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Formación

#397DFF

Las manos de Jesús recrean al ser humano

5 de septiembre de 2021
Jesus

El episodio que leemos en el evangelio de la misa de este domingo es, dentro del relato de Marcos, la conclusión de un periplo de Jesús por territorio extranjero. Jesús ha llevado el Evangelio del Reino más allá de los límites de Israel y personas que no han vivido la fe de Israel comienzan a beneficiarse de la salvación que trae el Mesías. La acción salvadora de Jesús se manifiesta a través de acciones cargadas de hondo sentido humano: tocar, acariciar; y su efecto se expresa con los verbos abrir y desatar.

Cuando en los evangelios se relatan milagros, generalmente la narración responde a un esquema que presenta en primer lugar la situación del enfermo a la que sigue la petición de curación, enseguida el taumaturgo actúa, se constata la curación y se cierra el relato con las expresiones de admiración de los testigos. El episodio del evangelio de este domingo se ajusta a este esquema, al inicio se describe la situación de una persona sorda que, porque no oye, habla con dificultad. La ciencia actual nos ha explicado que quien no oye, no puede percibir lo que él mismo habla y de ahí la dificultad para articular las voces.

En un lugar del extranjero presentan a Jesús un enfermo con tal cuadro y le piden que imponga sus manos sobre él. Quizá quienes formulan tal petición se acercan desde una concepción un tanto ‘mágica’ del actuar de Jesús, como la mujer que pensaba que con solo tocar la ropa del Maestro quedaría libre de su enfermedad.

La respuesta de Jesús va más allá de imponer las manos. La acogida de Jesús al sordo rebosa la petición inicial. Como llevándonos hacia la contemplación de un encuentro personal, Jesús aparta al sordo de la multitud y en este escenario de cercanía individual realiza unas acciones simbólicas para ir alorigen del mal: con los dedos le ‘agujerea las orejas’ y con la saliva le ‘remoja la lengua’.

Aquí  no se trata del obrar de una energía o de un poder mágico. La actitud de Jesús es la que se suele mencionar en el contexto del orante: Él eleva sus ojos al cielo, y suspira como evocando el soplo de Dios sobre Adán en el relato de la creación. Estos gestos de Jesús se complementan con una palabra, mejor, con una orden: «¡Ábrete!»

El resultado, como señalamos arriba, se expresa con los verbos ‘abrir’ y ‘desatar’, que nos llevan a pensar en la situación de liberación. La frase ‘abrir los oídos del sordo’ la hemos escuchado en la primera lectura de la misa de este domingo en el contexto de la descripción del tiempo del retorno del exilio, la situación producida por el nuevo éxodo lleva a que en el nuevo pueblo el mal no hace mella: «los ciegos recobrarán la vista, los oídos del sordo se abrirán, los cojos tendrán agilidad de venados». 

Por su parte el verbo desatar nos hace suponer que la lengua del sordo estaba atada, ahora Jesús la ha liberado y quien antes tenía impedimento para comunicarse, al mostrarse hablando sin dificultad testimonia ante los demás la obra de Jesús.

Hemos de centrar la atención en la reacción de la multitud, en primer lugar estas personas se vuelven evangelizadoras. El texto griego al referir que pregonaban el suceso lo hace con el verbo ‘kerysso’, de la familia del sustantivo ‘kerygma’, conocido entre nosotros para referirnos al inicio del anuncio del Evangelio. No perdamos de vista que se trata de paganos –personas no judías– que ahora son evangelizadoras.

En segundo lugar, la expresión «Todo lo ha hecho bien» la podemos recibir como la conclusión no solo de este episodio sino también del periplo de Jesús por el extranjero. ‘Todo lo ha hecho bien’ es la frase que resuena como estribillo en el relato de la creación y más en concreto luego de la creación del ser humano: «Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien» (Génesis 1, 31). De modo que el actuar de Jesús entre los paganos se presenta como una nueva creación.

Podemos concluir que a través de los gestos que Jesús realiza con sus manos –gestos como acercar, tocar, abrir, remojar, desatar– se manifiesta la nueva creación y los hombres vamos entrando en la situación de liberación del mal que Dios quiere para la humanidad. La misericordia de Dios se manifiesta en Jesús que llega hasta la raíz del mal para liberar al hombre e introducirlo en la nueva creación.

 

Fuente:
Padre Tadeo Albarracín
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