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Tomar la cruz y seguir a Jesús

28 de junio de 2026
bjh

Tomar la cruz y seguir a Jesús

Este texto evangélico es la parte final del llamado ‘discurso misionero o apostólico’. Un texto que nos invita a escuchar a Jesús con mucha atención.

Pero, déjenme empezar haciendo una pregunta: ¿Hay acaso entre nosotros cristianos que se imaginan o quieren un cristianismo sin cruz, una religión que no sea muy exigente, y buscan al Dios que más les conviene y les diga sí a todo lo que quieren y esperan? 

Pues bien, seamos claros. El cristianismo no es la religión del bienestar, de salud corporal, no es una vacuna contra el dolor de espalda, ni contra la diabetes. 

El Evangelio no es un diccionario de frases bonitas. Es la inspiración, es la guía segura para conocer a Jesús, el Hijo de Dios, y vivir con Él una relación personal y comunitaria; es vivir en Él, vivir como Él vivió en Galilea hecho hombre. 

 

Este texto evangélico es la parte final del llamado ‘discurso misionero o apostólico’. Un texto que nos invita a escuchar a Jesús con mucha atención.

Pero, déjenme empezar haciendo una pregunta: ¿Hay acaso entre nosotros cristianos que se imaginan o quieren un cristianismo sin cruz, una religión que no sea muy exigente, y buscan al Dios que más les conviene y les diga sí a todo lo que quieren y esperan? 

Pues bien, seamos claros. El cristianismo no es la religión del bienestar, de salud corporal, no es una vacuna contra el dolor de espalda, ni contra la diabetes. 

El Evangelio no es un diccionario de frases bonitas. Es la inspiración, es la guía segura para conocer a Jesús, el Hijo de Dios, y vivir con Él una relación personal y comunitaria; es vivir en Él, vivir como Él vivió en Galilea hecho hombre. 

La Iglesia de Jesucristo tampoco es una agencia de seguros contra todo mal. No asegura privilegios, favores ni dignidades personales. Es la comunidad de los hijos de Dios que viven como hermanos, que se aman y se sirven unos a otros. En esto está la identidad cristiana. Es el amor, y solo el amor, el que hace que la vida como Iglesia sea en verdad lo que Jesús quiere.

Pero Jesús no lo ocultó a sus discípulos y no nos lo oculta a nosotros. A ellos se los dijo, no una sino muchas veces. Yo soy signo de contradicción, y causa de discordia y división. Como seguidores míos seréis rechazados, perseguidos, condenados a muerte; caminaréis entre lobos’. Así ha sido. Y hoy estudiosos de la historia de la Iglesia concluyen que realmente el martirio pertenece verdaderamente al corazón del cristianismo; el número de mártires crece en todo el mundo.

Seguir a Jesús comporta desprendimiento, renuncias, conflictos aún como miembros de una familia.  Todo porque Jesús es exigente. No es posible seguirlo sino cargando con la cruz. Él nos invita a seguir su ejemplo. Jesús hace gozar y hace sufrir, consuela e inquieta, apoya y contradice, y nos manda amar a nuestros enemigos. Solo así es camino, verdad y vida. Lo leemos en el sermón del Monte, narrado en san Mateo.

Jesús nos habla así: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por Mí la encontrará” (Mt. 16).  

Este texto de san Mateo que proclamaos hoy domingo nos hace pensar en la necesidad de escuchar con más atención las palabras de Jesús; de ser valientes, no tener miedo en la predicación del Evangelio; de dar testimonio de vida. También en la celebración eucarística y en la defensa de nuestra fe; en tomar la cruz y seguir a Jesús; en una palabra, en construir la civilización del amor. Así es el cristianismo.

Jesús lo dijo varias veces: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21).  “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan” (Lc.11,28).

*Padre Carlos Marín G.

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