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Dejaos guiar por el Espíritu

10 de mayo de 2026
ewe

Palabras de Jesús con manifiesto sabor a despedida. Palabras que tocan y seducen el corazón de los Apóstoles: «No os dejaré huérfanos» les dice a ellos, y en ellos a nosotros. Jesús les revela, anuncia, promete una nueva forma de presencia suya en la comunidad cristiana y en cada uno de nosotros. Seremos morada de Dios. Nuestra relación con Él será de Padre e hijo. «Sabréis que Yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta revelación lo cambia todo.

Es la originalidad, es la novedad, es la belleza del cristianismo. No sigamos hablando de un Dios lejano a sus creaturas, a sus hijos. Y mucho menos de cristianos desamparados, con cara de huérfanos; y menos de gente fracasada. No estamos solos en el mundo. Jesús nos ha revelado, ante todo y sobre todo, la grandeza de nuestra condición de hijos de Dios, apasionadamente amados por Él. Somos imagen viva, morada de Dios mismo, templo de la Trinidad beatísima. Jesús vino a proclamar que es Emanuel: «Dios con nosotros».

El amor alimenta esta experiencia: «Al que me ama Yo también lo amaré y me revelaré a él». Ahora bien, ama aquel que conoce y vive sus palabras, sus mandamientos; así, y solo así, podrá experimentar que Jesús vive y que le da vida. «Si me amáis, guardaréis mis Mandamientos».

Esa experiencia la describe y la llama san Juan: el Espíritu de la verdad que vive con nosotros, y está siempre en nosotros. Esto es lo que Jesús revela y ofrece. La fuente del Espíritu es Jesús. Él vino a darnos vida, su gloria está en que cada uno de nosotros viva si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo que está siempre con nosotros, abre nuestro corazón al encuentro personal con Jesús, nos recuerda la verdad de Jesús; activa en nosotros la memoria de Jesús, su presencia genera en nosotros una nueva manera de ser y de vivir, y hace a la Iglesia más viva y más fecunda.

Es el Paráclito, significa defensor, intercesor, protector, maestro, ayudante, abogado, animador e iluminador de la fe en Dios Padre y de

Su Hijo. Nos defiende de todo lo que nos puede hacer daño. Él nos da la luz, la fortaleza, el aliento que necesitamos para buscar la verdad de Dios, para para llegar a ser cristianos marcados por una experiencia viva de Jesús, para vivir unidos a Él, y para liberarnos de la mentira social, del egoísmo, de la injusticia, de toda forma de violencia, verbal o armada.

Los cristianos necesitamos pasar de una adhesión puramente verbal, rutinaria y ocasional a Jesús, a una experiencia viva animada e impulsada por el Espíritu Santo: es la búsqueda gozosa de la verdad de Dios bajo el impulso del Espíritu.

Ser cristiano es dejarse guiar por el Espíritu para poder descubrir y vivir la novedad de la Buena Noticia, de la vida nueva, la novedad del amor, que es Jesús, y vivirla en todo tiempo y lugar.

Es vivir con Dios y para Dios. Somos morada de Dios. Él está con nosotros. Es la grandeza, es la belleza, es la originalidad del Cristianismo. Conózcanosla, vivámosla, celebrémosla, defendámosla sin miedo, con convicción y alegría, guiados siempre por el Espíritu.

*Padre Carlos Marín G.

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