El Vaticano busca cerrar el vacío legal que deja indefensas a las religiosas abusadas

Las mujeres consagradas que han sufrido abusos se enfrentan a un vacío legal importante: el Derecho Canónico y las comisiones especializadas se centran principalmente en menores y adultos con discapacidad, dejándolas fuera de su ámbito de protección.
En la práctica, esto significa que si la víctima es adulta y con formación se asume que puede defenderse o que hubo consentimiento. Sin embargo, desde el Vaticano empiezan a verse algunos signos de cambio.
“No puede ser solamente una etiqueta de adulto vulnerable”, afirma Claudia Giampietro, canonista italiana que trabaja en la Pontificia Comisión para la Protección de Menores (PCPM).
“Tenemos que entender que hay situaciones de asimetrías, de poder, circunstancias, donde hay abuso y entonces son esas situaciones de vulnerabilidad en las que tenemos que profundizar”, explicó en declaraciones a EWTN Noticias.
Una de las funciones de este organismo vaticano es colaborar con los distintos dicasterios de la Curia Romana, las conferencias y uniones de religiosos y religiosas, y los institutos de vida consagrada.
Esta cercanía les permite conocer de primera mano una realidad compleja: “Hay muchísimas circunstancias y personas que pueden (afectar también) a religiosas, mayores de edad, no sólo las jóvenes, y entonces es necesario entender los contextos donde trabajan, donde desarrollan su ministerio dentro de las comunidades y también fuera”.
La situación en América Latina
El Vaticano contribuyó a romper el tabú sobre los abusos contra las religiosas al dedicar en enero de 2020 un amplio reportaje en Donne, Chiesa, Mondo, el suplemento mensual femenino de L’Osservatore Romano, a cuestiones como los abusos de poder, los abusos sexuales y las dificultades que enfrentan muchas monjas dentro y fuera de la vida consagrada.
En los años posteriores, se han multiplicado los estudios destinados a dimensionar un fenómeno tradicionalmente oculto. Entre ellos destaca la investigación publicada en 2022 en el libro Vulnerabilidad, abusos y cuidado en la vida religiosa femenina, editado por la Hna. María Rosaura González Casas, entonces coordinadora de la comisión para el cuidado y la protección de menores y personas vulnerables de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR).
Basado en una encuesta respondida por 1.417 religiosas de 23 países iberoamericanos, el estudio reveló que el 19,8 % afirma haber sufrido abusos sexuales y que más de la mitad asegura haber experimentado algún tipo de abuso de poder por parte de superioras, sacerdotes, formadores u obispos. Asimismo, el 14,3 % de las encuestadas indicó haber sido acosada por un sacerdote, el 9,7 % por laicos y el 8 % por otras religiosas, datos que ponen de manifiesto la amplitud y complejidad de una problemática que durante décadas permaneció en gran medida silenciada.
González Casas, decana de Psicología de la Pontificia Universidad Gregoriana, explica que desde que se publicó el estudio hace cuatro años en la región “ha crecido una mayor conciencia en todos los niveles de lo que son los abusos”.
“Las hermanas son más conscientes y los obispos y sacerdotes también están más despiertos. Cuando hicimos la encuesta muchas religiosas no quisieron responder aunque era anónima. Se percibía un miedo para decir las cosas. Ahora hay una mayor conciencia, aunque faltan todavía unos códigos de conducta claros. En la sociedad sigue existiendo un machismo inconsciente y asimilado que ha permeado en la vida religiosa y sacerdotal”, explica en declaraciones a EWTN.
Una conferencia en Roma sobre prevención de abusos
Con el objetivo de abrir un espacio de diálogo sobre cómo mejorar la prevención de los abusos contra las religiosas, la PCPM organizará el II Encuentro Anual sobre la Prevención de los Abusos, dedicado a la Vida Consagrada. Se celebrará en Roma los días 9, 10 y 11 de diciembre de 2026 en torno al tema Comunión, cuidado y justicia: relaciones mutuas para una misión compartida.
No se trata de una conferencia académica sino de un laboratorio de trabajo o, como lo llaman en inglés, un learning lab sinodal, orientado a resultados concretos. Durante tres días, obispos, institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, conferencias y uniones de superiores mayores, representantes de los dicasterios de la Curia Romana y expertos en la prevención de abusos trabajarán juntos en mesas redondas, sesiones canónicas y grupos de trabajo.
“La Comisión Pontificia para la Protección de Menores ya ha asumido esta cuestión y, con su implicación, las superioras y las religiosas la tomarán más en serio”, señala la Hna. Jacinta Ondeng, de la congregación School Sisters of Notre Dame, en Kenia, invitada a participar en este foro.
“La salvaguarda debe ser una parte esencial de la vida comunitaria”, enfatiza la religiosa, directora de la Safeguarding Initiative for Catholic Sisters, un proyecto con sede en la Universidad Tangaza, en Nairobi, desde el que se ofrece formación en prevención de abusos en diversos países africanos.
Muchas situaciones se encubren por falta de supervisión
La Hna. Ondeng insiste en la necesidad de un seguimiento efectivo de los casos. “Es importante que las oficinas competentes del Vaticano supervisen estas situaciones porque muchas veces los casos procedentes de África y quizá de otras partes del mundo se encubren precisamente por falta de supervisión. Si los organismos competentes de la Santa Sede intervienen y evalúan los casos cuando las congregaciones no los resuelven, eso ayudará”.
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