Humilde heraldo del Evangelio
Ha culminado la primera visita del papa León a Francia. El esperado viaje ha congregado a cientos de miles de católicos en las tres ciudades que visitó el Sumo Pontífice: París, Lourdes y Metz. La afluencia de fieles en las distintas etapas del viaje ha sido masiva, para sorpresa de muchos. La visita de León, a pesar de su carácter oficial, se planteó desde su inició como un viaje apostólico y no como un periplo únicamente de carácter diplomático o político.
El Papa fue bien acogido por el presidente Macron tanto en el aeropuerto de Orly como en la recepción oficial en el palacio del Eliseo. Sin embargo, el núcleo de la primera visita papal oficial en 18 años al país fueron los encuentros con distintos grupos humanos, tanto en las multitudinarias celebraciones en París como en las calles de Lourdes y Metz.
Los múltiples encuentros incluyeron un pequeño, pero significativo momento de reunión con siete víctimas de abusos sexuales por parte del clero en la casa episcopal de Lourdes. El Papa escuchó sus dolorosos testimonios, oró con ellos y reafirmó el compromiso de la Iglesia para que estos crímenes nunca se vuelvan a repetir. También hondamente conmovedoras han sido las imágenes del Papa acompañado de niños y jóvenes franceses en espacios de oración y testimonio, sobre todo, en la vigilia en la que participaron más de 80 000 jóvenes en el estadio más grande de Francia, en Saint-Denis a las afueras de París.
El éxito de la visita papal a Francia ha superado todas las expectativas previstas. Las proyecciones más optimistas habían hablado de una afluencia media en los grandes eventos papales y de la dificultad que el Papa iba a afrontar para hacer resonar el mensaje del evangelio en una sociedad fuertemente secularizada. Contrario a las expectativas hubo receptividad de parte del público, una acogida cálida, disposición para la escucha de los mensajes y un ambiente nacional de fiesta. Pareciera entonces que la figura serena y discreta de León, con palabras claras y propositivas genera en el amplio público una llamada a la receptividad y a la apertura de corazón. Una reacción similar se vio en la reciente visita papal a España a mediados de este año.
El papa León, más que un dirigente político, un diplomático o un apologeta se va erigiendo en un humilde pastor, heraldo del evangelio, que va llevando la buena noticia con dulzura y claridad a todos los ambientes, también a aquellos lugares que fueron alguna vez bastiones del catolicismo y hoy se encuentra azotados por los fuertes vientos de la secularización.
La visita del papa León a la nación que fue denominada alguna vez la hija primogénita de la Iglesia, no hará que cambie automáticamente el panorama religioso en el país galo, pero brinda a la Iglesia católica la oportunidad de anunciar la buena nueva del amor de Cristo en un contexto pluricultural, asumiendo el respeto por las diferencias y por otras creencias. De la visita del Papa no se espera que toda la sociedad francesa se convierta en creyente instantáneamente o que acepte las verdades de la fe. Se espera, ciertamente, que la fe en Cristo, aparcada en la oscuridad de una práctica privada por la mentalidad secularista, vuelva a proponer con esplendor y sencillez la belleza de creer y la apertura al encuentro con Cristo para que este genere vida nueva para individuos y sociedades.
Occidente en general y Francia en particular se encuentran sedientos de un sentido de vida auténtico, de rutas que permitan construir una vida más humana y feliz. El Papa lanzó a los franceses en la eucaristía en la plaza de la Concordia en París este desafío: “Sacien también ustedes su sed en esta fuente, que es el corazón de Jesús traspasado. Sí, tienen sed de Dios, de vida, de verdad, de unidad, de paz, de comunión, de felicidad”. Que las palabras de León nos desafíen también a nosotros para que, por medio de nuestro testimonio sencillo, claro y respetuoso, la propuesta de una vida más plena con Cristo, vuelva a resonar en los corazones de aquellos que por múltiples motivos se han alejado o han abandonado la práctica de la fe.
Fuente: Dirección - elcatolicismo.com.co
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