Que la Virgen María reine en Colombia y en nuestro corazón

La Catedral Primada de Colombia adornada con rosas blancas en el altar, el miércoles 13 de mayo a partir de las 11:00 de la mañana, recibió a más de 600 personas provenientes de diferentes parroquias arquidiocesanas, diócesis, comunidades religiosas y grupos marianos, para unirse al cuarto Rosario Nacional por la paz y la reconciliación de Colombia.
Con el Santísimo expuesto en la custodia representativa del Cristo de Bojayá y la imagen peregrina de la Virgen de Fátima, que entró en procesión a la Catedral Primada, los esposos Iván Karaman y Ximena Lian, líderes del movimiento mariano Mater Fátima, dieron la bienvenida y la apertura a esta jornada de oración.
Durante el rezo del santo Rosario, se contempló al Señor presente en el Santísimo Sacramento. Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez, párroco de la Catedral Primada, dirigió de rodillas cada misterio en compañía de laicos y presbíteros. Las decenas de los misterios gloriosos fueron ofrecidas por Colombia y sus gobernantes, la Iglesia católica, las personas que padecen hambre, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la población privada de la libertad. Estos últimos entregaron como ofrenda, a los pies de la imagen de la Virgen María, cartas y camándulas tejidas con sus propias manos.
Celebración de la Sagrada Eucaristía
Al finalizar el rezo del rosario, se hizo la reserva del Santísimo Sacramento y luego se trasladó al Sagrario de la capilla de Nuestra Señora del Topo. Acto seguido, se dio inicio a la celebración de la Sagrada Eucaristía. La Schola Cantorum de la Catedral de Bogotá, interpretada por las voces de los niños, acompañó la liturgia.
La eucaristía fue presidida por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y concelebrada por el obispo emérito de la Diócesis de Ocaña monseñor Jorge Enrique Lozano Zafra, presbíteros de comunidades religiosas como los franciscanos, los dominicos, la Unión del Apostolado Católico, el exarcado maronita y la arquidiócesis de Bogotá.
Un llamado a confiar, perseverar y no perder la esperanza
En su homilía, monseñor Múnera invitó a contemplar el corazón de María en tres escenarios donde es evidente su servicio para la gloria de su Hijo Jesucristo. A través del evangelio (Juan 2, 1-11, las bodas de Caná de Galilea), en primer lugar, la Virgen María nos ayuda a contemplar su corazón capaz de ver las necesidades de los demás, capaz de intervenir ante su Hijo en favor de los otros y de indicarnos un camino seguro cuando señala: “Hagan lo que Él les diga”.
En segundo lugar, gracias a esta invitación de María, hoy podemos hacer lo que Jesús nos diga y ser dóciles a la transformación para el bien de todo lo que somos, con nuestras potencialidades y fragilidades como país, tal como ocurrió en Caná de Galilea. En tercer lugar, en el Cenáculo (Hch 1, 14-16), con su presencia maternal, María nos enseña a perseverar unidos en la oración, abiertos a la acción del Espíritu Santo. Ella nos ayuda a todos los creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, a superar los lenguajes del miedo, del odio y de la desconfianza en nuestras instituciones. Su presencia maternal nos abre a la esperanza.
Monseñor Múnera resaltó, además, los tres compromisos que nos deja el mensaje de Fátima. Primero, orar, que nos permite suscitar el sentido de abandono confiando en Dios, nuestro Padre, ante la tentación de querer construir vidas sin contar con Él. Segundo, reparar, que nos permite aumentar en nosotros la conciencia de la cultura de la solidaridad y del encuentro para enfrentar la indolencia y la indiferencia. Y finalmente, la consagración al Corazón Inmaculado de María, que nos ayuda a unificar la vida cristiana.
El corazón de María nos une más íntimamente al corazón de Cristo, que transforma, unifica y sana nuestro corazón herido. Su Corazón Inmaculado, un corazón sin mancha, nos une estrechamente al corazón de su Hijo para que podamos transformar el mundo y nuestras relaciones personales y sociales. [
Y concluyó suplicando: “Danos un corazón como el tuyo, como el de María, porque el corazón de María nos conduce a aquel que es manso y humilde de corazón: Cristo, nuestra paz”.
Antes de finalizar la sagrada eucaristía fue renovada la consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María a través de oración a la Santísima Virgen. Aquí oraciones completas de la consagración:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desoigas las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos siempre de todo mal y peligro: ¡Oh Virgen gloriosa y bendita!”
¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia! Dios te ha elegido para que su Hijo Jesucristo, Señor de la Vida y de la Paz, habite en medio de nosotros irradiando la luz de la verdad y el amor.
¡Oh Madre de gracia!, Tú conoces nuestra historia: nuestras heridas, nuestras lágrimas, nuestras esperanzas, nuestras luchas entre luces y sombras, y las veces que hemos preferido ignorar a Dios en la construcción de nuestra nación, confiados sólo en nuestras capacidades humanas e hiriendo con el pecado el corazón de Dios, nuestro Padre, que nos quiere hijos y hermanos.
¡Oh Madre amable!, Tú conoces el amor que los colombianos te expresamos a través de las distintas manifestaciones de veneración mariana que nos llenan de alegría y esperanza en el cumplimiento de la promesa que hiciste en Fátima: “Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará”.
¡Oh Madre de la ternura! hoy recordamos las palabras de tu Hijo Jesús cuando te dijo, mientras estabas al pie de la cruz, junto al discípulo amado: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a todos a tu cuidado maternal. Después, fuiste confiada a nuestro cuidado filial cuando, dirigiéndose al discípulo y, en él, a todos nosotros expresó: “Ahí tienes a tu madre” (v. 27).
¡Oh María, Reina y Señora de todo lo creado! Hoy, una vez más, te consagramos a todos los colombianos que vivimos dentro y fuera del territorio nacional; tuyos queremos ser para siempre. Nos consagramos a tu Inmaculado Corazón para que el vínculo entre Dios y nosotros, celebrado en el santo bautismo, permanezca vivo por siempre y caminemos por los senderos de la libertad, la justicia, el amor, el perdón, la reconciliación y la paz.
¡Oh Madre de las Misericordias! Te pedimos que defiendas y cultives este Jardín de Dios llamado Colombia. Florezcan la paz que es don del Espíritu Santo y obra artesanal de nuestra convivencia fraternal; la justicia y la equidad que nos sienta a la mesa como hermanos para disfrutar de los panes que Dios multiplica para todos. Bendice, Madre querida, nuestras ciudades con sus industrias, nuestras montañas con sus cultivos, nuestros ríos y mares con la vida que llevan dentro.
¡Oh María, omnipotencia suplicante! unida a tu santísimo Esposo y poderoso intercesor, San José, intercede por nosotros. En estos difíciles tiempos de Colombia lleva hasta el trono de Dios la plegaria que Cristo puso en nuestros labios: “Padre Nuestro, líbranos del mal. Amén”. 13 de mayo de 2026.
A continuación Homilía a cargo de monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
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