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Seamos pequeños, seamos sencillos

5 de julio de 2026
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Hoy domingo vamos a escuchar y meditar con mucha atención repetidas llamadas que Jesús hizo a sus discípulos y que a nosotros nos pueden ayudar a vencer el desaliento, la rutina, la falta de alegría en la celebración de nuestra fe católica. El evangelio de san Mateo nos las cuenta en una misma página. 

Nos ayudarán porque, hoy más que nunca, los cristianos necesitamos vivir mostrando en cada momento y circunstancia una profunda confianza en Dios Padre y una inmensa alegría en el seguimiento de Jesús. Necesitamos mostrar que no somos custodios de intereses particulares, sino discípulos, testigos del amor de Dios y fermento de fraternidad. 

Jesús revela que ha sido beneplácito del Padre ocultar a los sabios e inteligentes, y revelar a los pequeños, “esas cosas”, los misterios del Reino, el conocimiento del amor de Dios. Ellos han conocido la revelación de Jesús y la han acogido. 

Bien podemos entonces decir que Jesús revela a su Padre como Dios de los pequeños, como un Dios que sabe amar a esos que no tienen cultura, ni capacidad dialéctica, ni títulos académicos, a los que andan como ovejas sin pastor; a los pobres, a los pecadores, a los descartados, a los enfermos del país. Esos, los pequeños, los sencillos, los humildes, los pobres, son los que se abren a la novedad del Reino que trae Jesús y que descubren la verdad de sus palabras; esos son a los que el Dios bueno ama, esos son la mayor riqueza del Reino de Dios y de la Iglesia.

¿Cómo es su relación con el Padre?  El Padre conoce al Hijo y el Hijo conoce verdaderamente al Padre y es el único que puede revelarlo a través de sus palabras y hechos. Es la revelación que el Padre ha manifestado a “los pequeños”, a “los sencillos”. 

Finalmente, Jesús nos llama a acercarnos a Él: “venid a Mí los que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré”, olvidaos de los maestros de la ley y de su yugo pesado, acoged la Buena Nueva, la alegría de la salvación. Nos llama a que tengamos un contacto más vital con Él; a que sigamos sus pasos, no por obligación y menos por miedo, sino porque Él libera lo mejor que hay en cada uno de nosotros y nos enseña a vivir con la confianza puesta en Dios Padre. Jesús no enreda, no complica la vida humana, la hace más simple y humilde.

Es, hermanos, en pocas palabras, la alegría del Evangelio, son los misterios del Reino, la alegría del amor de Dios

Es Jesús, manso y humilde de corazón, a quien estamos llamados a seguir como discípulos suyos y a vivir como Él. Las ideas convencen, las personas arrastran. Si ustedes ya saben que Dios Padre, el que Jesús nos ha dado a conocer, es bueno, que ama a los pequeños, a todos ustedes, sin excluir a ninguno, no me hagan más preguntas acerca de Dios, ya se los dije todo.

¿Recuerdan las palabras de la Virgen María en respuesta al saludo de Isabel? “Engrandece mi alma al Señor, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” (Lc 1). Es que Dios manifiesta su predilección por los sencillos, por los humildes, es lo que nos lo enseña el Evangelio.

Hermanos: Oigamos a Jesús, saboreemos cada afirmación suya. Acerquémonos a Él con humildad, es decir, como discípulos, pequeños, sencillos, humildes.  

*Padre Carlos Marín G.

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