León XIV: la santidad no es un privilegio para unos pocos, compromete a todo bautizado

En su catequesis de este 8 de abril, durante la audiencia general, el papa León abordó, una vez más, temas de la constitución conciliar Lumen gentium, referidos a la vocación universal a la santidad, reiterando que "la santidad es un don que hay que acoger con alegría y compromiso. De hecho, precisó, el camino hacia la santidad se ofrece a todos (...) no se trata solo de un compromiso ético, sino de la esencia misma de la vida cristiana.
No es un privilegio para unos pocos
Todos los creyentes, por tanto, explicó, están llamados a la santidad y a su núcleo más profundo y constitutivo: la caridad. No es algo reservado a unas élites, sino a todo el pueblo de Dios:
“La santidad, según la constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad, es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”.
Listos para confesar a Cristo, hasta la sangre
El Pontífice precisó, a la luz del documento conciliar, cuán importante es el martirio, culmen de la santidad. Un horizonte que no es ajeno a nuestros días, ni mucho menos, como se recuerda: “Todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta la sangre, como siempre ha sucedido y sigue sucediendo hoy. Esta disposición al testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan huellas de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose con la justicia”.
No solo compromiso ético, sino esencia de la vida cristiana
Todos los sacramentos, en particular la Eucaristía, contribuyen a la plena conformación a Cristo, “modelo y medida de la santidad”. Acertada la cita de San Carlos Acutis, que el Papa hizo al saludar a los peregrinos de lengua portuguesa:
“Ante el sol uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía uno se vuelve santo!”. La santidad, añadió León, es una misión cotidiana que hay que llevar a cabo con una conversión continua.
El Papa también destacó la dimensión de la santidad que va más allá de la mera adhesión a unas orientaciones morales, ya que la santidad, se podría decir, constituye el ADN del ser cristiano:
“La santidad no tiene solo una naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético, por grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria”.
Pobreza, obediencia, castidad: no son cadenas, sino dones liberadores
León XIV citó a san Pablo VI cuando afirmó que todos los bautizados deben “ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles”. Agregó que la vida consagrada tiene un “papel decisivo”. Al respecto recomendó considerar la pobreza, la castidad y la obediencia no como prisiones: “Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios”.
Explicó el sentido de cada una de estas virtudes: la pobreza libera “del cálculo y del interés propio»; la obediencia libera “de la desconfianza y del dominio”; la castidad “es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia”.
El sufrimiento como camino de santidad
A pocos días de conmemorar Pascua de la Resurrección del Señor, el obispo de Roma invitó a contemplar de nuevo el sacrificio del Crucificado, a través del cual “¡todos somos redimidos y santificados!”.
Y aseguró: “No hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece así en cada prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor”.
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