El Papa a los universitarios: sean artesanos de paz, el rearme enriquece a las élites

Signo de una nueva alianza educativa entre la Iglesia de Roma y la prestigiosa universidad que precisamente nació en el seno de la Iglesia hace siete siglos. Este es el sentido de la visita que el Obispo de la ciudad, el Papa León, realiza hoy, jueves 14 de mayo, a la comunidad educativa de La Sapienza y a sus estudiantes. Una alianza que ya se consolidó el pasado mes de febrero con la firma -muy apreciada por el Papa- del acuerdo entre la Diócesis y La Sapienza para la apertura de un corredor humanitario universitario desde la Franja de Gaza.
En su discurso pronunciado en el Aula Magna, el Pontífice ofrece una amplia reflexión en la que confluyen las preocupaciones por un rearme de los Estados revestido de estrategias de “defensa”; la exhortación a emplear inteligencia y audacia en la búsqueda de la justicia, la paz y el cuidado de la Tierra, eligiendo siempre el camino de un uso ético de las tecnologías; y la invitación a escuchar y a no alimentar el malestar de muchos jóvenes mediante interpretaciones distorsionadas de lo que significa ser maestros.
Sí a la vida
En una fragua de conocimiento como es el mundo universitario, que informa y forma cerebros y conciencias, el Papa siente aún más la urgencia de reafirmar su “no” a la guerra y a la espiral mortífera de la que esta se alimenta.
Cuidado por la complejidad y sabio ejercicio de la memoria
Consciente de que a las nuevas generaciones se les está entregando “un mundo tristemente deformado por las guerras y por las palabras de guerra”, León interpela a los adultos y subraya que se trata de una “contaminación de la razón que, desde el plano geopolítico, invade toda relación social”.
De ahí procede la invitación a no ceder a reduccionismos fáciles de la historia, a volver a tomar en las manos la Carta Constitucional y a redescubrir los valores sobre los que se fundan las democracias y la libertad de los pueblos y de las personas.
Sobre el rearme llamado “defensa”
Frente al aumento del gasto militar, especialmente en Europa, el Pontífice vuelve a advertir que este es un camino demasiado peligroso y, sobre todo, invita a depurar el lenguaje de las mistificaciones:
“Vigilar el desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil -es otra de las indicaciones de León XIV- para que no desresponsabilicen las decisiones humanas ni empeoren la tragedia de los conflictos”.
Una advertencia especialmente crucial en una época de aceleraciones sin precedentes en sectores de investigación que necesitan orientarse hacia destinos vitales, no mortíferos ni suicidas.
«¡Somos un deseo, no un algoritmo!»
En este horizonte de atención al bien común y a la paz, se inserta la inyección de valentía que el Papa ofrece a los jóvenes, mostrando comprender bien las razones del malestar de muchos de ellos. Un malestar que debe verse, reconocerse y acogerse, no estigmatizarse, sino ayudarse a superar. Para que las “terribles injusticias” del mundo no lleguen a inhibir talentos y energías ni a quebrantar las esperanzas.
Pero nadie puede robar el futuro a los muchachos y muchachas, recuerda el Papa. Y al decir esto, probablemente habrá pensado en su propio pasado de estudiante y de profesor; ciertamente pensó -como el propio León admite- en las inquietudes del joven Agustín, que cometió “graves errores”, pero de quien “nada se perdió de su pasión por la belleza y la sabiduría”.
Lo importante es mantener bajo control la ansiedad por tener que agradar, que a menudo está en la raíz de los malestares y dificultades de esta edad:
Cultivar y custodiar la justicia
Transformar la inquietud en profecía: este es hoy el mandato del Sucesor de Pedro, a quien le preocupa que la Casa común goce de buena salud. A más de diez años de Laudato si’, reconoce que el “paradigma posesivo y consumista” ha sofocado buenas intenciones y buenas prácticas inspiradas por la encíclica de Francisco. Pero ha llegado el momento de relanzar el compromiso, pasando de la hermenéutica a la acción:
Enseñar es caridad, acogida y decir la verdad
El saber no sirve solo para alcanzar objetivos laborales, sino para discernir quién se es. Esta es la reflexión dirigida especialmente al cuerpo docente con la que León XIV concluye su discurso. Existe una responsabilidad en la profesión de profesor que no puede reducirse a un pragmatismo meramente basado en nociones. Recuperar este fundamento es esencial, y León lo expresa con palabras cristalinas:
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