica y apunta solamente hacia el acompañamiento federal de estos procesos de desarrollo tecnológico. Recientemente ha creado una unidad especial llamada ‘La Fuerza de la Superinteligencia’ para articular todos los esfuerzos del ejecutivo norteamericano, la empresa privada, los consumidores y los grupos de interés para garantizar que los Estados Unidos continúe estando a la cabeza en esta carrera tecnológica. 

Frente a las críticas crecientes sobre la regulación de la IA, Trump ha respondido solicitando que no se le conozca más como Inteligencia Artificial sino como Superinteligencia y estableciendo esta comisión federal especial. Sin embargo, son cada vez menos quienes en la industria de la tecnología norteamericana creen en la simple auto-regulación de esta herramienta. Las voces más respetadas en el sector reclaman una presencia mayor de los estados nacionales y entes de control internacionales en este proceso y reglas de juego con líneas rojas que no se puedan traspasar.

Ya en mayo pasado, el papa León con su primera encíclica Magnifica Humanitas había entrado en este caldeado debate. De manera profética, solicitó claros lineamientos legales y límites éticos globales para frenar los peligros de la IA e impedir que se convierta en un factor que produzca deshumanización. Recientemente, en su visita a Francia, el Pontífice volvió a mencionar esta temática y afirmó que las advertencias de los expertos deben tomarse muy en serio y no son fruto de falsas especulaciones. 

Cerrar en este caso los ojos ante el peligro no es la forma más responsable de proceder, sostuvo el Papa en el avión que lo traía de vuelta a Roma. Una vez más, la voz profética de la Iglesia se alza ante un grave riesgo futuro de perdida de humanidad. Esperemos que, en esta crucial ocasión, esa voz no caiga en el olvido. 


Fuente: Dirección - elcatolicismo.com.co 

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