El Papa León XIV recibió este viernes 15 de mayo en audiencia a los participantes de la Segunda Conferencia Interparlamentaria sobre la Lucha contra las Drogas y el Crimen Organizado. El evento fue promovido por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), una agrupación de 57 Estados de Europa, América del Norte y Asia Central.
En su discurso, el Papa resaltó que la presencia de los participantes en la conferencia pone de relieve la importancia de combatir «el flagelo de las drogas ilícitas» y las redes criminales que ponen en peligro «el futuro mismo de nuestras sociedades».
La Santa Sede sigue firmemente convencida de que el Estado de derecho, la prevención del delito y la justicia penal deben trabajar juntos y en unidad, acotó, añadiendo que estos elementos son esenciales para el desarrollo humano integral.
«Ninguna sociedad verdaderamente justa puede perdurar si la ley -y no la voluntad arbitraria de los individuos- no permanece soberana», aseveró, «mientras que ninguna persona o grupo, independientemente de su poder o condición, puede jamás reclamar el derecho de violar la dignidad y los derechos de los demás o de sus comunidades».
Las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y la sociedad en general, añadió, deben trabajar para prevenir las actividades criminales respetando al mismo tiempo los derechos humanos universales.
El Papa León XIV recordó además que la verdadera justicia no puede limitarse únicamente al castigo, ya que la justicia requiere perseverancia y misericordia para reintegrar a los delincuentes en la sociedad.
«El mismo respeto por la dignidad inherente de toda persona, incluidos quienes han cometido delitos, excluye el uso de la pena de muerte, la tortura y toda forma de castigo cruel o degradante», aseguró.
El Obispo de Roma pidió programas integrales de ayuda para las personas que caen en la adicción, ofreciendo tratamiento médico, apoyo psicológico y rehabilitación.
Adoptando un enfoque multidisciplinario que evite tanto las medidas puramente represivas como las soluciones permisivas, añadió, los antiguos adictos pueden aprender a redescubrir la dignidad que Dios les ha dado.
La educación es la clave de la prevención, dijo el Santo Padre, subrayando que ayuda a los niños a reconocer los efectos devastadores de las drogas.
«Cuando las redes sociales difunden tan a menudo desinformación peligrosa que trivializa estos riesgos», sostuvo, «la educación debe comenzar en la familia y fortalecerse en la escuela, transmitiendo un conocimiento científico preciso sobre los efectos devastadores de los narcóticos en el cerebro, el cuerpo, la conducta personal y el bien común de la comunidad».
Prevenir y combatir el crimen organizado, afirmó, es un aspecto esencial para construir sociedades seguras, justas y estables.
El Sucesor de Pedro elogió el trabajo de los agentes de las fuerzas del orden y de los jueces, recordando a quienes han sacrificado sus vidas o han sufrido heridas en el cumplimiento de su deber.
Para concluir, Prevost enfatizó el compromiso de la Iglesia católica y de sus numerosas instituciones repartidas por el mundo para ayudar, en colaboración con la sociedad civil, a quienes sufren las consecuencias de la adicción.
«Juntos, con un espíritu de respeto mutuo y responsabilidad compartida», afirmó, «podemos promover políticas que verdaderamente sirvan al bien común y a la dignidad inalienable de todo ser humano».
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