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Hay muchos hermanos que tienen que “salir a comprar”

2 de agosto de 2026
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“Jesús se retiró de allí en una barca a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, Jesús vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos” (así narra la escena la Biblia de Jerusalén).

Como el lugar es despoblado y la hora avanzada, los discípulos fueron a decirle que despidiera a la multitud para que todos fueran a comprar algo de comer. La respuesta de Jesús sorprendió a todos: “dadles vosotros de comer”. Y como los discípulos tenían a la mano solo 5 panes y 2 peces, Jesús hizo la primera multiplicación de los panes y peces.

“Ir a comprar”, y “dadles vosotros de comer”. Entre las dos hay una gran diferencia. No se trata de que cada uno resuelva sus problemas como pueda. ¡No!, Jesús les replica: no dejéis a los hambrientos abandonados a su suerte, la solución está en compartir; el pan debe ser compartido.

Esta experiencia vivida por los discípulos y por el grupo de gentes que acompañaban Jesús ayudó a los primeros cristianos a descubrir un profundo mensaje sobre la persona de Jesús y su vida, sobre la Iglesia y una prefiguración de la Eucaristía. Compartir los bienes es un signo distintivo de la llegada del Reino de Dios. Lo que Jesús viene a ofrecer es el Banquete del Reino.

Esa muchedumbre que acompañaba constantemente a Jesús descubría en su persona y en su Palabra algo que no encontraba en otros maestros: su compasión por los enfermos y por la gente que no tenía que comer.

A ese “ir a comprar” Jesús contrapone el “dar generoso y gratuito”. Jesús toma los panes y los peces y alza la vista al cielo, pronuncia la bendición. Un relato evangélico revelador, aleccionador. Jesús hace llegar la necesidad del Pan que ha bajado del cielo y da la vida eterna, es decir, la carne y sangre de Cristo en el misterio eucarístico (Juan 6).

Es que el egoísmo humano no puede ser el dueño de todos los bienes, del dinero, del pan, del vestido. Jesús nos interroga cada día. Y cuando celebramos la Eucaristía Jesús nos sigue preguntando lo mismo: ¿Sabemos dar de comer? ‘

La nuestra, la de los últimos 60 años, o quizás toda nuestra vida republicana, es una historia de sangre y de muerte. Aún hoy nuestra sociedad vive llena de odios, de conductas criminales, de violación flagrante de los Derechos Humanos. Pensamos y actuamos como si ser humano fuera simplemente una construcción social.

¡Qué gran tarea pastoral y espiritual conocer e imitar a Jesús!, que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres… (Filipenses 2, 6-7).

*P. Carlos Marin G.

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