El Papa León XIV afirma que la acogida de “opiniones diversas” es clave para mantener la comunión eclesial

El Papa afirmó que la capacidad de “acoger opiniones diversas” es una de las claves fundamentales para preservar la comunión dentro de la Iglesia, en el marco de una audiencia celebrada este jueves con responsables internacionales de movimientos eclesiales laicos.
El encuentro, promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, reunió en el Vaticano a líderes de asociaciones y nuevas comunidades para reflexionar sobre el gobierno de las realidades eclesiales.
Tras agradecer el servicio de estas realidades eclesiales, caracterizadas porque las gestionan laicos, destacó la riqueza que representan sus miembros —con numerosos evangelizadores, jóvenes y vocaciones— y su presencia en diversos ámbitos de la sociedad, desde la cultura hasta el mundo laboral.
La comunión, eje del gobierno en la Iglesia
Durante su intervención, el Papa subrayó que la comunión constituye un elemento central en la vida eclesial y en el ejercicio de la autoridad.
“Quien gobierna está llamado a tener una sensibilidad particular para salvaguardar, hacer crecer y fortalecer la comunión. Esto vale tanto para la vida interna de la asociación o movimiento como para la comunión con otras realidades eclesiales y con la Iglesia en su conjunto”, aseveró.
Y añadió: “Quien ejerce una misión de gobierno en la Iglesia debe aprender a escuchar y acoger opiniones diversas, orientaciones culturales y espirituales distintas, temperamentos personales diferentes, buscando siempre conservar —especialmente en las decisiones necesarias y a menudo difíciles— el bien superior de la comunión”.
Este enfoque, explicó, exige además un testimonio “de mansedumbre, desapego y amor desinteresado por los hermanos y por la comunidad” por parte de las personas que ejercen la autoridad y toman decisiones
Gobierno al servicio del bien espiritual
El Papa dejó claro que el gobierno en la Iglesia “no nace de la simple necesidad de coordinar las necesidades religiosas de sus miembros”.
Por el contrario, recordó que la Iglesia ha sido instituida por Cristo como signo permanente de salvación y como el lugar donde todos los hombres “pueden recibir los frutos de la Redención y experimentar la vida nueva que Cristo nos ha donado”.
En este marco, destacó la naturaleza sacramental de la Iglesia: “Tiene ciertamente una dimensión exterior e institucional, con sus estructuras, y al mismo tiempo es signo eficaz de la comunión a través de la cual participamos en la vida misma de la Trinidad”.
Por ello, el gobierno eclesial, insistió, “nunca es solamente técnico”, sino que posee una “orientación salvífica, es decir, debe tender al bien espiritual de los fieles”, en coherencia con su misión evangelizadora.
Un don del Espíritu Santo
El Pontífice explicó también que el gobierno es un carisma, un don del Espíritu Santo reconocido por la comunidad, del que se derivan al menos tres consecuencias fundamentales.
En primer lugar, debe estar orientado al bien común: “El gobierno, por tanto, nunca puede ser utilizado para intereses personales ni para formas mundanas de prestigio o poder”.
En segundo lugar, no puede imponerse: “Nunca puede imponerse desde arriba, sino que debe ser un don reconocible en la comunidad y libremente acogido; de ahí la importancia de elecciones libres para hacerlo efectivo”.
Y, en tercer lugar, está sujeto al discernimiento de los pastores, quienes velan por la autenticidad de los carismas. A estas claves, el Papa sumó rasgos imprescindibles en el ejercicio de la autoridad: la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el discernimiento comunitario.
Identidad, apertura y fidelidad al carisma
Dirigiéndose a los líderes presentes, el Papa recordó que las asociaciones y movimientos poseen una identidad propia, fruto de su historia y de sus carismas fundacionales. Sin embargo, subrayó que el gobierno implica también una dimensión “profética”, llamada a interpretar los signos de los tiempos.
“La pertenencia, en efecto, es auténtica y fecunda cuando no se limita a la participación en actividades internas del grupo, sino que interpreta los signos de los tiempos y se proyecta hacia el exterior, dirigiéndose a todos, a la cultura del tiempo y a los campos de misión aún no explorados”, destacó. Esta apertura, añadió, no contradice la fidelidad, sino que la profundiza.
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